La JAP en la población San Joaquín

domingo, 17 de julio de 2011

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Salvador Allende, en su programa de política económica, había estatizado un sinnúmero de empresas nacionales, siendo la más importante CODELCO el 11 de julio de 1971. Esta nueva realidad permitió una considerable producción a niveles récord, y por tanto un mayor ingreso per cápita para los chilenos, además de fortalecer la soberanía económica del país sobre sus recursos naturales estratégicos. La nacionalización del cobre fue considerada un hito histórico que contó con amplio respaldo ciudadano y parlamentario, transformándose en uno de los pilares fundamentales del proyecto económico de la Unidad Popular.

En cambio, sectores de oposición al gobierno de la Unidad Popular, apoyados por la intervención de Estados Unidos, comenzaron una campaña de boicot contra la producción chilena, acaparando alimentos básicos y productos de primera necesidad para la población. A ello se sumaron presiones internacionales, restricciones crediticias y acciones destinadas a desestabilizar la economía interna, generando un clima de tensión social, inflación y dificultades en el abastecimiento cotidiano.

En 1971, Pedro Vuskovic, ministro de Economía, usando resquicios legales de la Dirección de Industria y Comercio, impulsará una nueva forma de distribución de los alimentos como respuesta frente al desabastecimiento que estaba produciendo desconcierto en el pueblo. Este modelo consistía en que, a través del comercio detallista principalmente almacenes de barrio mejoraría la entrega y distribución de los alimentos, permitiendo una organización más directa entre el Estado, los comerciantes y los consumidores. Ante esta situación nacerán las Juntas de Abastecimientos y Control de Precios (JAP), inspiradas en experiencias de organización popular de otros países latinoamericanos.

Las JAP fueron creadas en 1972 por la Dirección de Industria y Comercio (DIRINCO), mediante la resolución N.º 112 publicada en el Diario Oficial el 4 de abril de ese año. Cabe resaltar que estas unidades administrativas locales cumplían la misión de abastecer productos de consumo masivo en forma eficiente y equitativa frente al acaparamiento realizado por algunos empresarios, además de fiscalizar precios y promover la participación organizada de los vecinos en la distribución de bienes esenciales. Su funcionamiento se apoyaba en comités territoriales, registros de familias y coordinación directa con proveedores estatales y privados.

En la población San Joaquín, su aplicación comenzó el 8 de marzo de 1972 a través de la Junta de Vecinos, donde se inscribió a los dueños de almacenes para posteriormente fijar precios acordes al mercado y evitar la especulación, siendo estos valores otorgados por la Dirección de Industria y Comercio (DIRINCO). Además, la Junta solicitó una cuota voluntaria en apoyo de la Unidad Vecinal, lo que reflejaba un fuerte sentido de organización comunitaria y solidaridad entre los pobladores frente a las dificultades económicas del período.

Uno de los precios más significativos era el de la carne y el pollo; los propios dirigentes pidieron la cooperación de los vecinos para denunciar a comerciantes inescrupulosos del barrio que vendían mercadería a un valor mayor al establecido. Entre los alimentos escasos en la población se encontraban aceite, harina, detergentes, manteca, leche, azúcar, té, queso, arroz, mantequilla, lanas y géneros, entre otros productos indispensables para la vida cotidiana.

Hay un hecho que marcó a los pobladores de San Joaquín: dentro de la canasta familiar que contenía estos productos se agregó el famoso “chancho chino”, un producto en conserva cuyo contenido era carne similar al cerdo, enviado desde la República Popular China como ayuda solidaria ante la crisis que vivía Chile. Este alimento, recordado por generaciones, simbolizó tanto las dificultades del período como las redes internacionales de apoyo político y humanitario hacia el gobierno de la Unidad Popular.

Con el paso del tiempo, la experiencia de las JAP quedó grabada en la memoria colectiva de muchas comunidades populares, siendo recordada como una forma de organización social que buscó enfrentar el desabastecimiento mediante la participación directa de los vecinos. Más allá de las controversias políticas de la época, estas iniciativas reflejaron la importancia de la solidaridad, la acción comunitaria y el rol del Estado en la protección del bienestar social en momentos de profunda crisis nacional.

 



Cabe resaltar que el Sr. Enrique Cárcamo y Moisés Alderete, ambos dirigentes de la J.V. fueron los encargados de organizar a la población. Ellos no eran funcionarios del Estado, sino facilitadores que trabajaban ad honorem, otorgándoles atribuciones para resolver algún problema o designar a vecinos, como el Sr. Jorge Aravena, de militancia socialista, quien cooperó en forma mancomunada con esta nueva particularidad de distribución.

Dirigentes y vecinos se encargaron de encuestar a los pobladores, entregándoles un carné por familia en el cual iban anotados el nombre, dirección, cédula de identidad y la fotografía del representante familiar. Sin embargo, muchas personas reclamaron y se opusieron a la encuesta, aludiendo que solo favorecía a los adeptos de la Unidad Popular o a militantes de partidos políticos.

   



Las colas en los Almacenes Populares:

A medida que iban pasando los meses, el programa se fue fortaleciendo cada día más, aplicándose en la práctica el Poder Popular. Esta realidad era inaceptable para los opositores al Gobierno de la U.P. por tanto, buscaron mil formas para desestabilizar la JAP, acrecentando la carestía y fomentando el mercado negro, situación que llevó a la población de San Joaquín a realizar las famosas “colas”.

Los vecinos eran avisados cuando llegaba la mercancía; algunos madrugaban para obtener un buen lugar y alcanzar su cuota de alimentos, pero con la nueva modalidad de entregar tarjeta a toda la familia, muchos de ellos obtenían más beneficios que otros de forma desigual, produciéndose serias discusiones en la fila e incluso conatos de conflicto.

La panadería ubicada en 2 de Abril no daba abasto por la falta de harina; muchos habitantes debían ir caminando a la panadería situada en la calle Antofagasta para conseguir un kilo de pan.






Supermercados vacíos, tras el golpe reabrieron colmados  de mercaderías.

Se comenzó a correr la voz de que había desabastecimiento de productos básicos en todo el país, lo que dio origen, de forma más masiva, al mercado negro. Algunos comerciantes de la población utilizaron estas malas prácticas, pero fueron denunciados ante la DIRINCO por la propia Junta de Vecinos.

Frente a esta especulación surgió un descontento insostenible. Así, un grupo de mujeres del barrio alto hizo un llamado a marchar con las cacerolas vacías en señal de protesta el día 2 de diciembre de 1971, siendo escoltadas por jóvenes de la ultraderecha Patria y Libertad, quienes llegaron con cascos, nunchakus y sus camisas azules, gritando consignas en contra del presidente y golpeando a todo aquel que interviniera en su camino.


La Marcha de las cacerolas vacías 02.12.1971

Esta maniobra de desestabilización organizada por la I.T.T. y financiada por E.E.U.U. quedó desenmascarada al día siguiente del golpe de Estado, ya que de forma casi milagrosa, comenzaron a abastecerse supermercados y algunos locales comerciales del barrio con alimentos que habían faltado por muchos meses en los hogares de la población de San Joaquín. Esta repentina abundancia evidenció para muchos pobladores la existencia de un acaparamiento previo y de una estrategia destinada a generar malestar social, desconfianza en las instituciones populares y un clima propicio para la ruptura democrática.

Finalmente, el 15 de septiembre de 1973, a través de un comunicado dado a conocer por el Ministerio de Economía, se especificó que habían sido disueltas la Secretaría General de Distribución y la Junta de Abastecimientos y Precios (JAP), organismos que hasta entonces habían cumplido un rol fundamental en la organización comunitaria del abastecimiento y en la defensa del acceso equitativo a los productos básicos. Con su desaparición se cerró también una experiencia de participación popular que había articulado a vecinos, dirigentes sociales y organizaciones territoriales en torno a la distribución solidaria de alimentos.

Al año siguiente, la dictadura militar aplicó un sistema de almacenes reguladores dependiente de la Dirección de Industria y Comercio, modelo utilizado con anterioridad por el gobierno del general Ibáñez del Campo. Este consistió en poner en funcionamiento cincuenta almacenes móviles destinados a paliar las dificultades de abastecimiento en las poblaciones. Para ello, buses de la ETCE fuera de servicio fueron adaptados con despensas en su interior, mesones y ventanillas correderas, por las cuales las personas podían observar la mercadería y posteriormente adquirirla. Estos dispositivos recorrían distintos sectores populares, generando largas filas y transformándose en un nuevo punto de encuentro vecinal, aunque bajo un contexto político completamente distinto y sin la participación comunitaria que había caracterizado a las JAP.

En las poblaciones, el sistema funcionaba a través de las Juntas de Vecinos, que mediante una solicitud formal y la nómina de sus dirigentes postulaban a este beneficio. Posteriormente, la unidad vecinal informaba a los pobladores las fechas de visita, las que generalmente se realizaban dos veces por semana. Cabe resaltar que desde las bodegas de los almacenes reguladores salían diariamente toneladas de productos de primera necesidad. En una jornada normal se movilizaban, por ejemplo, treinta y dos tambores de aceite que regresaban vacíos, además de azúcar, harinas, conservas y otros alimentos que durante mucho tiempo habían permanecido ocultos, profundizando la crisis de desabastecimiento en Chile.

Este nuevo sistema de distribución, aunque permitió mitigar parcialmente la escasez en algunos sectores, también marcó el tránsito desde una organización basada en la participación popular hacia un modelo centralizado y controlado por la autoridad militar. De esta manera, el abastecimiento dejó de ser un espacio de construcción comunitaria y pasó a integrarse a la lógica administrativa del régimen, reflejando los profundos cambios políticos, sociales y económicos que vivía el país en aquellos años.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”



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Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
 realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes:
Rosita Flores C.
Imágenes de la WEB
Revista zig-zag
Macarena Vinnett





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La década de los años 1970 en la población San Joaquín.

miércoles, 13 de julio de 2011

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En la década de los años 70 hubo grandes cambios sociales y políticos en Chile, viviéndose momentos de gran tensión política. Se desarrollaban las elecciones de 1970 cuyos candidatos eran Jorge Alessandri Rodríguez, fiel representante de la derecha quien se postuló como candidato independiente. Por la Democracia Cristiana estaba Rodomiro Tomic, en cambio los sectores de izquierda los representaban el Partido Socialista, Comunista, Partido Radical, Izquierda Cristiana y el Movimiento de Acción Popular (MAPU), conformando de esta manera el bloque de la Unidad Popular representado por Salvador Allende Gossens.

En este proyecto político, Tomic postulaba a una vía comunitaria colectivizada, pero no estatista; en cambio Alessandri enfocaba su plan en el resguardo de la propiedad privada. El candidato de la coalición de izquierda, Salvador Allende, en su programa proponía una transición pacífica al socialismo que contemplaba la nacionalización del cobre y de las empresas más importantes del país, además de profundizar la reforma agraria y aplicar una serie de cuarenta medidas en las cuales estaba la creación del Poder Popular.

Tras el triunfo electoral de la Unidad Popular en septiembre de 1970, el nuevo gobierno inició un proceso de transformaciones económicas y sociales que marcaron profundamente la vida cotidiana de la población. Se impulsaron políticas de redistribución del ingreso, aumento de salarios, control de precios de productos básicos y ampliación del acceso a la salud, la educación y la alimentación infantil mediante programas como el medio litro de leche. Estas medidas generaron un amplio respaldo en sectores populares, pero también una fuerte oposición política, económica y mediática por parte de sectores conservadores y empresariales, lo que intensificó la polarización social.

En la población San Joaquín el ambiente estaba dividido, ya que en esos años existía una mayor presencia de demócratas cristianos, pero también estaban organizados los partidos de izquierda: Socialista, MAPU y Comunista. Uno de los dirigentes más destacados pertenecientes al Partido Comunista fue el señor Víctor Díaz López, quien llegó a la población en sus comienzos y tuvo una gran participación en la construcción de la Escuela Básica Mixta Nº 30, además de impulsar la organización vecinal y comunitaria.

La campaña de la Unidad Popular se llevó a cabo a través de grandes lienzos ubicados en los techos de las casas y frontis de los departamentos de la población. Asimismo, la Brigada Ramona Parra se encargó de pintar murales y consignas con el emblema de la Unidad Popular, siendo la propaganda política un factor fundamental en el triunfo del doctor Salvador Allende, quien se había postulado a la presidencia en cuatro ocasiones y en la última logró alcanzar el gobierno.

Con el paso de los años, la creciente conflictividad política, las dificultades económicas y las presiones internas y externas derivaron en una crisis institucional que culminó con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Este hecho significó el fin del gobierno de la Unidad Popular y el inicio de un periodo de dictadura militar que transformó profundamente la organización social, política y económica del país, afectando también la vida cotidiana de las poblaciones populares como San Joaquín, donde muchas organizaciones sociales fueron perseguidas o desarticuladas y sus dirigentes sufrieron detenciones, exilios o diversas formas de represión.

A pesar de este contexto adverso, en la memoria colectiva de la comunidad permanecieron las experiencias de organización, solidaridad y participación vividas durante los años previos, las cuales se convirtieron en un referente para las generaciones posteriores en la defensa de los derechos sociales y la reconstrucción del tejido comunitario.

 

 


Signo de la Unidad Popular

El diario El Mercurio, financiado por la CIA, realizó una millonaria campaña del terror en contra del candidato de la Unidad Popular, difundiendo frases como: “el verbo expropiar significa privar… primero expropiarán los resultados de su trabajo, después tus pensamientos… y más tarde tus hijos… Mujer chilena, el destino está en tus manos”.
En estampas religiosas de la Virgen del Carmen habían escrito una leyenda que decía: “Santa Virgen del Carmen, reina y protectora de Chile; ¡sálvanos de los ateos comunistas!”.

Esta campaña comunicacional se enmarcó en el contexto de la Guerra Fría, período en el cual Estados Unidos impulsó diversas estrategias políticas, económicas y propagandísticas en América Latina para impedir el avance de proyectos socialistas. En Chile, estas acciones incluyeron financiamiento a medios de comunicación, partidos políticos opositores y organizaciones sociales, buscando influir en la opinión pública mediante el miedo, la desinformación y la defensa de valores asociados al orden tradicional, la propiedad privada y la religión.

 Chileno, Chilena ¿quiere Ud. un despertar tranquilo el 5 de septiembre ? vote por Tomic

Discurso de Salvador Allende Estadio Nacional
Campañas presidenciales de Jorge Alessandri y Rodomiro Tomic

La primera presentación pública del grupo de la Unidad Popular
en la proclamación de Salvador Allende

El día viernes 4 de septiembre de 1970 los pobladores de San Joaquín se dispusieron a sufragar a tempranas horas en distintos puntos de la comuna de San Miguel, siendo uno de ellos la Escuela Consolidada del sector población Dávila, Escuela 30  y  en Gran Avenida, el Liceo Andrés Bello Nº 106. Los resultados se entregaron pasada la medianoche, dando la mayoría, aunque no absoluta, al socialista Salvador Allende.

Una vez entregados los últimos cómputos, vecinos, simpatizantes, militantes, mujeres y jóvenes salieron a festejar el triunfo en las calles de la población San Joaquín. El señor de apellido Faúndez, que vivía en Simón González y era trabajador de MADENSA la mayor industria de cocinas, refrigeradores y lavadoras en Chile, manejaba un camión en el cual trasladó hacia la Alameda a habitantes de nuestra población. Durante el recorrido por Gran Avenida se encontraron con caravanas de personas, e incluso camiones recolectores de basura sirvieron de transporte para el traslado de quienes se dirigían a manifestarse a la principal arteria de Santiago. Aquella noche estuvo marcada por cantos, banderas, abrazos y una profunda emoción colectiva que expresaba la esperanza de amplios sectores populares en la construcción de un país más justo y solidario.

Cabe resaltar que los resultados oficiales de la votación fueron 1.750.000 votos (36,3%) para Allende, 1.360.000 (34,9%) para Alessandri y 824.000 (27,8%) para Tomic. Según la Constitución, al no obtenerse una mayoría absoluta la mitad más uno de los votos correspondía al Congreso Pleno elegir entre las dos primeras mayorías al representante de la Nación. Es así que el compañero presidente asumió oficialmente la presidencia de Chile el 24 de octubre de 1970, con la aprobación del Congreso Pleno por dos tercios de los parlamentarios, sumando 153 votos contra 35 de Alessandri y 7 en blanco.

En los días posteriores, en barrios como la población San Joaquín, se organizaron reuniones vecinales, actos culturales y jornadas de discusión política donde se analizaban los desafíos del nuevo gobierno popular. Las organizaciones sociales, juntas de vecinos, centros de madres y sindicatos comenzaron a proyectar mejoras en vivienda, salud, educación y abastecimiento, confiando en que la participación activa del pueblo sería fundamental para impulsar las transformaciones prometidas. Este clima de movilización y compromiso social marcó profundamente la memoria colectiva de la población, dejando un recuerdo imborrable de unidad, esperanza y protagonismo popular en la historia de Chile.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

       Transmisión del mando de Eduardo Frei a Salvador Allende

La madrugada del 5 de septiembre, los primeros festejos en la Alameda frente a la FECH

Fuentes:
Domingo Sarmiento Camus
Fotografias
Diarios de la época
Revista Zig-Zag
Macarena Vinnett

Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, 
la historia de la población San Joaquín realizado por Radio 1º de Mayo

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Directivas y decretos de la Junta de Vecinos Nº4 Población San Joaquín

sábado, 9 de julio de 2011

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En la campaña Presidencial de 1962, Eduardo Frei Montalva propone un plan en el cual agruparía a organizaciones socio-comunitarias existentes en aquella época, como son: Juntas Centrales de Vecinos, Comités Vecinales, Centros Culturales, Clubes Deportivos, Centros de Madres, Centros Juveniles y Centros de Padres. Es así que nacerá la Consejería Nacional de Promoción Popular, instancia orientada a fortalecer la organización social, la participación comunitaria y la integración de los sectores populares en la vida pública del país.

Posteriormente, el 07 de agosto de 1968 se promulga la Ley 16.880 de Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias, otorgándoles estatutos legales y autonomía para su financiamiento, lo que permitió consolidar la organización territorial y funcional de los barrios, fortaleciendo la representación vecinal y la canalización de demandas sociales ante las autoridades.

Actualmente, la Ley 19.418 establece dos tipos básicos de organizaciones comunitarias: las territoriales y las funcionales. La primera corresponde a las Juntas de Vecinos, que son de carácter territorial y representativas de los pobladores del sector donde se encuentra localizada la Junta Vecinal, cuyo objetivo es velar por los derechos de los vecinos, promover el bienestar común y colaborar con las autoridades del Estado en materias de desarrollo comunitario, seguridad, mejoramiento urbano y convivencia social. Las organizaciones funcionales, en tanto, responden a intereses específicos de la comunidad, tales como cultura, deporte, educación, salud y acción social, permitiendo una participación más diversa de los habitantes del territorio.

La primera Junta Central de Vecinos se constituyó un 28 de agosto de 1960, llamada Junta de Vecinos Población San Joaquín. Posteriormente, el 15 de diciembre de 1970 se aprueban los estatutos de la Junta de Vecinos Nº 4 San Joaquín Poniente de la comuna de San Miguel. Estos documentos fueron firmados por el Presidente Salvador Allende Gossen y por José Tohá, ministro del Interior, siendo en marzo de 1971 ratificados y publicados en el Diario Oficial mediante el oficio Nº 27.883. Este reconocimiento legal consolidó la institucionalidad vecinal del sector y permitió fortalecer la organización de los pobladores en torno a sus necesidades comunes.

Cabe resaltar, que en la población San Joaquín los pobladores en sus comienzos se agrupaban de forma masiva para elegir a sus representantes vecinales en la ex Escuela Mixta Nº 30. Sin embargo, para tener voz y voto se debía ser socio, vivir en la población, ser mayor de edad y presentar la cédula de identidad. De esta manera se sufragaba por la continuidad de sus dirigentes o la incorporación de un nuevo representante ante la comunidad, reflejando un fuerte sentido de participación democrática y organización popular en el territorio.

Después del golpe de Estado, estas organizaciones territoriales fueron dirigidas por el Ministerio del Interior. Sobre el mandato de las Juntas de Vecinos se aplicó el Decreto Ley Nº 349 y, en 1975, fue publicado en el Diario Oficial el Decreto Nº 897, que imposibilitaba a las personas consideradas discapacitadas física y moralmente a ejercer un cargo público, aplicándose este último a quienes tenían un pasado político. En este contexto, la autonomía de las organizaciones vecinales se vio fuertemente restringida, limitando la participación ciudadana y el desarrollo comunitario independiente.

Los candidatos a ejercer un cargo dentro de las Juntas de Vecinos eran directamente asignados por el alcalde de turno y supervisados por el Ministerio del Interior, lo que significó una pérdida de los mecanismos democráticos de elección vecinal que habían caracterizado los años anteriores. A pesar de estas restricciones, la organización comunitaria continuó siendo un espacio de encuentro, solidaridad y apoyo mutuo entre los pobladores, permitiendo mantener vivas las redes sociales del barrio y la identidad colectiva de la comunidad.

 

 

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

 





Cédula de identidad usada para sufragar en la década de los años 1960, se destaca la información que  contiene.

Listado de Dirigentes Vecinales:

Una de las primeras Directivas de la Junta Central de Vecinos
Presidente:       Sr. Ulises Riveros.
Tesorero:         Sr. Alberto Montoya.
Secretario:       Sr. Dino Andreotti
Director:          Sr. Vidal.

Directiva año 1966
Presidenta:       Sra. Silvia Silva Jara
Secretario:       Sr. Jorge Varas Montero
Pro secretario:  Sr. Sergio Marín Steven
Tesorero:        Sr. Misael Mella Ayala
Pro tesorera:   Sra. Fresia Beltrán de Campos
Directores:      Sr. Mario Marín Lazcano
                      Sr. Guillermo Muñoz Osses
                      Sr. Santiago Bustamante C.
                      Sr. Lautaro Fuentes Fuentes
                      Sr. Nolberto Lorca Alcaíno

Directiva año 1967

Presidente:       Sr. Pedro Lobos Vargas
Secretario:       Sr. Jorge Recabarren Barahona
Tesorero:         Sr.  Francisco Soto Yañez
Pro-tesorero:   Sr. Roberto Yusseff
Director:          Sr. Miguel Cerón Saéz
Director:          Sr. Guillermo Muñoz Osses
Director:          Sr. Luis A. Díaz
Director:          Sr. Pedro Flores

 Directiva  año 1968
Presidente:         Sr. Adrián Vega
Vicepresidente:  Sr. Francisco Soto Y.
Secretario:         Sr. Rubén Cubillos
Pro-secretario:   Sr. Jorge Recabbarren
Tesorero:           Sr. Francisco Quezada
Pro-tesorero:     Sr. Miguel Valenzuela
Directores:         Sr.Guillermo Muñoz
Directores:         Sra. Berta Reinberg
Directores:         Sr. Rolando Trujillo

Directiva año 1971

Presidente:           Sr. Adrián Vega Vega
Vice-presidente:  Sr. Fredy Allende Matus
Secretario:          Sr. Moisés  Palacios Valenzuela
Pro-secretario:   Sr. Enrique Cárcamo
Tesorero:           Sr. Moisés Alderete
Pro-tesorero:     Sr. Mario Koch
Directores:        Sra. María Venegas Pérez
Directores:        Sra. Clara Condori

Directiva año  1973
Presidente:          Sr. Enrique  Cárcamo Mancilla
Vice-presidente  Sra. Berta Reinberg Ormazabal
Secretario:          Sr. Ramón Navia Aguilera
Pro-secretario:    Sr. Andrés Navarrete Quiroz
Tesorero:            Sra. Ester 0’nell Campos
Pro-tesorero:      Sr. Eduardo Valencia Echeverría
Director:             Sra. Eliana Cabrera

Directiva año  1976

Presidente:           Sr. Enrique Cárcamo
Vice-presidente:   Sr. Luis Carter
Secretaria:            Sr.a Elisa Durán
Tesorera:             Sra. Isabel Rosas
Directores:           Sr. Guillermo Aravena
Representación ante  CEMA :   Sra. Domófilia Fuentes

Directiva año 1990

Presidente:          Sr. Carlos Bustamante
Vice-presidente:  Sr. Luis E. Muñoz
Secretaria:          Sra. Rosa Ugarte R.
Tesorera:           Sra.Luz Castillo R.
1º Director:        Sr. Julio Aravena F.

Actual Directiva año 2010

Presidenta:       Sra. Luz Castillo Rivera.
Secretaria:       Sra. Isabel Rosa.
Tesorero:         Sr. Leopoldo Sramiento.
1ª Directora:    Sra. Uberlinda Rodríguez
 



Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, 
la historia de la población San Joaquín Realizado por Radio Primero de Mayo

Fuente:
Documentación  JJVV
Archivo Nacional
Leopoldo Sarmiento
Carlos Bustamante
Macarena Vinnett


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La publicidad y el Rock and Roll en la población San Joaquín

viernes, 10 de junio de 2011

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La publicidad giraba de acuerdo a las necesidades de la sociedad de aquella época. Es así que las bebidas como la Coca-Cola y la Pepsi-Cola competían con millonarias campañas publicitarias, ubicando grandes gigantografías en carreteras y ciudades. Además, la propaganda se conjugaba con jingles radiales que utilizaban melodías contagiosas y fácilmente recordables, buscando instalar en la memoria colectiva el consumo cotidiano de estas bebidas, asociándolas a momentos de alegría, juventud y encuentro social.

En los años 1965, en la población San Joaquín, se dio un encuentro de rock and roll auspiciado por Coca-Cola, dirigido principalmente a los jóvenes adolescentes de aquella época. La actividad consistía en un concurso de baile en parejas, acompañado de éxitos musicales como El Rock del Mundial, Bill Haley y sus Cometas, Los Jocker’s, Los Mac’s, entre otros conjuntos que comenzaban a marcar presencia en la escena musical juvenil. Este tipo de eventos no solo promovía el consumo de bebidas gaseosas, sino que también introducía nuevas expresiones culturales y estilos de vida asociados a la modernidad, la moda y la música internacional.

El evento volvió a repetirse en la población debido a la gran convocatoria que tuvo y a los atractivos premios que se ofrecían: cajas de bebidas, distintos artículos llamativos y muy novedosos para aquellos años, todos con el logotipo característico de la bebida Coca-Cola. De esta manera, la publicidad trascendía el simple anuncio comercial y se transformaba en una experiencia comunitaria, generando espacios de recreación y sociabilidad juvenil que quedaban grabados en la memoria de quienes participaron. Asimismo, estas iniciativas evidenciaban cómo las grandes marcas comenzaban a penetrar en los barrios populares, utilizando la música, el baile y la entretención como estrategias para posicionarse culturalmente dentro de la vida cotidiana de la población.


En la década de los años 60, la publicidad era a través de revistas y periódicos que se insertaban en las columnas de forma vertical, mostrando en la ilustración gráfica el producto con sus características y valor. Generalmente, lo que ofrecía la publicidad de esa época eran artículos electrodomésticos, ropas, alimentos y productos de higiene personal como: shampoo en polvo Sinalka, el desodorante Dolly Pen, productos de belleza Helena Rubinstein, entre otros. Cabe resaltar que a través de la publicidad se mostraban innumerables mercaderías importadas.

A su vez, estos avisos publicitarios no solo cumplían una función comercial, sino también cultural, ya que reflejaban los cambios en los hábitos de consumo de la sociedad chilena, el surgimiento de una incipiente vida urbana moderna y la aspiración de las familias por acceder a bienes considerados símbolos de progreso y bienestar. Las imágenes solían representar hogares ordenados, mujeres dedicadas al cuidado personal y del hogar, y familias que comenzaban a incorporar la tecnología doméstica como parte de su vida cotidiana.

Con el avance de la década, la radio también comenzó a consolidarse como un medio importante de difusión publicitaria, utilizando jingles pegajosos y mensajes breves que buscaban posicionar marcas en la memoria colectiva. De esta manera, la publicidad se transformó en un elemento cotidiano, presente tanto en la prensa escrita como en los nuevos medios de comunicación, contribuyendo a la expansión del comercio, la circulación de productos extranjeros y la construcción de imaginarios asociados al desarrollo, la modernidad y el consumo.




Otro tipo de publicidad contenían los matutinos, siendo estos más masivos y de mayor tamaño, lo que permitía a las grandes casas comerciales posicionar sus productos y ofertas en un público amplio y diverso. A través de avisos ilustrados, promociones de temporada y anuncios de facilidades de pago, los diarios se transformaron en un soporte fundamental para el desarrollo del comercio urbano y el consumo en las principales ciudades del país.

Por ejemplo, una de las grandes tiendas de la década de los años 1960 era Almacenes París, fundada en el año 1900 por el empresario José María Couso, cuyo nombre en sus comienzos fue Mueblería París. Con el paso del tiempo, este establecimiento fue ampliando su rubro, incorporando vestuario, artículos para el hogar y diversos bienes de consumo, convirtiéndose en una multitienda de referencia dentro del comercio chileno. Cabe resaltar que esta multitienda, en los años 1970, fue la primera en instalar el crédito a través de una tarjeta propia, sistema que posteriormente se expandió y que actualmente funciona de manera masiva en Chile, marcando un hito en la modernización de las formas de compra y en el acceso al consumo para amplios sectores de la población.

Este tipo de estrategias publicitarias y comerciales refleja los cambios sociales y económicos del período, en el que la expansión del comercio, la urbanización y el surgimiento de nuevas prácticas de consumo comenzaron a transformar la vida cotidiana de las familias chilenas.

 

 

“Toda la información y fotografías  queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

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Fotos: diarios originales de la epoca
Testimonio Carlos Bustamante
Macarena Vinnett

Extracto del libro y Radio teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo

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La muralla de la población San Joaquín

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El último tramo de la muralla histórica: 2 de abril y Ernesto Molina
 Calle  dos de Abril ex-Marinero  Caro  año 2010

Calle 2 de Abril década de los años 1980
foto de la desaparecida 
revista La  Bicicleta de Eduardo Yentzen



Existen muchos mitos sobre la muralla que dividía la población San Joaquín con la población La Victoria. Son varias las interrogantes que existen sobre esta separación limítrofe: ¿dónde quedaba?, ¿cuándo fue construida? y ¿por qué de esta separación? Son múltiples las dudas que se originan en torno a esta historia que vamos a tratar de clarificar cada una de ellas.

¿Dónde estaba ubicada?
Ésta se encontraba entre la Av. La Feria, Marinero Caro y Primero de Mayo, posteriormente rebautizada como Dos de Abril en homenaje a las 18 víctimas asesinadas el 2 de abril de 1957 en una movilización contra la carestía de la vida y las constantes alzas en Chile, siendo una de las primeras víctimas Alicia Ramírez, estudiante de enfermería de la Universidad de Chile. Este sector, además de marcar un límite físico, fue por muchos años un espacio de tránsito cotidiano, intercambio vecinal y también de tensiones propias de dos comunidades que crecían en condiciones sociales distintas, pero con un mismo origen popular.

¿Cuándo fue construida?
Su construcción se dio a comienzos del año 1959 en dos etapas: primero con empalizadas de madera y posteriormente con bloques de concreto conocidos popularmente como “buldock”. Otros testimonios señalan que existió un murallón de adobe que marcaba la entrada principal de la ex chacra La Feria. Estas distintas versiones reflejan la memoria viva de los vecinos, transmitida de generación en generación, donde los recuerdos personales muchas veces complementan la historia documentada.

¿Por qué se construye la muralla?
En la madrugada del 30 de octubre de 1957 se produce la toma de terrenos de la población La Victoria, una de las más numerosas de América Latina. Sus habitantes vivían en condiciones precarias y la autoconstrucción era la forma de levantar sus viviendas: primero carpas, luego madera y finalmente adobe, material económico en aquellos años.
Dos años después de la toma de la ex chacra La Feria, comienza la edificación de los primeros edificios y casas de la población San Joaquín por la CORVI, cuyos materiales quedaban a la intemperie y solían desaparecer. Ante ello, la constructora levantó un primer cerco de madera para resguardar ripio, arena y sacos de cemento, pero éste también desapareció, por lo que la empresa decidió construir una muralla más sólida con bloques de concreto tipo buldock.

Con el paso del tiempo, los nuevos habitantes de San Joaquín incorporaron estas murallas a sus terrenos, mientras que en otros sectores fueron derribadas por los pobladores de la comunidad contigua. La memoria popular recuerda incluso que el suboficial de Carabineros Carlos Yáñez, domiciliado en Dos de Abril con Ernesto Molina, defendió a balazos su muralla, quedando ésta como uno de los últimos vestigios de la mítica pandereta divisoria.

Más allá de su materialidad, la muralla representó por años una frontera simbólica entre dos realidades urbanas nacidas del mismo proceso histórico de expansión de Santiago: por un lado, la organización y lucha por la vivienda propia en La Victoria; por otro, la planificación estatal de conjuntos habitacionales en San Joaquín. Sin embargo, la vida cotidiana, el comercio barrial, la escuela, las ferias y los vínculos familiares fueron diluyendo lentamente esa separación.

Con el transcurso de las décadas, la muralla fue desapareciendo casi por completo, uniendo de manera definitiva a ambas poblaciones de trabajadores de la actual comuna de Pedro Aguirre Cerda. Hoy su recuerdo permanece en la memoria de los vecinos mayores, en relatos orales y en algunos pocos restos materiales que dan testimonio de una época marcada por la organización popular, la necesidad de vivienda y la construcción colectiva del barrio.


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Fuente: Julio César Ramírez
Foto: web Guido Jorquera
Fotos: Leopoldo Sarmiento
Fotos: registro personal 2010
Macarena Vinnett

 

 


“Toda la información y fotografías  queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”
 Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo


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