

La población comenzó a urbanizarse lentamente.
Es así que en el año 1963 irrumpe el primer sacerdote que ofició las primeras
misas en la población, siendo conocido como el padre Egidio Catalán, quien no
escatimó esfuerzos y llegó incluso a realizar, un día domingo, la Eucaristía
sobre la tarima de un camión abandonado. Esta realidad se mantuvo por bastante
tiempo; posteriormente se levantó una especie de carpa en la calle
Subercaseaux, cerca de donde actualmente se encuentra la parroquia San Mateo,
espacio que permitió congregar a los primeros fieles y fortalecer la vida
comunitaria en el naciente barrio.
En el año 1965, el mismo sacerdote, junto con
la ayuda de los feligreses de la comunidad, trabajó arduamente para levantar
una capilla de madera que, además de su función religiosa, sirvió como lugar de
encuentro para las nacientes organizaciones sociales de la población. Allí
comenzaron a desarrollarse reuniones vecinales, catequesis, actividades
solidarias y espacios de formación comunitaria que marcaron profundamente la
identidad social del sector.
En 1968 llega el párroco Gustavo Quiroz, quien
realiza un importante aporte al vincular activamente la parroquia con la Junta
de Vecinos, participando en sus reuniones y gestionando diversas iniciativas en
beneficio de los pobladores, especialmente en materias de organización social,
apoyo a familias vulnerables y mejoramiento de las condiciones de vida del
entorno.
Durante la década de los años 70 arribaron a
la población los sacerdotes José Orellana y el padre Santos García, quienes se
identificaban con la corriente de los cristianos por el socialismo y
manifestaban abiertamente los principios de la Teología de la Liberación. Bajo
su impulso se levantaron dos organizaciones fundamentales: la ayuda fraternal
para personas cesantes y un comedor infantil destinado a niñas y niños del
sector. Estas iniciativas contaron con la colaboración directa de dirigentes y
vecinos como Héctor Morales, Gina Salazar y “Chino” Montoya. Asimismo, la
parroquia abrió sus puertas a expresiones culturales populares, acogiendo
presentaciones de grupos como Uyuni y Mestizo Andino, fortaleciendo la
identidad cultural y comunitaria de la población.
A contar del año 1975, estos sacerdotes,
profundamente cercanos a la vida cotidiana de la comunidad, impulsaron la
llamada campaña del ladrillo, cuyo objetivo era reunir materiales y
recursos para construir una parroquia de material sólido que respondiera a las
crecientes necesidades espirituales y sociales del territorio. La participación
de los vecinos fue clave, organizándose colectas, trabajos voluntarios y
actividades solidarias que evidenciaron el fuerte sentido de unidad existente
en la población.
Cabe resaltar el importante rol que tuvo la
Iglesia durante la dictadura militar. En este período se conformaron comités de
base de derechos humanos que acogieron a jóvenes y pobladores frente a las
sistemáticas violaciones a sus derechos fundamentales. Desde la parroquia se
brindó acompañamiento espiritual, apoyo solidario y espacios de protección
comunitaria. Estos mismos jóvenes organizaron diversas campañas de
financiamiento —como peñas folclóricas y actividades culturales— con el
propósito de reunir fondos para concluir la edificación de dependencias
parroquiales y sostener el trabajo social desarrollado en aquellos años
difíciles.
La presencia de las
Misioneras Hermanas de la Compañía de la Caridad de San Vicente de Paul en la
población San Joaquín
En octubre de 1953 llegan a Chile las hermanas
Sor María y Sor Isabel la Vega, procedentes de México, donde habían vivido
junto a los sectores más desposeídos desarrollando un carisma profundamente
social. Sor María orientó su labor principalmente al área de la salud, mientras
que Sor Isabel se dedicó al ámbito educativo.
Al llegar a Chile se instalaron cerca de las
riberas del Zanjón de la Aguada, desempeñándose en la Escuela Pío XII como
profesoras de religión, matemáticas y castellano. Con el paso de los años, Sor
María fue nombrada directora del establecimiento, consolidando un proyecto
educativo centrado en la dignidad, la solidaridad y el acompañamiento a las
familias más vulnerables.
Movidas por su incansable vocación de
servicio, las hermanas decidieron fundar un hogar destinado a niñas abandonadas
o cuyos grupos familiares no contaban con las condiciones económicas para su
crianza. Gracias a múltiples gestiones realizadas por Sor María del Carmen ante
la Corporación de la Vivienda (CORVI), se obtuvo la entrega de dos casas en la
población San Joaquín, ubicadas en Subercaseaux N.º 3581 y N.º 3591. De esta
manera, el 31 de agosto de 1965 nace el primer hogar de la Fundación Regazo
en la población San Joaquín, espacio que se transformó en un referente de
acogida, protección y formación integral para numerosas niñas del sector.
Con el transcurso de los años, la labor de la
congregación se amplió hacia el acompañamiento de familias, la promoción de
talleres formativos, el apoyo escolar y la asistencia social, fortaleciendo el
tejido comunitario de la población. Su presencia dejó una huella profunda en la
memoria colectiva, siendo recordadas por generaciones de vecinos como un
ejemplo de compromiso, ternura y servicio hacia los más necesitados.
Fotos: Chino Montoya - Margarita Becerra
Fotos: Imágenes de la WEB




