El escudo (Eº) en la década de los año 1960 Población San Joaquín

lunes, 21 de febrero de 2011

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La primera moneda comenzó a circular en nuestro país en 1749, cuya característica era de oro y tenía acuñada la figura del rey de España Fernando VI, siendo enviada desde España, ya que Chile aún no comenzaba la acuñación de monedas. Este hecho refleja la dependencia económica y administrativa que el territorio mantenía con la Corona española durante el período colonial, donde incluso los sistemas de intercambio y comercio estaban sujetos a disposiciones externas.

Recién en el año 1743, bajo la gestión de Francisco García Huidobro, se construyó la primera Casa de Moneda en Chile, siendo administrada por él como tesorero perpetuo, obteniendo una gran fortuna. La creación de esta institución permitió ordenar el sistema monetario local, facilitar el comercio interno y reducir la necesidad de importar monedas desde el extranjero, consolidando así un paso importante en la organización económica del territorio.

En el año 1760 aparece la primera moneda de plata llamada medio real, que llevaba labrada en ambas caras una imagen de un pilar enrollado a una cinta; con el transcurso del tiempo se le agrega sobre esta una analogía en forma de S que representó a la cinta. Posteriormente se le agregan dos rayitas II, lo que sería denominado peso, símbolo que se mantiene hasta los días de hoy. Esta evolución simbólica refleja la transformación gradual del sistema monetario y su adaptación a nuevas realidades políticas y comerciales.

En cambio, el billete en Chile va a aparecer a mediados del siglo XIX a raíz del comerciante español Antonio Arcos y Arjona, quien trató de implementar una nueva forma de pago a través de un sistema monetario privado en el cual sería el emisor de billetes. Este nuevo mecanismo no dio resultado, producto de la desconfianza de la población, siendo rechazado por el pueblo y los comerciantes de la época. La falta de regulación estatal y de respaldo institucional dificultó la aceptación de esta innovación financiera.

En 1865 el gobierno de Chile, por decreto ley, otorgó a los bancos privados emitir sus propios billetes, y la nueva reforma permitió que nacieran numerosos grupos bancarios que exportaban los billetes desde la casa Waterlow & Sons en Inglaterra. Esta etapa marcó el inicio de una mayor modernización financiera, aunque también generó cierta inestabilidad debido a la diversidad de emisiones y respaldos monetarios.

En 1898 los billetes chilenos ya estaban impresos con la marca “Emisión Fiscal” y la frase “República de Chile”, lo que evidenció un proceso de centralización y control estatal sobre la circulación del dinero, fortaleciendo la confianza pública en el sistema monetario nacional.

En la década de los años 1960, bajo el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez y ante la grave crisis económica por la alta inflación de aquellos años, va a aparecer una nueva reforma monetaria que dará origen al Escudo, equivalente a 1.000 pesos. Esta medida buscó estabilizar la economía, ordenar los precios y enfrentar los desequilibrios financieros que afectaban al país.

Un hito importante se produce en el gobierno de la Unidad Popular: Salvador Allende nacionaliza el cobre con aprobación unánime del Congreso Nacional el 11 de julio de 1971, y en homenaje a los trabajadores mineros va a aparecer en circulación un nuevo billete de quinientos escudos, cuya impresión era la cara de un minero y, en la parte inferior, la frase: “1971 AÑO DE LA NACIONALIZACIÓN DEL COBRE, SALITRE Y HIERRO”. Sin embargo, al reverso había un dibujo de la mina a tajo abierto de Chuquicamata, aludiendo a la siguiente frase de Balmaceda: “NO DEBEMOS CONSENTIR QUE ESTA VASTA Y RICA REGIÓN SEA CONVERTIDA EN UNA SIMPLE FACTORÍA EXTRANJERA”. Este billete simbolizó la soberanía económica y el valor del trabajo minero en la identidad nacional.

La segunda variación se produce el 29 de septiembre de 1975, retornando el peso como moneda nacional, política económica aplicada por el gobierno militar. Este cambio buscó nuevamente estabilizar la economía frente a los procesos inflacionarios y reordenar el sistema financiero del país, marcando una nueva etapa en la historia monetaria chilena.

 

 

 

“Toda la información y fotografías  queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”


Fotografia: billete original 

Macarena Vinnett



Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín
Realizado por Radio Primero de Mayo.






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La Feria en la Población San Joaquín

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Las ferias libres desde su antigüedad han sido una instancia de desarrollo económico, social y cultural. Es así que en la Edad Media fueron por excelencia espacios públicos en los cuales se concentraba el comercio, junto a expresiones festivas de juglares y artistas populares que daban vida a estos encuentros comunitarios. En dichos lugares no solo se realizaban intercambios de productos, sino también de saberes, tradiciones y costumbres, convirtiéndose en verdaderos centros de reunión social.

En Chile, los antecedentes que nos hablan sobre las ferias libres se remontan al siglo XVIII, cuando la población urbana solo ascendía a un 15% en las ciudades. Hasta allí llegaban pequeños comerciantes agrícolas que vendían sus productos, dando respuesta a las necesidades básicas de los primeros habitantes de la colonia. Estas ferias permitían el abastecimiento cotidiano de alimentos frescos y contribuían a la economía local, fortaleciendo el vínculo entre el campo y la ciudad.

Dichos espacios se ubicaban en terrenos fuera de la ciudad, conociéndose como Cañadas, puntos de distribución e intercambio de mercaderías frutícolas y otros productos provenientes del trabajo rural. Con el tiempo, estas prácticas comerciales fueron consolidándose y adquiriendo mayor organización, transformándose en una tradición que perdura hasta la actualidad.

En el año 1789, el cabildo de La Serena autorizó la primera feria en la plaza de armas de dicha ciudad, funcionando los primeros sábados de cada mes. En ese lugar se realizaban intercambios y ventas de hortalizas, legumbres, carnes faenadas o vivas. Otras especies que se solían vender eran vajillas de greda, tejidos, cáñamo de algodón, entre diversos artículos de uso doméstico. Esta autorización marcó un hito en la formalización del comercio popular en el territorio chileno.

Con el paso de los siglos, las ferias libres se transformaron en un elemento fundamental de la vida barrial, constituyendo espacios de encuentro vecinal, intercambio cultural y solidaridad comunitaria. En ellas no solo se adquieren alimentos, sino que también se comparten conversaciones, noticias y tradiciones que fortalecen el tejido social de las poblaciones.

En la población San Joaquín, la primera feria fue instalada en la década de 1965 bajo la administración del alcalde Mario Palestro y estuvo ubicada en la calle Belén de nuestra población. A este lugar llegaban los comerciantes con sus carretas y caballos, abasteciéndose directamente de lo que hoy es la Feria de Lo Valledor, principal centro mayorista de productos agrícolas de la región.

Posteriormente, en diciembre de 1976, la feria se ubicó por un corto tiempo en la calle Subercaseaux y finalmente se trasladó a Marinero Caro (actualmente Dos de Abril), a raíz de las constantes quejas de los vecinos que aludían al mal mantenimiento del espacio público. Además, las carretas dificultaban el paso para vehículos de emergencia y cortejos fúnebres, ya que se encontraba muy cerca la Parroquia San Mateo. Sumado a ello, la presencia de la tenencia de Carabineros hacía que el sector fuese considerado un recinto de carácter militar, lo que influyó en su relocalización.

Curiosamente, con el transcurso de los años se volvió a instalar en la calle Belén un nuevo mercado: la feria navideña, que se mantuvo hasta el año 1998, transformándose en un espacio tradicional de encuentro para las familias de la población durante las celebraciones de fin de año.

Otro hecho que se repetía por las calles de la población era la venta de verduras en forma ambulante. Es así que el señor Hugo Castro, más conocido como “quiere-quiere”, solía recorrer con su carreta y su pequeña hija las calles de la población San Joaquín, vociferando: “caserita quiere verduras, quiere papas, quiere cebollas y quiere tomates”. Esta actividad la llevó a cabo hasta el año 2007, cuando contaba con 80 años de vida. Actualmente su estado de salud no lo acompaña, pero él añora recorrer nuevamente las calles de la población San Joaquín, manteniendo viva la memoria de un oficio que formó parte del paisaje cotidiano del barrio.

De esta manera, las ferias libres no solo representan un espacio de comercio, sino también un patrimonio social y cultural profundamente arraigado en la historia de las comunidades, donde la identidad popular, la economía solidaria y la vida cotidiana se entrelazan en un mismo territorio.

“Toda la información y fotografías  queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”



Feria 2 de Abril 
Don Hugo Castro Pérez, 
él vendedor más longevo de nuestra población 88 años de edad
Fallecido en el año 2015



Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín
Realizado por Radio Primero de Mayo
Fuente: Hugo Castro
 Macarena Vinnett


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La Fiesta de la Primavera en la Población San Joaquín

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La fiesta de la primavera fue un evento netamente estudiantil universitario, cuyo origen se remonta a 1915 en la Universidad de Chile, con la finalidad de despedir el invierno y dar la bienvenida a la nueva estación. Con el paso de los años, esta celebración se transformó en una expresión cultural más amplia, integrando a distintos sectores de la sociedad y convirtiéndose en un espacio de encuentro comunitario, alegría colectiva y participación juvenil.

Los estudiantes convocaban a la ciudadanía a realizar diversas actividades para celebrar la llegada de la primavera a través de fiestas juveniles, donde las competencias formaban parte esencial de la festividad. Estas consistían en la ornamentación de carros alegóricos, candidaturas a reinas, competencias deportivas y múltiples actividades sociales y recreativas que fortalecían los lazos entre estudiantes y vecinos.

En la década de 1960, la población San Joaquín no estuvo ajena a este acontecimiento. Fue la Junta Central de Vecinos la encargada de convocar este evento social, en el cual participaban activamente la agrupación de Centros de Madres, la liga deportiva, la Escuela Mixta Nº 30 y diversos comités conformados por pobladores. La organización comunitaria permitía que cada agrupación asumiera responsabilidades específicas, demostrando un fuerte sentido de colaboración y pertenencia territorial.

El 29 de septiembre de 1967 se citó a una reunión en la Escuela Nº 30 a todos estos organismos con el fin de elaborar el programa de la fiesta de la primavera de ese año. La agrupación de Centros de Madres tenía a su cargo la inscripción de las candidatas a reina, además de postular a sus propias representantes. Paralelamente, los centros desarrollaban actividades de carácter solidario y comercial, como ventas de comidas típicas, fiestas bailables, recolección de diarios y botellas, así como la venta de votos para apoyar a sus candidatas.

Esta actividad no estuvo exenta de polémicas, ya que en una reunión pública los Centros de Madres denunciaron que en la escuela se estaba obligando a los niños a vender talonarios de votos, situación que según afirmaban aseguraba anticipadamente el resultado del reinado. Este episodio refleja las tensiones propias de la organización social de la época, pero también evidencia el alto nivel de participación que generaba la festividad.

Cabe resaltar que la fiesta de la primavera era ampliamente difundida en la población mediante la confección de volantes que anunciaban la velada de coronación, realizada el 18 de octubre de 1967 en la Escuela Nº 30, hoy Liceo Bacaukausse. El premio entregado a la reina consistía en corona, banda y un reloj suizo donado por el alcalde de la comuna; sin embargo, como anécdota recordada por los vecinos, dicho reloj nunca llegó a manos de la ganadora.

Junto a la fiesta de la primavera, otros eventos de carácter social también se desarrollaban en la población San Joaquín, destacando especialmente las celebraciones de Fiestas Patrias. Esta fecha constituía uno de los momentos más significativos del calendario comunitario, ya que la junta de vecinos convocaba a toda la población a participar activamente en la conmemoración nacional.

Como primera actividad se instaba a pintar el frontis de las casas y posteriormente se exigía colocar la bandera nacional; de lo contrario, podía realizarse una denuncia ante Carabineros. La junta de vecinos otorgaba además los permisos para la instalación de ramadas o fondas, mientras que los vecinos que habitaban en departamentos organizaban celebraciones en los espacios comunes o en los frontis de los edificios.

Durante estas jornadas se realizaban distintos juegos tradicionales, como competencias de trompos, campeonatos de volantines, carreras en sacos y disputas de rayuela, entre otros. A los niños se les obsequiaba una bolsita de dulces en envases de papel kraft, acompañada de una pequeña bandera chilena también de papel, gesto sencillo pero profundamente significativo en la memoria colectiva.

En aquellos años, la festividad implicaba una preparación especial en lo gastronómico: empanadas, asados, bebidas tradicionales como el cola de mono y la clásica chicha de Curacaví eran infaltables en los hogares. La vestimenta también adquiría gran relevancia, pues zapatos, vestidos y trajes nuevos formaban parte de la celebración, especialmente para los niños, quienes el día 18 en la mañana solían salir a la calle con sus prendas recién estrenadas y la estricta recomendación de no ensuciarlas.

Durante la noche era el turno de los adultos. Los hombres lucían ternos negros con delgadas corbatas del mismo color, mientras que las mujeres vestían elegantes atuendos acordes a la época. Muchas familias acudían a bailar cueca a las fondas del Parque Cousiño —instaladas desde 1936 y hoy Parque O’Higgins o a las fondas de la Quinta Normal, que se mantuvieron como espacios masivos de celebración hasta la década de 1980.

En la comuna, entonces denominada San Miguel, también se instalaban fondas en el sector donde hoy se ubica el estadio municipal de avenida La Marina, constituyéndose en un importante punto de encuentro vecinal. Otro acontecimiento tradicional de estas fechas era asistir en familia a observar la Parada Militar en el Parque O’Higgins, para lo cual grupos de vecinos se organizaban y caminaban juntos desde la población San Joaquín hasta el recinto, reforzando así los vínculos comunitarios y la vivencia colectiva de la identidad nacional.

De este modo, tanto la fiesta de la primavera como las celebraciones de Fiestas Patrias formaron parte esencial de la vida social y cultural de la población San Joaquín, configurando espacios de encuentro, participación y memoria que aún perduran en el recuerdo de sus habitantes. Estas celebraciones no solo representaban momentos de alegría, sino también expresiones de organización comunitaria, solidaridad y construcción de identidad barrial, elementos fundamentales en la historia de la población.

 “Toda la información y fotografías  queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

 

 





Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con  Historia de la Población San Joaquín
Realizado por Radio Primero de Mayo

Fuente: Lucia Sarmiento
Fotos: Archivos personales
Fotos: Registro Escuela 30
Macarena Vinnett




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Los Telefónos en la Población San Joaquín

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Los primeros teléfonos que llegaron a Chile se instalaron en Valparaíso en 1879, él comerciante norteamericano Joseph Dottin, obtuvo la licencia en EEUU para colocar una incipiente central telefónica en el sector de avenida Cochrane, a raíz de su gran auge comercial por ser zona portuaria. Ese mismo año él presidente Anibal Pinto, solicita la concesión a Thomas Edison para la explotación e implementación del teléfono en Chile. Este adelanto tecnológico comenzó lentamente a transformar las formas de comunicación en el país, permitiendo acortar distancias y facilitar las actividades comerciales, administrativas y familiares, aunque su acceso continuó siendo limitado durante varias décadas.

En la década de los años 1960, tener un teléfono era casi un privilegio por el alto costo y además a esto se sumaba que los sectores poblacionales estaban retirados del centro de la ciudad, por tanto no habían tendidos de cables telefónicos en la periferia. Las familias debían trasladarse largas distancias para poder comunicarse, recurriendo muchas veces a negocios establecidos, oficinas públicas o casas particulares que contaban con el servicio. Esta situación evidenciaba las desigualdades existentes entre los sectores céntricos y las poblaciones en expansión.

En la población San Joaquín en el año 1966, ya se había gestionado por líneas telefónicas, es así que él Sr. Andreotti fue una de las primeras personas en contar con dicho aparato, cuyo objetivo debía ser de uso público para toda la comunidad. Este gesto solidario permitió que vecinos pudieran comunicarse ante emergencias, avisos familiares o trámites urgentes, transformando el teléfono en un punto de encuentro y cooperación barrial.

En la década de los años 70 fueron entregadas por la CTC varias líneas telefónicas, es así que en mayo de 1973 estos aparatos fueron ubicados en distintos puntos de la población. Uno se ubicó en el centro comunitario que tenía doble finalidad: prestar el servicio a los pobladores y que el 50% del cobro fuera entregado al cuidador, ya que éste no percibía sueldo alguno por mantener y cuidar la sede social. Otro aparato fue entregado a la garita de la libre Nº 20; muchos vecinos reclamaron en contra de la mala administración del teléfono, ya que no siempre era cedido para llamadas locales. También se le hizo entrega de una línea a la Escuela 82 (construida en madera y ubicada en 1 oriente) debido a la imperiosa necesidad, en caso de emergencia. Otro organismo beneficiado fue la tenencia de carabineros, siendo este último financiado por la Junta de Vecinos. Además, se instalaron otros teléfonos en casas de particulares cuya finalidad era mantenerlo en el antejardín y prestarlo para su uso público; uno de ellos se localizó en la calle Central con 8 Sur, siendo su encargado él Sr. Juan Merino, quien lo devuelve en 1974 producto de que al momento de pagar la cuenta no se reunía el dinero por las llamadas de larga distancia que se solían hacer en forma inescrupulosa.

Otro artefacto fue instalado en una de las casas ubicadas en Tartinni con Belén; este fue retirado por su inutilización, ya que los encargados aludieron que eran muchas las molestias que ocasionaba a los vecinos prestar este servicio, debido al constante tránsito de personas y a los horarios extendidos en que se solicitaban llamadas. En cambio, otros pobladores nunca se rigieron por lo convenido y sólo le dieron uso en forma particular, situación que generó tensiones dentro de la comunidad respecto al carácter público de estas líneas. Cabe resaltar que hasta el año 1973 habían sido repartidas 13 líneas telefónicas de uso público al interior de la población San Joaquín, constituyendo un avance significativo en materia de comunicación para el sector.

Con el paso de los años, conseguir una línea telefónica fue más fácil, pero seguía teniendo un costo económico bastante alto; sin embargo, la diferencia era que las líneas telefónicas en aquellos años eran propiedad del portador, por tanto el dueño de la línea podía vender en forma particular su teléfono. Esta condición transformó al teléfono en un bien de valor, muchas veces traspasado entre familias como parte de su patrimonio. Posteriormente, con la modernización de las telecomunicaciones y la expansión de la red urbana, el acceso comenzó a masificarse gradualmente, preparando el camino para los cambios tecnológicos que vendrían en las décadas siguientes, como la telefonía digital y más tarde la telefonía móvil, que modificarían profundamente la vida cotidiana de los habitantes.

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Principio del formulario

 


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Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín 
Realizado por Radio Primero de  Mayo

Fuente: Archivos JJVV 
Investigación DIBAM
Documentación
Foto WEB
Macarena Vinnett


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La Iglesia Católica en la Población San Joaquín

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Párroco Toño Yansa
Comedor Infantil Parroquia San Mateo década de los años 1970
  





La población comenzó a urbanizarse lentamente. Es así que en el año 1963 irrumpe el primer sacerdote que ofició las primeras misas en la población, siendo conocido como el padre Egidio Catalán, quien no escatimó esfuerzos y llegó incluso a realizar, un día domingo, la Eucaristía sobre la tarima de un camión abandonado. Esta realidad se mantuvo por bastante tiempo; posteriormente se levantó una especie de carpa en la calle Subercaseaux, cerca de donde actualmente se encuentra la parroquia San Mateo, espacio que permitió congregar a los primeros fieles y fortalecer la vida comunitaria en el naciente barrio.

En el año 1965, el mismo sacerdote, junto con la ayuda de los feligreses de la comunidad, trabajó arduamente para levantar una capilla de madera que, además de su función religiosa, sirvió como lugar de encuentro para las nacientes organizaciones sociales de la población. Allí comenzaron a desarrollarse reuniones vecinales, catequesis, actividades solidarias y espacios de formación comunitaria que marcaron profundamente la identidad social del sector.

En 1968 llega el párroco Gustavo Quiroz, quien realiza un importante aporte al vincular activamente la parroquia con la Junta de Vecinos, participando en sus reuniones y gestionando diversas iniciativas en beneficio de los pobladores, especialmente en materias de organización social, apoyo a familias vulnerables y mejoramiento de las condiciones de vida del entorno.

Durante la década de los años 70 arribaron a la población los sacerdotes José Orellana y el padre Santos García, quienes se identificaban con la corriente de los cristianos por el socialismo y manifestaban abiertamente los principios de la Teología de la Liberación. Bajo su impulso se levantaron dos organizaciones fundamentales: la ayuda fraternal para personas cesantes y un comedor infantil destinado a niñas y niños del sector. Estas iniciativas contaron con la colaboración directa de dirigentes y vecinos como Héctor Morales, Gina Salazar y “Chino” Montoya. Asimismo, la parroquia abrió sus puertas a expresiones culturales populares, acogiendo presentaciones de grupos como Uyuni y Mestizo Andino, fortaleciendo la identidad cultural y comunitaria de la población.

A contar del año 1975, estos sacerdotes, profundamente cercanos a la vida cotidiana de la comunidad, impulsaron la llamada campaña del ladrillo, cuyo objetivo era reunir materiales y recursos para construir una parroquia de material sólido que respondiera a las crecientes necesidades espirituales y sociales del territorio. La participación de los vecinos fue clave, organizándose colectas, trabajos voluntarios y actividades solidarias que evidenciaron el fuerte sentido de unidad existente en la población.

Cabe resaltar el importante rol que tuvo la Iglesia durante la dictadura militar. En este período se conformaron comités de base de derechos humanos que acogieron a jóvenes y pobladores frente a las sistemáticas violaciones a sus derechos fundamentales. Desde la parroquia se brindó acompañamiento espiritual, apoyo solidario y espacios de protección comunitaria. Estos mismos jóvenes organizaron diversas campañas de financiamiento —como peñas folclóricas y actividades culturales— con el propósito de reunir fondos para concluir la edificación de dependencias parroquiales y sostener el trabajo social desarrollado en aquellos años difíciles.

La presencia de las Misioneras Hermanas de la Compañía de la Caridad de San Vicente de Paul en la población San Joaquín

En octubre de 1953 llegan a Chile las hermanas Sor María y Sor Isabel la Vega, procedentes de México, donde habían vivido junto a los sectores más desposeídos desarrollando un carisma profundamente social. Sor María orientó su labor principalmente al área de la salud, mientras que Sor Isabel se dedicó al ámbito educativo.

Al llegar a Chile se instalaron cerca de las riberas del Zanjón de la Aguada, desempeñándose en la Escuela Pío XII como profesoras de religión, matemáticas y castellano. Con el paso de los años, Sor María fue nombrada directora del establecimiento, consolidando un proyecto educativo centrado en la dignidad, la solidaridad y el acompañamiento a las familias más vulnerables.

Movidas por su incansable vocación de servicio, las hermanas decidieron fundar un hogar destinado a niñas abandonadas o cuyos grupos familiares no contaban con las condiciones económicas para su crianza. Gracias a múltiples gestiones realizadas por Sor María del Carmen ante la Corporación de la Vivienda (CORVI), se obtuvo la entrega de dos casas en la población San Joaquín, ubicadas en Subercaseaux N.º 3581 y N.º 3591. De esta manera, el 31 de agosto de 1965 nace el primer hogar de la Fundación Regazo en la población San Joaquín, espacio que se transformó en un referente de acogida, protección y formación integral para numerosas niñas del sector.

Con el transcurso de los años, la labor de la congregación se amplió hacia el acompañamiento de familias, la promoción de talleres formativos, el apoyo escolar y la asistencia social, fortaleciendo el tejido comunitario de la población. Su presencia dejó una huella profunda en la memoria colectiva, siendo recordadas por generaciones de vecinos como un ejemplo de compromiso, ternura y servicio hacia los más necesitados.


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Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín
Realizado por Radio Primero de Mayo




Fuente: Chino Montoya
Fotos: Chino Montoya - Margarita Becerra
Fotos: Imágenes de la WEB
Macarena Vinnett

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Los Títulos de Dominio en la Población San Joaquín

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El conservador de Bienes Raíces de San Miguel 
comenzó su  funcionamiento el 16 de septiembre de  1955



Formato de escritura 1970


En la década de 1950 y hasta los años 1960, la forma de adquirir una vivienda se realizaba principalmente mediante la compra de sitios a largo plazo, a través de loteos de terrenos vendidos a particulares o, en muchos casos, recurriendo a la toma de terrenos pertenecientes al Estado, de propiedad privada o sin un dueño conocido. Esta realidad reflejaba el profundo déficit habitacional que vivía el país y la urgencia de miles de familias trabajadoras por acceder a un espacio propio donde establecerse.

No obstante, también existía la posibilidad de acceder a viviendas económicas construidas por el Estado para sectores con cierta capacidad de ahorro, como ocurrió con la población San Joaquín, que surgió al alero de las nuevas políticas habitacionales impulsadas por la CORVI durante el período desarrollista.

En la década de 1950 se realizó un estudio que arrojó que numerosos pobladores no poseían títulos de dominio sobre los terrenos que habitaban. A esta situación se le denominó “loteos brujos”, práctica que dio origen a grandes estafas, provocando que muchas familias perdieran los ahorros reunidos durante años de trabajo.

La ausencia de título de dominio también implicaba la falta de facultades legales para acogerse a los beneficios contemplados por la legislación de viviendas económicas del Estado, tales como la instalación de alumbrado público, pavimentación de calles, construcción de veredas, ubicación de grifos y otras obras básicas de urbanización indispensables para la vida comunitaria.

Sin embargo, en la población San Joaquín los títulos de dominio fueron finalmente entregados a los pobladores el domingo 13 de octubre de 1968, en un acto público que contó con la presencia del alcalde Tito Palestro, parlamentarios, representantes de la CORHABIT, dirigentes sociales entre ellos Adrián Vega, Jorge Recabarren, Francisco Quezada, Miguel Valenzuela, Berta Rimberg, Guillermo Muñoz y Rolando Trujill además de numerosos vecinos y vecinas.

Cabe destacar la gestión del entonces exministro de Vivienda, Juan Hamilton, quien permitió que los títulos de dominio fueran otorgados de manera gratuita. Por su parte, la Junta Central de Vecinos acordó en asamblea un aporte simbólico de Eº 10 escudos para cubrir gastos administrativos. Para cerrar la jornada, los Centros de Madres organizaron un cokctel destinado a las autoridades y pobladores presentes, reflejando el carácter comunitario de la celebración.

A raíz de la obtención de los títulos de dominio, el 18 de julio de 1966 se emitió el Oficio N.º 13.961 mediante el cual la CORVI comunicó la venta de los sitios eriazos colindantes con las viviendas de la calle 1 Oriente y la línea férrea. En esa misma fecha comenzó la ampliación de los terrenos del cuarto sector, iniciándose gestiones con el director de Obras de la Municipalidad de San Miguel, Carlos Villanueva, quien entregó las solicitudes para acogerse a los beneficios de la Ley N.º 16.742 sobre ampliaciones de viviendas.

Los planos de estas ampliaciones fueron realizados solidariamente por los vecinos René y Luis Soto, pertenecientes al cuarto sector, quienes ofrecieron su trabajo por la suma simbólica de Eº 20 escudos, ejemplo del espíritu de colaboración existente en la comunidad.

Entre los beneficios obtenidos posteriormente destacaron la instalación de luminarias públicas y la pavimentación de calles y veredas. Sin embargo, en los primeros meses los pobladores debieron enfrentar la falta de electricidad domiciliaria. Aunque los postes estaban instalados, no existía conexión directa a las viviendas, por lo que muchas familias debían obtener energía desde tableros comunitarios o “colgarse” del tendido eléctrico proveniente de las calles La Feria y Tartini.

Situación similar ocurría con el agua potable: las conexiones estaban incorporadas, pero la red aún no se encontraba habilitada. Muchos vecinos recurrieron entonces a los edificios cercanos, donde se habían instalado copas de agua que permitían el abastecimiento comunitario. Estas estructuras permanecieron en funcionamiento hasta el terremoto de 1985, cuando el movimiento sísmico provocó su caída definitiva.

En julio de 1966 comenzaron las gestiones de la Junta Central de Vecinos para dotar a la población de alumbrado a gas de mercurio. En enero de 1968 se entregaron los primeros depósitos a la Municipalidad de San Miguel: el comité de la calle Bucalemu reunió Eº 1.135 escudos y el comité Pro-Adelanto Miguel Campo aportó Eº 1.000 escudos.
El jefe de presupuesto comunal, Renato San Martín, ingresó estos fondos a la tesorería municipal y entregó el presupuesto final para la adquisición de doce focos de iluminación. El proceso fue lento, pues Chilectra exigía la cancelación total del sistema antes de su instalación. Ante la demora, los vecinos decidieron suspender los pagos hasta concretar el empalme del alumbrado, logrando finalmente que la iluminación se instalara progresivamente por sectores.

La población San Joaquín inició su construcción el 26 de enero de 1959, quedando a cargo del arquitecto Diego Donoso el 10 de febrero del mismo año. En el primer sector se levantaron 84 viviendas bajo las nuevas políticas habitacionales de la CORVI, destinadas a familias con capacidad de ahorro y pago de dividendos a 30 años.
No obstante, parte de las viviendas pertenecieron al Servicio de Seguro Social y otras fueron asignadas a la Dirección de Bienestar de Carabineros de Chile, especialmente en la calle Juan Ortiz (del Nº 3801 al 3891). Asimismo, algunos tramos de 1 Oriente y 2 Oriente fueron entregados en comodato al Ejército de Chile, siendo posteriormente adquiridos por familias vinculadas a las Fuerzas Armadas.

Actualmente, las únicas edificaciones que permanecen bajo la Dirección de Bienestar de Carabineros corresponden a los departamentos ubicados en la calle Belén, frente a la Tenencia Carlos Valdovinos.

Otras propiedades obtenidas en comodato fueron la sede de la Junta de Vecinos en 4 Poniente, la ex casa de las Monjitas  Misioneras de María de la compañia de la Caridad de San Vicente de Paul en Subercaseaux Nº 3581-3591 (vendida a un particular)  la ex casa de la Sociedad de Damas Pío XII en 1 Oriente Nº 2250 y la casa de las Hermanitas de la Caridad en 1 Oriente Nº 3635, todas instituciones que cumplieron un importante rol social y asistencial en los primeros años de la población.

Respecto del origen del nombre “San Joaquín”, existen diversas teorías. Una señala que corresponde a un homenaje al parlamentario conservador Joaquín Echeñique Gandarillas; otra lo vincula a Joaquín Echenique Letelier, propietario de importantes terrenos del sector a comienzos del siglo XX; y una tercera lo asocia a la antigua Avenida San Joaquín, posteriormente denominada Avenida Carlos Valdovinos en honor al exalcalde de San Miguel durante los años 1950 y 1956.

En conjunto, la historia de la población San Joaquín refleja el esfuerzo organizado de sus habitantes por acceder a vivienda digna, servicios básicos y reconocimiento legal, constituyendo un ejemplo del proceso de urbanización popular que marcó gran parte del desarrollo social chileno en la segunda mitad del siglo XX.

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Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín 
realizado por Radio Primero de Mayo


Fuente:
Documentación JJVV
Archivos Personales
Archivos Conservador Bienes Raíces
Miguel Plaza
Macarena Vinnett
 
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El comercio en la Población San Joaquín

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Locales ubicado en  7 sur  dónde estuvo ubicado el mítico 
local Cabeza de Peso
 Locales  comerciales dónde  se establecieron en la década de los años 60: la carnicería, verdulería 
y la primera farmacia de la población San Joaquín

Chinchineros que aún visitan la Población San Joaquín


Antiguo oficio que nuevamente está retornando a  la 
población San Joaquín 


El comercio establecido en la población San Joaquín comenzó a desarrollarse en la década de 1960 y formaba parte de la planificación urbana de la propia población. En distintos puntos estratégicos se ubicó una cadena de locales comerciales compuesta por cinco espacios que dieron origen a carnicería, almacén, botillería, pescadería, panadería y verdulería. Estos lugares, además de abastecer de productos básicos a las familias, se transformaron en verdaderos espacios de encuentro, conversación y organización entre los vecinos y vecinas, fortaleciendo la vida comunitaria que caracterizaba a la población en sus primeros años.

Uno de los primeros establecimientos comerciales fue el de la señora Exilda, ubicado en Valenzuela Llanos Nº 3142. En aquellos años aún permanecía la empalizada de madera que resguardaba el entorno, reflejo de una población que recién comenzaba a consolidarse. Este negocio funcionó hasta 1973, cuando la familia debió erradicarse por razones de seguridad, luego de que a sus hijas se les tildara de allendistas en un contexto político cada vez más tenso. Posteriormente surgiría un nuevo almacén en la intersección de Alfredo Lobos con Linch, considerado uno de los primeros focos de poblamiento en San Joaquín.

Hacia 1962 comenzaron a aparecer de forma gradual nuevos locales en la calle Quipo con Armando Lira. La CORVI otorgó un plazo de cinco años para la cancelación de estas propiedades. Allí funcionaron una verdulería atendida por su dueño, el señor Armando Tiembles Ávalos; la panadería del señor Fernández; la carnicería de don Julio César Ramírez; la botillería del señor Silva; y una botica administrada por un ciudadano argentino que con el tiempo emigró de la población.

La atención al consumidor en esos años era profundamente personalizada. Funcionaba el tradicional “fiado”, mediante el cual las familias podían acceder a alimentos con plazo para pagar. Las compras se anotaban en pequeñas libretas que se cancelaban a fin de mes, sin intereses ni contratos, basándose únicamente en la confianza y el conocimiento mutuo entre comerciantes y pobladores. Esta práctica reflejaba una economía solidaria, propia de comunidades donde la sobrevivencia colectiva era más importante que la ganancia individual.

Otra singularidad del comercio de la época era la venta de productos a granel. Se solicitaban cantidades como tres cuartos de azúcar, medio kilo de arroz, un cuarto de harina o un octavo de té en hoja. Los productos se envolvían manualmente en papel café, similar al kraft, pero más delgado. En el caso de líquidos, como el aceite, este se almacenaba en grandes tambores y se extraía mediante bombas transparentes que permitían medir con exactitud el “cuarto de aceite” solicitado por el cliente.

Uno de los locales que generó mayor polémica fue la primera botica de la población. La persona a cargo no poseía título de químico farmacéutico, por lo que en 1968 la Junta de Vecinos debió intervenir al considerar que la venta de medicamentos sin la debida preparación profesional ponía en riesgo la vida de los pobladores. Sin embargo, muchos vecinos se opusieron a su cierre, argumentando que aquel “farmacéutico” era más cercano y resolutivo que un médico, reflejando la compleja relación entre necesidad, confianza y precariedad en el acceso a la salud.

Con el paso de los años, varios de estos locales desaparecieron, dando paso a nuevas formas de comercio asociadas a la modernización. Actualmente, en ese sector se encuentra el supermercado ERBI, símbolo de los cambios económicos y sociales que transformaron la vida cotidiana de la población.

Uno de los locales más recordados fue el “Cabeza de Peso”, ubicado en 7 Sur con Valenzuela Llanos, propiedad de don Hernán Leiva. Allí se expendían bebidas alcohólicas y, en reiteradas ocasiones, su funcionamiento fue motivo de discusión dentro de la Junta de Vecinos, que lo calificaba como “antro del vicio”. No obstante, para muchos deportistas era un punto de encuentro, pues muy cerca funcionaban improvisadas canchas de tierra que reunían al mundo del fútbol barrial. Después de cada partido, era casi una tradición pasar por una pilsener o una malta bien helada, integrando deporte, sociabilidad y vida cotidiana. 

En torno a esta propiedad también surgieron diversos mitos populares. Tras la muerte de su dueño, algunos vecinos afirmaban escuchar ruidos extraños, ver luces encendidas sin moradores o constatar que ningún nuevo negocio lograba prosperar por más de dos meses. No resulta casual que varios de esos locales permanecieron cerrados décadas y que, pese a múltiples intentos de venta, no hayan encontrado compradores en esos años. Actualmente en esos locales existe una botillería, carnicería y un local de comida rapida.

Paralelamente, otros tipos de comercio se hicieron presentes en la población, como los semaneros, vendedores que recorrían las calles ofreciendo artículos para el hogar sábanas, planchas, tinas de lata o artezas de madera pagaderos en cuotas semanales. Este sistema también se basaba en la confianza, pues bastaba con entregar el nombre y la dirección de la dueña de casa para acceder al crédito.

Asimismo, se desarrolló el comercio callejero: vendedores de escobas hechas con ramitas de curahuilla, plumeros de plumas de ganso teñidas de colores. Personajes comjo Juanito y Medio, (recordado por su gran estatura) vendia el cloro por litros, Don Hugo Castro más concoido como el quierequiere, vendia frutas y verduras en su tipico carro. Estas figuras formaron parte del paisaje cotidiano y de la economía popular que sostenía a muchas familias.

La venta de carbón y parafina fue igualmente fundamental, debido a su bajo costo y utilidad doméstica. Destacó la carbonería de don Juan Sánchez, en Valenzuela Llanos con Quirihue, conocido como “El Cochino” por andar siempre tiznado de carbón, oficio que ejerció hasta el final de sus días.

También los chinchineros, acompañados de su organillo y muchas veces de un loro, llegaban periódicamente a la población, llenando las calles de música y nostalgia. Los vecinos solían agradecer su arte lanzando monedas desde los balcones, gesto que los músicos recogían levantando su sombrero, en una escena profundamente arraigada en la memoria popular.

Con el paso del tiempo, muchos de estos oficios y formas de comercio han ido desapareciendo. Sin embargo, todos ellos constituyen parte esencial de la identidad de la población San Joaquín y representan un valioso testimonio de organización comunitaria, economía solidaria y vida barrial que marcó el desarrollo histórico del territorio.

“Toda la información y fotografías  queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”



Extracto del libro y  radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín
Realizado por Radio Primero de Mayo.


Fuente: Julio César Ramiréz
Fuente: Hugo Castro
Fuente: Leopoldo Sarmiento
Fotos: imágenes de la WEB
Macarena Vinnett





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