La Cultura en la Población San Joaquín 1980

domingo, 20 de noviembre de 2016

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En esta época, y tras el viciado plebiscito de 1980, en Chile comenzaron a evidenciarse cambios sustanciales en los ámbitos político, social y cultural. Estos procesos dieron origen a una nueva generación de jóvenes decididos a enfrentar la dictadura desde distintos frentes, ya fuera en el activismo territorial, en las universidades, en las poblaciones o a través del arte.

El denominado “apagón cultural”, que marcó los primeros años del régimen y que se caracterizó por la censura, la persecución y la represión contra artistas, intelectuales y movimientos culturales, comenzó paulatinamente a resquebrajarse. La prohibición de canciones, la quema de libros, el exilio de creadores y el control estricto de los espacios públicos no lograron silenciar del todo la expresión popular. Por el contrario, la cultura se transformó en un espacio de resistencia.

En esos años se realizaron las primeras peñas en Santiago, muchas de ellas organizadas en parroquias, sedes sociales y universidades, donde la música y la poesía se convirtieron en herramientas de denuncia y memoria. Apareció con fuerza el teatro callejero, que ocupó plazas y paseos peatonales para interpelar a la ciudadanía. En el Paseo Ahumada retomaron el canto los cantores populares, interpretando canciones prohibidas durante la dictadura y recuperando la tradición de la trova y la canción comprometida.

Asimismo, surgieron nuevos grupos musicales cuyas letras y melodías tenían un claro contenido político y social. Estas agrupaciones no solo cuestionaban el modelo impuesto por el régimen, sino que también daban voz a las problemáticas cotidianas: la cesantía, la represión, la pobreza y la falta de libertades. La música, el teatro, la literatura y las artes visuales se transformaron en espacios de encuentro y organización, fortaleciendo la conciencia crítica y la solidaridad.

De esta manera, la cultura dejó de ser únicamente una expresión artística para convertirse en un acto político. En medio de la censura y el miedo, floreció una resistencia creativa que aportó significativamente al proceso de reorganización social y a la recuperación de la memoria histórica, sentando las bases para las movilizaciones que marcarían la década de 1980.





Huérfanos  2848 Santiago

Cabe resaltar que una de las primeras peñas abiertas al público se llamó “Peña Onda Latina”, local ubicado en Huérfanos N.º 2848, en pleno centro de Santiago. Este espacio cultural se transformó rápidamente en un punto de encuentro para jóvenes, artistas y dirigentes sociales que buscaban mantener viva la música popular y la reflexión política en tiempos de fuerte represión.

El 12 de junio de 1980, a las 21:30 horas, el recinto fue allanado por un contingente policial, resultando 98 comensales detenidos. El operativo se produjo debido a que parte del público estaba compuesto por dirigentes estudiantiles de la Universidad Técnica del Estado (UTE), actualmente Universidad de Santiago de Chile (USACH). Los jóvenes se habían reunido en ese lugar para manifestar su solidaridad con estudiantes de la misma universidad a quienes se les había cancelado la matrícula por razones políticas.

Todos los detenidos fueron trasladados a la Primera Comisaría; sin embargo, las mujeres fueron derivadas a la Novena Comisaría, ubicada en Avenida La Paz. Durante varias horas permanecieron incomunicados, generando preocupación entre sus familiares y cercanos, quienes denunciaron el procedimiento como una acción arbitraria destinada a amedrentar la organización estudiantil.

Cabe destacar que la orden del operativo fue emanada por Sergio Fernández, quien en ese entonces se desempeñaba como ministro del Interior de la dictadura militar. Posteriormente, 22 estudiantes fueron relegados a la isla de Chiloé como medida de castigo, una práctica frecuente en la época para desarticular movimientos opositores y sembrar temor entre la población.

Este episodio se inscribe en un contexto de creciente represión política, especialmente durante el proceso previo al plebiscito constitucional de 1980, cuando las manifestaciones culturales y los espacios de encuentro social eran vigilados y, en muchos casos, intervenidos por las autoridades.









Posteriormente nació el emblemático y hoy desaparecido Café del Cerro, ubicado en calle Ernesto Pinto Lagarrigue Nº 192, en el sector del barrio Bellavista. Este espacio cultural dio cabida a numerosos trovadores y artistas de oposición de aquellos años, como Óscar Andrade, Isabel Aldunate, Eduardo Peralta, Schwenke & Nilo, Mauricio Redolés y la banda Congreso, entre otros exponentes de la Nueva Canción y del canto popular comprometido.

El café era un lugar pequeño y acogedor. En sus mesas, la tenue luz de las velas encandilaba el ambiente, otorgándole un carácter íntimo y cómplice, propicio para citas, tertulias y reuniones de personas con pensamiento de izquierda y aires libertarios, en abierta resistencia cultural frente a la dictadura. Más que un simple local nocturno, el Café del Cerro se convirtió en un refugio para la expresión artística y política, donde la música, la poesía y la conversación crítica circulaban con libertad.

Allí llegaban estudiantes universitarios —especialmente de la Universidad de Chile— debido a la cercanía con la entonces Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. El espacio funcionó como punto de encuentro intergeneracional, articulando redes de solidaridad y reflexión en un contexto de censura, persecución y control social. En sus escenarios se forjaron vínculos, se difundieron canciones prohibidas y se fortaleció una identidad cultural de resistencia que marcó a toda una generación.

De esta manera, el Café del Cerro no solo fue un recinto artístico, sino también un símbolo de la vida cultural alternativa durante los años más complejos del país, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva.


En el sector de la Avenida Matta, en Arturo Prat Nº 935, ya se encontraba instalada la Casa Kamarundi, un espacio cultural alternativo dirigido por el actor y poeta Manuel Escobar, más conocido como el payaso Tilusa, “el hombre de las palomas”.

Tilusa, reconocido como “el payaso triste”, se presentaba principalmente los días jueves junto a su inseparable muñeca Alejandrina. Esas jornadas pasaron a conocerse como los “Jueveseando”, instancias en las que desplegaba una poesía de profundo contenido social. A través del humor, la ternura y la crítica, interactuaba con el público y reflexionaba sobre la realidad chilena de aquellos años, marcados por la censura, la represión y la precariedad cultural.

La Casa Kamarundi no fue solo un escenario artístico, sino también un punto de encuentro para creadores, pobladores y jóvenes que buscaban espacios de expresión en tiempos difíciles. Allí confluyeron el teatro, la música popular y la poesía comprometida, convirtiéndose en un pequeño refugio cultural en medio de la adversidad.

Tras el fin de la dictadura, la Casa Kamarundi logró subsistir algunos años más; sin embargo, en 1992 cerró definitivamente sus puertas. Ese mismo año, Manuel Escobar, Tilusa, falleció a causa de una septicemia aguda. Su partida dejó un vacío en el mundo cultural alternativo, pero su legado permanece en la memoria de quienes encontraron en su arte una forma de resistencia y esperanza.




En relación con el teatro, Andrés Pérez (actor, coreógrafo y dramaturgo chileno) fue uno de los principales artífices del teatro callejero en Chile. En 1980 fundó el TEUCO (Teatro Urbano Contemporáneo), llevando por primera vez el teatro a las calles de comunas populares en plena dictadura. Esta iniciativa constituyó una forma directa y valiente de acercar el arte al pueblo, en un contexto sociopolítico donde se estaban violando sistemáticamente los derechos humanos en el país.

Ese mismo año, la compañía comenzó a presentarse en espacios abiertos con una obra de corta duración (aproximadamente 20 minutos), ya que debían retirarse rápidamente del lugar para evitar la represión policial. La obra, titulada “El viaje de José y María a Belén y lo que aconteció en el camino”, fue representada en poblaciones, plazas y ferias libres, generando gran impacto entre los vecinos. En más de una ocasión, su director y los actores (todos egresados de la Universidad de Chile) fueron detenidos por fuerzas de seguridad, evidenciando el clima de persecución que afectaba a las expresiones culturales disidentes.

El teatro callejero, en este período, no solo fue una manifestación artística, sino también un acto de resistencia cultural. En medio del denominado “apagón cultural”, las intervenciones del TEUCO lograron romper el cerco informativo y simbólico impuesto por la dictadura, transformando la calle en un espacio de denuncia, memoria y encuentro comunitario.

Posteriormente, la trayectoria de Andrés Pérez alcanzaría uno de sus hitos más significativos con la creación de La Negra Ester, obra que marcaría profundamente la historia del teatro chileno por su lenguaje popular y su conexión con la identidad cultural del país.

En 1987, setenta y ocho connotados actores y dramaturgos chilenos fueron amenazados de muerte por un grupo autodenominado “Comando 135 de la Acción Pacificadora Trizano”, vinculado a la ultraderecha chilena. Estas amenazas generaron amplio repudio nacional e internacional. En ese contexto, el 30 de noviembre de ese mismo año llegó a Chile el actor estadounidense Christopher Reeve, reconocido mundialmente por su papel en Superman, quien manifestó públicamente su solidaridad con los artistas amenazados y su preocupación por la situación de los derechos humanos en el país.

Estos hechos reflejan cómo el arte y la cultura se transformaron en herramientas de resistencia y denuncia durante uno de los períodos más oscuros de la historia reciente de Chile, demostrando que el teatro, incluso en las condiciones más adversas, puede convertirse en un acto profundamente político y liberador.








La música fue otro componente fundamental que ayudó a concientizar al pueblo chileno durante este período. En medio de la represión, la censura y el llamado “apagón cultural”, comenzaron a surgir distintos grupos musicales con una clara postura de oposición a la dictadura, congregando a miles de jóvenes en sus presentaciones y transformando cada recital en un espacio de encuentro, resistencia y expresión colectiva.

En la década de los 80 emergieron diversos movimientos musicales como el punk, el heavy metal y el resurgimiento del rock. En este último destacaron bandas como Los Prisioneros, Fulano y Tumulto, que, desde distintas propuestas sonoras, retrataron el malestar social, la cesantía, la desigualdad y la falta de libertades. Sus letras se transformaron en verdaderas crónicas de una generación que creció bajo el autoritarismo.

En ese mismo contexto apareció Fiskales Ad-Hok, banda punk que desafió de manera directa a la dictadura a través de letras crudas, irónicas y contestatarias. Uno de sus primeros integrantes fue Polo Sarmiento, poblador de San Joaquín, lo que evidencia cómo desde las poblaciones también se gestaba un movimiento cultural profundamente político. El nombre “Fiskales Ad-Hok” hacía referencia crítica al cargo de “fiscal ad hoc” que la dictadura determinó y asignó en esos años al general Fernando Torres Silva, figura ligada a la justicia militar del régimen, transformando así el propio nombre de la banda en un gesto de denuncia.

Las tocatas de la época no solo eran eventos musicales, sino también actos de resistencia. Uno de los espacios más emblemáticos fue el El Trolley, ubicado en San Martín Nº 841, en Santiago. Allí se realizaron presentaciones que marcaron a toda una generación. En una de las tocatas más importantes se conjugaron la energía punk de Fiskales Ad-Hok con la poesía y la crítica social de Mauricio Redolés, demostrando cómo distintas expresiones artísticas convergían en un mismo espíritu de rebeldía.

De esta manera, la música se convirtió en un canal de denuncia, memoria y organización. Más allá del entretenimiento, fue un vehículo de identidad y conciencia política que acompañó el proceso de resistencia cultural, fortaleciendo el tejido social y manteniendo viva la esperanza de cambio en los años más oscuros del país.


  

En el año 1984 se realizó el primer festival punk de carácter abiertamente subversivo en el Garage Matucana, organizado por la banda Pinochet Boys. Este evento marcó un hito dentro de la escena contracultural de la época, ya que se desarrolló en pleno contexto de dictadura, cuando cualquier manifestación juvenil contestataria era vigilada y, muchas veces, reprimida. Tras aquella presentación, la sala de ensayo del grupo fue allanada por fuerzas policiales, reflejando el clima de persecución que enfrentaban las expresiones artísticas consideradas disidentes.

El punk, más que un estilo musical, se transformó en un espacio de resistencia para muchos jóvenes que veían cerrados los canales tradicionales de participación. A través de letras directas, crudas y cargadas de crítica social, estas bandas denunciaban la represión, la desigualdad y la falta de libertades. Sus conciertos no solo eran espectáculos musicales, sino también puntos de encuentro y articulación para una generación que buscaba expresar su descontento frente al régimen.

Las presentaciones de estas bandas se realizaban, por lo general, en espacios alternativos y muchas veces autogestionados, como la Sala Lautaro, el Garage Matucana, el Gimnasio Manuel Plaza, el Trolley y el Anfiteatro San Miguel, por mencionar algunos de los principales lugares de reunión. Estos recintos se convirtieron en verdaderos núcleos de la cultura underground santiaguina, donde convergían distintas corrientes artísticas, desde el punk y el new wave hasta el teatro experimental y la performance.

En medio de la censura y el llamado “apagón cultural”, estos espacios representaron pequeñas trincheras culturales que permitieron mantener viva la creación artística independiente y el espíritu crítico de la juventud de aquellos años.



Pinochet Boys

Pinochet Boys fue también uno de los grupos punk antifascistas más provocadores de la época. Con su irreverente nombre desafiaban abiertamente a la dictadura, convirtiendo cada presentación en un acto de resistencia cultural. Sus actuaciones solían ser interrumpidas por efectivos de Carabineros; eran acosados, vigilados y amenazados de manera constante. Sin embargo, pese a la represión, lograron mantenerse activos durante tres años en la escena clandestina, hasta que finalmente fueron obligados por la dictadura a abandonar el país.

En más de una oportunidad, los Pinochet Boys se presentaron en el Garage Internacional de Matucana 100, espacio que en aquellos años funcionaba como un verdadero refugio para la contracultura. Hasta allí llegaban cientos de jóvenes de distintos estilos y clases sociales: poetas, actores, pobladores, estudiantes y hippies, todos unidos por una misma necesidad de expresión y rebeldía frente al contexto político.

El ambiente era una explosión estética. Entre zapatillas North Star blancas y bototos  (símbolo de vanguardia para la década)  circulaban jóvenes con cabellos engominados al estilo mohicano, cuyo mechón frontal solía estar decolorado con tonos intensos y llamativos. Las mujeres también marcaban presencia con una estética diversa: algunas vestían linos y morrales artesanales; otras optaban por el negro riguroso, inspirado en el naciente estilo gótico. La moda no era solo apariencia, sino una declaración política y cultural.

Las performances realizadas por mujeres artistas constituían otro hito dentro del Garage. Resulta imposible olvidar aquella presentación en la que un grupo de actrices, vestidas de monjas, dejó ver sus cuerpos semidesnudos sobre el escenario como una forma de denunciar la represión ejercida por sectores del clero y el control moral impuesto sobre las mujeres. El arte se transformaba así en una herramienta directa de cuestionamiento social.

Las murallas del recinto estaban pintadas de blanco, pero no por casualidad: sobre ellas se pegaban cientos de afiches con clara tendencia izquierdista, convirtiendo el lugar en un verdadero mural de consignas contra la dictadura. Por esta razón, en la esquina de la Alameda con Matucana era habitual ver apostado un contingente de Carabineros. En numerosas ocasiones irrumpieron en el Garage realizando controles de identidad y deteniendo a jóvenes que manifestaban abiertamente su rechazo al régimen.

Cabe resaltar que el espacio de Matucana era administrado por Jordi Lloret, quien impulsó una nueva apuesta intelectual y cultural. Bajo su gestión se llevó a cabo la primera Bienal en 1987, mientras que la más masiva se realizó en 1989. En esos encuentros convergieron nuevos estilos musicales y artísticos, entre ellos el new wave y el electropop, aunque siempre atravesados por una mirada crítica y antifascista. Aquellas instancias consolidaron el lugar como un núcleo de resistencia cultural en los años finales de la dictadura.

 



Sol y Lluvia 1984

En los años 80 reapareció en la escena nacional un grupo musical que en 1975 se llamó Antuauca (“Sol Rebelde”, en mapudungun) y que posteriormente, en 1978, pasó a denominarse Sol y Lluvia. Influenciado por la música del canto contestatario y la tradición de la Nueva Canción Chilena, el conjunto se consolidó con temas como “Para que nunca más”, “Adiós General” y “Un largo tour”.

En sus inicios, estas canciones circulaban principalmente en cintas de casete copiadas de manera artesanal y difundidas de forma clandestina, en un contexto marcado por la censura y la represión cultural. A pesar de las dificultades, su música logró expandirse con fuerza, convirtiéndose en una voz de denuncia y esperanza para amplios sectores de la población.

El grupo comenzó a presentarse en universidades, parroquias, actos solidarios y distintas poblaciones de Santiago, donde sus canciones se transformaron en verdaderos himnos contra la dictadura. Sus letras, cargadas de contenido social y político, conectaron especialmente con una juventud que buscaba espacios de expresión frente al denominado “apagón cultural” de la época.

En ese mismo escenario emergió también una banda de rock proveniente de la zona sur de Santiago: Los Prisioneros. Con un estilo directo y letras críticas, el grupo no dejó indiferente a la juventud chilena. Canciones como “El baile de los que sobran” y “La voz de los 80” se convirtieron en retratos generacionales, cuestionando las desigualdades sociales y el modelo impuesto en aquellos años.

De este modo, tanto Sol y Lluvia como Los Prisioneros aportaron, desde distintos estilos musicales, a la construcción de una memoria cultural de resistencia, donde la música no solo fue arte, sino también una herramienta de conciencia y movilización social.

 




En la década de los años 80, especialmente durante los meses de verano, se realizaba en el sector de Plaza Italia (actual Plaza Baquedano) la denominada “Semana de Bellavista”, más conocida como el Festival de Bellavista. Esta actividad cultural se transformó en un verdadero hito para el barrio y en un espacio de encuentro y resistencia en tiempos complejos para el país.

Bellavista era, por entonces, punto de reunión de músicos, escritores, artesanos y connotados actores y actrices. No era extraño ver a María Izquierdo caminando por la calle Pío Nono, mezclada entre el público, compartiendo de manera sencilla con quienes recorrían el sector. El ambiente tenía un aire bohemio y fraterno, donde el arte se manifestaba sin grandes escenarios ni producciones, sino directamente en la calle.

El festival se desarrollaba prácticamente en las veredas. Al caminar por Pío Nono, Chucre Manzur o Dardignac, se podían observar los bellos trabajos de artesanos que, a través de la orfebrería, el tallado en madera y diversas disciplinas artísticas, retrataban a figuras como Violeta Parra o Víctor Jara. También abundaban los puestos de libros, grabados y pinturas, que recreaban un ambiente festivo cargado de contenido social y memoria histórica.

Un punto central de encuentro era la plaza Camilo Mori, desde donde se contemplaba el castillo Lehuedé, más conocido como la “Casa Roja”. Allí llegaban cantores populares con su guitarra en mano y solían interpretar temas clásicos de Silvio Rodríguez. La multitud se reunía en un solo coro para cantar viejas canciones revolucionarias, mientras las expresiones teatrales y performances callejeras daban vida a la pequeña plazoleta. Era un espacio donde el arte y la palabra se convertían en formas de resistencia cultural frente al llamado “apagón cultural” que marcó aquellos años.

Muy cerca de ese lugar, en la calle Constitución, se encontraban dos sitios emblemáticos. Uno de ellos era la casa de Pablo Neruda, conocida como La Chascona, llamada así en honor a Matilde Urrutia por su rebelde cabellera. El otro era la Casa de la Constitución, un espacio representativo para los jóvenes rockeros, donde se proyectaban videos musicales de artistas como Jimi Hendrix, The Doors, Janis Joplin y Led Zeppelin.

De esta manera, Bellavista se transformaba cada verano en un territorio de expresión libre, donde convergían la trova, el rock, el teatro y la artesanía. Más que un simple festival, la Semana de Bellavista fue una experiencia colectiva que permitió mantener viva la creación artística y el espíritu crítico en una época marcada por la censura y la represión, consolidando al barrio como un referente cultural y simbólico de Santiago.






Otro lugar que no dejaba indiferente a nadie  por su calidez,  era la disquería de Eduardo Gatti ubicada en Antonia Lope de Bello con Constitución.
Dentro del sector de Baquedano ya cruzando el rio Mapocho  y dejando atrás el barrio Bellavista sé encontraba el cine  Arte Normadi, (Alameda 139)  que solía dar funciones de medianoche promoviendo la cultura del celuloide a través de una gran pantalla en dónde el cine arte era parte de su cartelera, es así que era habitual  ver cine de Bergman, Francis Ford Coppola, Akira  Kurosawa, Héctor Babanco, cuya película fue el Beso de la Mujer Araña basada en la historia de un preso político.
Una vez  terminada la función, se concurría a un lugar simbólico de la bohemia nocturna intelectual el famoso bar  “El Castillo Francés” que estaba a un costado de lo que hoy se mantiene el restaurante Jaque Mate en plena Alameda. 
Cabe destacar que éste espacio de encuentro, era un lugar muy especial con un  pequeño escenario cuya escenografía era la torre Eiffel  de fondo; hasta ahí llegaban cinéfilos, poetas, cantantes y algunos personajes qué tenían  cierto aire de intelectuales, pero lo que hacía encantador éste recinto   era la capacidad de  socializar con los demás, ibas de mesa en mesa compartiendo con los comensales un diálogo en dónde siempre estaba presente la poesía y la política.
En  ese  Castillo vi por primera vez a  la primera punky chilena, me refiero a Stella Díaz, más conocida cómo la colorina. Ella era  una mujer mayor con un  hablar ronco, directo e  irreverente y una voz gruesa  de mucho beber y fumar, además solía mostrar con orgullo su tatuaje en el  brazo izquierdo que con orgullo lucia relatando que se la había hecho en contra  Gabriel Gonzalez Videla.
Con el  tiempo supe que era una poeta de la generación de los 50 amiga de Lihn, Neruda, Jodorosky, además se le conocía como una mujer de  carácter y buena para el pugilato  que ella provocaba.
Después de la llegada de la “Democracia” estas  actividades se fueron quedando en el olvido, el barrio Bellavista se convirtió en una bohemia nocturna de  carácter comercial, el Cine Normandi cerro sus mamparas para  trasladarse a la calle Tarapaca Nº1181 y el recordado Castillo Francés, cerró sus puertas para no abrirlas nunca más dando paso a la ampliación de lo que es hoy el Jaque Mate ubicado en   Alameda esquina Irene Morales.


Qué pasó en la población San Joaquín.

Antes de comenzar este nuevo capítulo, debemos considerar qué en la población San Joaquín la  cultura siempre ha estado presente en diferentes manifestaciones, es así que no podemos dejar de mencionar a don Pedro Miranda  dirigente del SICUCH, don Gustavo Tapia, profesor de violín quién enseño a muchos niños y jóvenes a tocar éste hermoso instrumento de cuerda. 
También reconocemos el trabajo del  connotado maestro Abril,así como también a otro maestro y compositor nacional Nino García, pero especialmente evocaremos el trabajo del grupo de raíz folclórica  Hamaycan que  nace en  la parroquia San Mateo de nuestra población, cuyo origen data del 27 de julio de  1976 en dónde su notable desarrollo lo ha llevado a grandes escenarios nacionales  cómo internacionales.





Grupo Amaycan 2010 presentación en el 50 aniversario de la población  San Joaquín




1988 Profesor Gustavo Tapia en el  antiguo local de la Junta de Vecinos


En los años 80 habían esbozos de diferentes actividades culturales que se realizaban en forma individual o colectiva, es así que el grupo folclórico Coñaripe de proyección folclórica realizaba sus ensayos en la Escuela 30. Posteriormente nacerá el grupo Ayllarehue quienes ensayaban en la Parroquia San Mateo  y  a  futuro se incorporará a la escena musical local  el grupo Ayrampu.  
Estos grupos  rescataban lo esencial del folclore tradicional, sin embargo en este caminar van a parecer, jóvenes con otras inquietudes artísticas e incluso más politizadas entre ellos encontraremos a poetas, muralistas, pintores, músicos, videistas y actores todos  autodidactas, pero con inquietudes políticas que a través del arte y la cultura  fueron denunciando las sistemáticas violaciones de los DDHH que acontecían en país.
En 1985, el grupo Coñaripe se había trasladado de lugar, está vez ensayarían en la casa de Viviana Benitez, ubicada a un costado de la Junta Vecinal. Hasta allí llegaban un sinnúmero de amigos a cantar, tocar  guitarra, hacer teatro o declamar  poesía, además era una  instancia de recreación y discusión sobre lo que había que hacer. En éstos espacios se dieron  origen a ferias de DDHH, tocatas en  la cancha del Villa San Joaquín y expresiones teatrales con murgas callejeras.






Ayllarehue




En cuanto al aporte musical, fueron varias las instancias en donde estos jóvenes realizaron distintas tocatas de corte rockero, es así como grupos emergentes cómo Araña Hidráulica  convocó al primer festival de Rock  en 2 de abril con Aurora de Chile, cuyo invitado especial fue él piojo Salinas, entre payas y rock  se dio esta  cita musical.
Durante este proceso, aparecerá el grupo Nazca y  la Banda de Hussein  con Guido Jorquera, Patricio Fuentes,  Polo Sarmiento y Titón Somodevilla, cabe resaltar que en muchas ocasiones ensayaron en la casa de Viviana y Verito Benítez, además  el grupo participaban en cuanta actividad fueran invitados ya sea a nivel local, como así también fuera de  la población  como: La plaza Brasil,  El barrio Bellavista, Balmaceda, La Victoria, Parque O’higgins entre otros.   









Hay un hecho poco conocido, el debut  oficial de  la banda  Hussein, se iba a realizar en 1987  en el Bar  Hualañe entre las calles Carlos Valdovinos  con Bascuñan  y cuyas bandas invitadas eran nada más ni nada meno: Los Fiskales Ad-hoc  y Dada, las expresiones máximas del Punk  en aquellos años, un gran aporte para este encuentro fue Memopunk (uno de los primeros panketa de la población)  él se encargó de publicitar el evento por tal razón  llegaron más de 700 personas  a las  inmediaciones del bar todas con un sello distintivo y con características muy  particulares  en cuanto a sus vestimentas y cortes de pelos. Esta  situación   provocó a que carabineros se  hiciera presente  en el bar e intimidara a la dueña  aludiendo que una tokata  de esas características era ilegal en un Bar,  todo esto llevó a que la dueña  objetara la actividad, dando un corto plazo de tiempo para sacar todos los equipos que se habían instalado,  de lo contrario se llevarían detenidos a todos los comensales que se encontraban en el interior del bar.  Dicen que las historias se repiten,  así  también  fue un 12 de octubre de 1971  en el encuentro Hippie del  Parque de las  Moscas,  también
fue suspendido.
En los años 80 habían esbozos de diferentes actividades culturales que se realizaban en forma individual o colectiva, es así que el grupo folclórico Coñaripe de proyección folclórica realizaba sus ensayos en la Escuela 30. Posteriormente nacerá el grupo Ayllarehue quienes ensayaban en la Parroquia San Mateo  y  a  futuro se incorporará a la escena musical local  el grupo Ayrampu.  
Estos grupos  rescataban lo esencial del folclore tradicional, sin embargo en este caminar van a parecer, jóvenes con otras inquietudes artísticas e incluso más politizadas entre ellos encontraremos a poetas, muralistas, pintores, músicos, videistas y actores todos  autodidactas, pero con inquietudes políticas que a través del arte y la cultura  fueron denunciando las sistemáticas violaciones de los DDHH que acontecían en país.
En 1985, el grupo Coñaripe se había trasladado de lugar, está vez ensayarían en la casa de Viviana Benitez, ubicada a un costado de la Junta Vecinal. Hasta allí llegaban un sinnúmero de amigos a cantar, tocar  guitarra, hacer teatro o declamar  poesía, además era una  instancia de recreación y discusión sobre lo que había que hacer. En éstos espacios se dieron  origen a ferias de DDHH, tocatas en  la cancha del Villa San Joaquín y expresiones teatrales con murgas callejeras.







En la década del 90 se dará origen a Kloketen una nueva apuesta musical llamada Etno Folk en donde se rescata la música étnica e inspirada en la cultura ona,  cuyos integrantes en un principio fueron : Chino Montoya,  Titón Somodevilla,  Polo Sarmiento, Patricio Fuentes  y como interprete y director  Guido Jorquera. Sin embargo  algunos integrantes no siguieron participando en el proyecto, pero se sumaron otros como Luis del Canto, Claudio Alfaro entre otros. Cabe resaltar que Kloketen se ha mantenido en el tiempo presentándose en diversos escenarios siendo aclamado a nivel nacional.
Hay un hecho poco conocido, 1987 se realiza  el primer  encuentro cristiano de rock en la cancha de la Villa San Joaquín,  en ese lugar se dieron  cita para el concierto personas  creyentes y no creyentes conjugándose la fe y la música y una de sus bandas fue  el   Grupo Vida y Fe Apostólica hecho inaudito paran aquellos años.

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En cuanto a murales, en esa  época emergerán las brigadas  muralista había una muy especial  llamada:  “jurel tipo toyo”  en dónde el profesor Daniel Salcedo era uno de sus integrantes  quien  solía pintar  las murallas laterales de los edificios de la  población.
Eran jóvenes que a través de su brocha y pincel realizaban distintas graficas a modo muy personal  en distintas perspectivas y muchas veces era difícil llegar a un acuerdo, ya que la creatividad iba desde el cubismo a lo psicodélico.

Uno de los primeros murales que realizaron, fue un hombre pasando en bicicleta en una ciudad ramificada con mil cosas, en este mural participaron: Igor, él peteco, Ito, Daniel y Moises.




Titón Somodevilla - Ito Salcedo


La poesía estaba a cargo del inigualable Chino Montoya, cada  vez que había un acto, peña o actividad solidaria se hacía presente con sus  escritos, además a través de las ondas  radiales de la Radio 1º de Mayo  con su  voz nos llamaba a la  reflexión  con su programa, Los  Muros y  posteriormente el Kiosco.   No podemos olvidar a doña Estela Iglesia  una poetisa  de  nuestra población que con su voz cálida solía declamar poemas de Gabriela  Mistral o simplemente sus propios poemas,  a estos poetas populares también su suma Ito Salcedo, quien en el 50 aniversario de nuestra población subió al escenario  central a entregarnos sus escritos.
Dentro de la poesía, él Chino Montoya tuvo una apuesta muy significativa como fueron los  cafés literarios  que a través de un  Kiosco armable se iba trasladando de población en población, de comuna en comuna llevando la poesía política social como fue la Odiesa del Mapocho que relataba a través de poemas  los hechos acontecidos por mujeres  de ANDHA en la rivera del río Mapocho en en el año 2009,  como así también Carta Andre Jarlán, cura asesinado en una jornada de protesta en la población La Victoria 1984, además de  muchos lirismos que le hacían llegar a través de llamadas telefónicas y salían por las ondas radiales como era el caso de la Sra. Estela Iglesias  u otros escribían desde  la cárcel de alta seguridad o  de la penitenciaria su lírica ante ésto él Chino aludía "nosotros entramos a las  cárceles sin permiso,cruzamos los barrotes y nos preparamos para compartir un mate" . 
Estos encuentros culturales poéticos,  fueron los primeros que se llevaron a cabo  en la población San Joaquín,  actualmente en la Guarida del Dr. Salvador se  han realizado este año dos organizado por los jóvenes de la biblioteca.





El teatro era otra manifestación artísticas de  estos jóvenes, muchas veces se encontraban  en la calle para sus  ensayos, entre caras pintadas y vestimentas multicolores presentaron por las calles de población la obra  teatral  La Patria Herida representada por Edith Riveros,  que durante su trayecto y con megáfono en mano recordaban y nombraban a los caídos de nuestra población.
Marcha por la patria herida






En relación al  teatro,  nacerá también  otra expresión artística más dirigida a los niños cuyo responsable era  Igor Marín  con sus títeres.
En eso entonces se contaba con el Taller Experimental, en dónde Pato Celis, al igual que Hernán Bravo (rucio Nano) y Juan Carlos Pino fueron un gran aporte para la cultura local, a través de un pensamiento crítico y anti dictatorial en dónde también  otros compañeros se sumaron a la iniciativa cultural  cómo: Jano Díaz, Titón Somodevilla, Nelsón Rojas, él Indio Claudio entre otros.  



Pato Celis
Hernán Bravo (rucio nano) Chino Montoya 
 Cafe literario El Kiosco


Juan Carlos Pino y Pluma Azul 

Los primeros cineastas autodidactas fueron Juan Carlos Mujica, que con su cámara fotográfica adquirida a través de ganar un concurso y después con su cámara filmadora grabó  muchos momentos vividos en la población.  Posteriormente se  sumara  al trabajo audiovisual Alejandro Casas-cordero más conocido cómo Jano, que en su primera  etapa realiza un cortometraje en lo que fuera en ese entonces  los   pozos areneros de Av.  La Feria y  seguidamente realizará  una película llamada “El hombre de las Flores”  cuya locación fue la antigua estación de ferrocarril en el sector San Eugenio.

La pintura  como expresión artística, no  estaba exenta  en estas manifestaciones culturales  es así que los  jóvenes  como: Moisés Saba, Jimy Sarmiento  lograron a través de sus pinceles y acuarelas plasmar un trabajo vanguardista con distintas técnicas pictóricas,  así como también Ito Salcedo  realizaba cuadros con figuras que rellenaba con  recortes de diarios.  Por consiguiente y cada vez que se  realizaba  una actividad cultural, ellos exponían sus  trabajos a los observadores habitantes de la población.

Moises Saba y su hijo

Sin embargo, éste  nuevo  proceso cultural y  político vivido entre los año 1980  y 1990 en la población San Joaquín,  encontramos   nuevas generaciones que se fueron conjugando con la política manifestándose a través de   la música, el teatro  y el muralismo.
Unas de las primera conquista de  estos jóvenes idealistas, fue la recuperación de los espacios públicos, así que en plena dictadura ellos deciden hacer la primera feria de los DDHH frente a la sede comunitaria ubicada en simón Gonzaléz nº3625 este primer intento no fue fácil, ya que militares destruyeron el improvisado escenario,  pero esto no fue dificultad para seguir adelante, la perseverancia y su compromiso social llevaron a estos muchachos a seguir entregando arte y cultura en la población San Joaquín.


Queda claramente evidenciado que en esta época, ya no tenemos  murales con inclinación  política, sin embargo estas nuevas  generaciones  e hijos de aquellos que ayer tuvieron una destacada participación cultural,  son hoy  los que siguen  pintando nuestros muros, pero con otras técnicas, con otros colores  cómo son los grafittis realizado por el virtuoso artista en  latas de espray: Andro Montoya que plasma con múltiples matices y semblantes el entorno de nuestra población.



Fuentes:
Juan Carlos Mujica
Polo Sarmiento
Daniel Salcedo
Moises Saba
Patricio Fuentes (pato punck)
Jacqueline Vinnett
Fotos:
Chino Montoya
Web
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Juegos Mecánicos en la Población San Joaquín

martes, 8 de enero de 2013

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En el año 1934, don Roberto Zúñiga Peinailillo instala su local de diversión en Mapocho con Bandera, siendo un espacio de distracción sana que consistía en el tiro al blanco, usando una escopeta de aire comprimido marca DIANA. Con el transcurso de los años, en la década de los 50 se traslada a la Alameda con San Francisco, a un costado de la iglesia Franciscana. Es ahí donde instalará otros tipos de juegos de carácter más familiar e infantil, llamándolo Entretenciones DIANA.

En aquella época era una tradición llevar los fines de semana a los niños al parque de diversiones, que contaba con una rueda de Chicago, carrusel, tazas giratorias y la famosa cuncuna, que al cerrarse hacía que todos gritaran, siendo esta la atracción máxima para niños y adultos. Cabe resaltar que los Juegos DIANA perduraron en ese lugar hasta mediados de los años 80.

¿Cuál fue la razón del cambio de lugar?

Existieron varios factores que contribuyeron a esto: no estaban siendo rentables, ya que el 26 de enero de 1978 se había inaugurado el primer parque de entretención, el más grande de Sudamérica, FANTASILANDIA, que contaba en aquellos años solo con ocho atracciones, siendo la más importante la montaña rusa. Además, se fueron instalando los malls en el centro de Santiago, que incluían juegos infantiles como HAPPYLAND.

Otro factor que influyó fueron los toques de queda de aquellos años y una nueva política de edificación en altura. Todo esto contribuyó a que el boom de los Juegos DIANA se trasladara nuevamente de lugar, ubicándose más al sur, en la calle San Diego al llegar a Santa Isabel.

Con el transcurso de los años aparecieron los juegos mecánicos itinerantes, quizás más modestos, pero igualmente entretenidos. Es así que anualmente comenzaron a llegar a la población San Joaquín entre los años 80 y 90, marcando un período muy significativo entre los niños y adolescentes de la población San Joaquín.

Los primeros juegos mecánicos que llegaron a la población San Joaquín se llamaban “Parque de Entretenciones Mecánicas Girasol”, cuyo dueño era el Sr. Guillermo Mujica Plaza. Cuando se instalaron fue todo un acontecimiento en esta localidad, ubicándose a un costado de la Escuela 30, con la previa autorización de la Junta de Vecinos.

En esos terrenos no pavimentados se instaló la típica rueda de Chicago y las famosas sillas voladoras, que en más de una ocasión causaron accidentes, ya que los jóvenes solían apilarse, provocando choques entre sí. El carrusel era otro juego infaltable; a pesar de lo rústicos que eran, igualmente causaban sensación entre niños y adultos. Tampoco podían estar ausentes las mesas de tacataca, donde se hacían filas para poder obtener una ficha en la boletería.

Un sinnúmero de juegos se concentraban en esta feria, como el tiro al gato, tiro al blanco contra los patos, el avioncito que funcionaba en forma de ruleta donde según su aterrizaje era el premio ganado,  los anillos que se lanzaban sobre  un premio, cuya recompensa generalmente consistía en una botella de licor. En cambio, para los más grandes el juego predilecto era la lotería, la recompensa a carton completo eran un tarro de duraznos, una botella de pisco o simplemente un paquete de galletas.

Cabe resaltar que, a contar de las 20:00 horas, la concurrencia era principalmente de jóvenes y adultos, siendo el encuentro propicio para los enamorados, quienes solían dedicar un tema musical a la persona amada, como por ejemplo “Herida de amor” del popular grupo Indio (agrupación musical de la década de los 70 que cantaba covers y baladas en inglés).

En cuanto a la gastronomía, no podían estar ausentes las manzanas confitadas, los algodones de azúcar, los churros y las cabritas, que solían venderse a precios módicos.

El tiempo de permanencia generalmente era de dos semanas. Muchos vecinos no aceptaban este tipo de entretenciones porque causaban disgustos entre padres e hijas, ya que no les daban permiso para asistir al parque de diversiones; en cambio, otros vecinos reclamaban por el alto volumen de la música durante la noche.

Solo queda decir que, con la llegada de los juegos mecánicos a la población San Joaquín, todo se convulsionaba, siendo el punto de encuentro social entre niños, adolescentes y adultos, donde en más de una ocasión se originaron grandes amores.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente 





Extracto del libro y radioteatro Voces con Historia
 realizado por Radio Primero de Mayo

Testimonio
Gladys Pérez
Fotos Web
Macarena Vinnett


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