Las ferias libres desde su antigüedad han sido una instancia de
desarrollo económico, social y cultural. Es así que en la Edad Media fueron por
excelencia espacios públicos en los cuales se concentraba el comercio, junto a
expresiones festivas de juglares y artistas populares que daban vida a estos
encuentros comunitarios. En dichos lugares no solo se realizaban intercambios
de productos, sino también de saberes, tradiciones y costumbres, convirtiéndose
en verdaderos centros de reunión social.
En Chile, los
antecedentes que nos hablan sobre las ferias libres se remontan al siglo XVIII,
cuando la población urbana solo ascendía a un 15% en las ciudades. Hasta allí
llegaban pequeños comerciantes agrícolas que vendían sus productos, dando
respuesta a las necesidades básicas de los primeros habitantes de la colonia.
Estas ferias permitían el abastecimiento cotidiano de alimentos frescos y
contribuían a la economía local, fortaleciendo el vínculo entre el campo y la
ciudad.
Dichos
espacios se ubicaban en terrenos fuera de la ciudad, conociéndose como Cañadas, puntos de distribución e intercambio de
mercaderías frutícolas y otros productos provenientes del trabajo rural. Con el
tiempo, estas prácticas comerciales fueron consolidándose y adquiriendo mayor
organización, transformándose en una tradición que perdura hasta la actualidad.
En el año
1789, el cabildo de La Serena autorizó la primera feria en la plaza de armas de
dicha ciudad, funcionando los primeros sábados de cada mes. En ese lugar se
realizaban intercambios y ventas de hortalizas, legumbres, carnes faenadas o
vivas. Otras especies que se solían vender eran vajillas de greda, tejidos,
cáñamo de algodón, entre diversos artículos de uso doméstico. Esta autorización
marcó un hito en la formalización del comercio popular en el territorio
chileno.
Con el paso
de los siglos, las ferias libres se transformaron en un elemento fundamental de
la vida barrial, constituyendo espacios de encuentro vecinal, intercambio
cultural y solidaridad comunitaria. En ellas no solo se adquieren alimentos,
sino que también se comparten conversaciones, noticias y tradiciones que
fortalecen el tejido social de las poblaciones.
En la
población San Joaquín, la primera feria fue instalada en la década de 1965 bajo
la administración del alcalde Mario Palestro y estuvo ubicada en la calle Belén
de nuestra población. A este lugar llegaban los comerciantes con sus carretas y
caballos, abasteciéndose directamente de lo que hoy es la Feria de Lo Valledor,
principal centro mayorista de productos agrícolas de la región.
Posteriormente,
en diciembre de 1976, la feria se ubicó por un corto tiempo en la calle
Subercaseaux y finalmente se trasladó a Marinero Caro (actualmente Dos de
Abril), a raíz de las constantes quejas de los vecinos que aludían al mal
mantenimiento del espacio público. Además, las carretas dificultaban el paso
para vehículos de emergencia y cortejos fúnebres, ya que se encontraba muy
cerca la Parroquia San Mateo. Sumado a ello, la presencia de la tenencia de
Carabineros hacía que el sector fuese considerado un recinto de carácter
militar, lo que influyó en su relocalización.
Curiosamente,
con el transcurso de los años se volvió a instalar en la calle Belén un nuevo
mercado: la feria navideña, que se mantuvo hasta el año 1998, transformándose
en un espacio tradicional de encuentro para las familias de la población
durante las celebraciones de fin de año.
Otro hecho
que se repetía por las calles de la población era la venta de verduras en forma
ambulante. Es así que el señor Hugo Castro, más conocido como “quiere-quiere”, solía recorrer con su carreta y
su pequeña hija las calles de la población San Joaquín, vociferando: “caserita quiere verduras, quiere papas, quiere cebollas y quiere
tomates”. Esta actividad la llevó a cabo hasta el año 2007, cuando
contaba con 80 años de vida. Actualmente su estado de salud no lo acompaña,
pero él añora recorrer nuevamente las calles de la población San Joaquín,
manteniendo viva la memoria de un oficio que formó parte del paisaje cotidiano
del barrio.
De esta
manera, las ferias libres no solo representan un espacio de comercio, sino
también un patrimonio social y cultural profundamente arraigado en la historia
de las comunidades, donde la identidad popular, la economía solidaria y la vida
cotidiana se entrelazan en un mismo territorio.
“Toda la información y fotografías queda a libre
disposición, siempre que se mencione su fuente.”
Feria 2 de Abril


