La cultura en la población San Joaquín

sábado, 30 de julio de 2011

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Durante la década de los años 1970, durante el período de la Unidad Popular, la cultura cobró una real importancia dentro del proyecto político del nuevo gobierno, mejorando los niveles educacionales de alfabetización e integrando a todas las artes, además de proporcionar el acceso a la cultura de manera gratuita en los sectores más postergados. Este impulso cultural no solo se expresó en la ampliación de la educación formal, sino también en la promoción de espacios comunitarios, bibliotecas populares, centros culturales y actividades artísticas abiertas a la ciudadanía, fortaleciendo la participación social y el sentido de identidad colectiva.

Para llevar a cabo este programa nacerá la editorial Quimantú (sol del saber en mapudungun), cuyo objetivo era introducir la lectura a través de libros con temáticas sociales y literatura universal a muy bajo costo, imprimiéndose aproximadamente diez millones de ejemplares entre los años 1971 y 1973. Sus colecciones, accesibles para trabajadores, estudiantes y familias, circularon ampliamente en poblaciones, sindicatos, escuelas y ferias del libro, contribuyendo a democratizar el conocimiento y a fomentar el hábito lector en amplios sectores de la sociedad.

Junto con ello, se impulsaron iniciativas como la difusión del teatro popular, la música comprometida y el cine chileno, expresiones que buscaron reflejar la realidad social del país y promover valores de solidaridad, justicia y transformación social. La cultura pasó así a ser entendida como un derecho y una herramienta de participación ciudadana, integrándose de manera activa al proceso de cambios que vivía Chile en aquellos años.

En cuanto a la música, ya venia desarrollándose por los años 60 la nueva canción chilena que en la década de los años 70 se caracterizó por un canto con contenido social enmarcado a la evolución de la sociedad de ese entonces, contribuyendo activamente al proceso de la Unidad Popular. Así podemos encontrar Canto al Programa y las 40 medidas. Victor Jara, Quilapayún, Rolando Alarcón y otros grupos musicales generaron producciones musicales orientados a crear una verdadera conciencia política en los chilenos, temas como: las Casitas del Barrio Alto, las Ollitas, Enano Maldito fueron canciones que buscaban de está manera reírse del enemigo político de ese entonces y erradicar el canto en inglés influenciado por factorías extranjeras.

Este movimiento artístico no solo se expresó en la música grabada, sino también en peñas, actos culturales, centros comunitarios y espacios sindicales, donde el canto colectivo fortalecía la organización popular y la identidad de clase. La guitarra, el charango, el bombo y otros instrumentos de raíz latinoamericana pasaron a ocupar un lugar central, rescatando tradiciones folclóricas que habían sido desplazadas por la industria cultural dominante.

Asimismo, la nueva canción chilena se vinculó estrechamente con procesos similares en América Latina, compartiendo un espíritu de integración continental, denuncia social y esperanza transformadora. Las letras abordaban la injusticia, la desigualdad, la vida del trabajador y la dignidad de los pueblos originarios, convirtiéndose en una herramienta pedagógica y de movilización política.

Tras el quiebre democrático de 1973, muchas de estas expresiones fueron perseguidas, censuradas o forzadas al exilio, sin embargo, su legado logró mantenerse vivo en la memoria colectiva, transmitiéndose de generación en generación como parte fundamental de la historia cultural y social de Chile. De este modo, la nueva canción chilena continúa siendo un referente de compromiso artístico, resistencia y construcción de conciencia crítica en la sociedad.


El teatro y la danza llegó a las poblaciones populares, es así que compañías extranjeras como Rusas o Chinas se presentaron en espacios públicos abiertos en las más mínimas condiciones, pero con una calidad artística sin igual, ofreciendo funciones gratuitas y otorgándole a el pueblo por primara vez la oportunidad de presenciar distintas disciplinas artísticas.
La pintura a través del muralismo se fue introduciendo en las poblaciones, es así que en 1971 él mismísimo Roberto Matta, artista vanguardista chileno y reconocido a nivel mundial, realizó un mural en la comuna de La Granja llamado: “el primer gol del pueblo chileno” apoyado por la Brigada Ramona Parra.
Estos murales retrataban la sociedad con múltiples formas y colores, pero siempre con una temática política social en dónde el poblador, la mujer, el obrero era parte del trabajo artístico.

De esta manera, el arte dejó de ser una expresión lejana o reservada a espacios tradicionales, instalándose en la vida cotidiana de las comunidades y transformándose en una herramienta de encuentro, identidad y organización social. Las actividades culturales convocaban a niños, jóvenes y adultos, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la participación colectiva en torno a la creación artística.

Asimismo, estas manifestaciones permitieron que surgieran artistas populares y agrupaciones locales que comenzaron a desarrollar sus propias propuestas teatrales, coreográficas y pictóricas, muchas veces vinculadas a la realidad social de su entorno. El arte comunitario se convirtió entonces en un medio de expresión y memoria, reflejando las aspiraciones, luchas y esperanzas del pueblo, y consolidando un patrimonio cultural que perdura hasta la actualidad en diversas poblaciones del país.

 

 




En cambio en la población San Joaquín, habían nacidos grupos culturales influenciados por temáticas folclóricas y teatrales. Entre ellos nace 1974 el conjunto folclórico Hamaycan y en 1976 el grupo UYUNI que funcionaba en la sede del club deportivo Católico, éstos jóvenes autogestionados y apoyados por sus familiares realizaron distintas actividades como: peñas folclóricas, fondas y además exposiciones artísticas siendo una de las más destacadas "la feria expositora de bailes e instrumentos del sur y norte del país".
Cabe resaltar que su fundador fue don Humberto Serey, posteriormente asumirán nuevos directores entre ellos: Marta Barrera, Julio Arellano y Luis Silva.
El grupo UYUNI estaba compuesto por jóvenes cristianos y otros más idealista, pero siempre trabajando en forma mancomunada rescatando el folclore tradicional. En el año de 1978 en plena dictadura, un pequeño grupo de integrantes del Uyuni decide hacer dentro de éste contexto, la primera peña folclórica en la sede el club El Católico, es así que en ese lugar se dieron cita músicos connotados cómo: Jorge Yañez, Nano Acevedo y algunos artistas locales, al encuentro llegó mucha gente proveniente de distintos puntos de la capital que se encontraron casi clandestinamente, cabe resaltar que en forma decida a través del arte y la música protestaron ante las violaciones a los Derechos Humanos que se estaban dando en forma sistemática contra el pueblo en aquellos años tan dificiles en Chile.
Dentro de está generación se encontraba otros grupos que funcionaron posteriormente bajo el alero de la Parroquia San Mateo cómo: Mestizo, Coñaripe dirigido por su director Juan Flores, quién fomentaba el folclor nortino a través de presentaciones de diabladas norteñas, una de ella fue en la Escuela mixta Nº30 y diferentes lugares en la población.

Estas experiencias culturales no solo fortalecieron la identidad comunitaria, sino que también permitieron sostener espacios de encuentro y organización en tiempos de profunda represión social. A través de la música, la danza y el teatro, los jóvenes y sus familias lograron mantener viva la memoria colectiva, transmitiendo tradiciones populares y generando redes de solidaridad entre vecinos.
Con el paso de los años, muchos de estos integrantes continuaron vinculados al quehacer cultural y social de la comuna, participando en actividades parroquiales, centros culturales y organizaciones territoriales que buscaban recuperar la vida comunitaria. De esta manera, el trabajo iniciado en la década de los setenta dejó una huella perdurable en la historia cultural de la población San Joaquín, convirtiéndose en un testimonio de resistencia pacífica y de compromiso con las expresiones artísticas del pueblo.




Conjunto Uyuni Gerardo Montoya y Chino Montoya

No podemos dejar de mencionar que una de las características que simbolizan a la población San Joaquín, como un lugar donde la cultura y el arte han estado siempre presentes, manifestándose de mil formas a través de la danza, el teatro, la pintura, la música, la poesía y el folclore.

Con el pasar de los años nacerán grupos como Ayllarehue y Ayrampú, en el rescate del canto popular.

Personajes importantes dentro del ámbito cultural en la población San Joaquín han sido: don Pedro Miranda, músico y gestor cultural perteneciente al SICUCH; Gustavo Tapia, célebre profesor de violín que formó en esta disciplina a varios jóvenes de la población; la señora Esther Iglesia, quien ha encantado con su poesía a lo largo de los años, Chino Montoya con la palabra escrita y el maestro Jorge Abril, destacado pianista de la Orquesta Filarmónica y reconocido a nivel nacional por su aporte en la televisión.

El renombrado compositor y cantante nacional Nino García tuvo su residencia en la calle Central; actualmente, esa arteria lleva el nombre de Central Nino García en homenaje póstumo hacia él.

Al respecto, conviene decir que la cultura en la población San Joaquín no solo fue parte de este período, sino que, con el transcurso de los años, aparecerán nuevas formas y otros estilos que daremos a conocer en la década que corresponda.




 Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes: Alberto Montoya
Fotos: Chino Montoya
Fotos: Polo Sarmiento
Fotos: de la WEB
Macarena Vinnett



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Los hippie en la población San Joaquín

viernes, 22 de julio de 2011

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El movimiento hippie nació como un movimiento pacifista antibélico en la década de los años 60 en Estados Unidos, se manifestaron en contra de la guerra de Vietnam proclamando la paz, el amor libre, el cuidado del medio ambiente y el uso de estupefacientes. A ellos no les interesaba cambiar la sociedad desde las estructuras tradicionales de poder, sino que buscaban un cambio integral del ser humano, tomando una actitud contestataria a través de una nueva forma de vida no conservadora, basada en la espiritualidad, la vida comunitaria y el rechazo al consumismo propio de la sociedad industrial.

Uno de los mayores hitos fue el festival de Woodstock, tres días de música, amor y paz realizado los días 15, 16 y 17 de agosto de 1969 en una granja de Bethel, en Nueva York. Fueron miles de jóvenes provenientes de distintos estados que se congregaron en este encuentro musical, dejando entrever la capacidad de autoconvocatoria que tuvieron hombres, mujeres, niños y ancianos que soñaban con una estructura de sociedad distinta, marcada por la solidaridad, la libertad de expresión y la convivencia sin violencia.

El movimiento hippie también se caracterizó por su fuerte vínculo con las expresiones artísticas y culturales. La música rock y folk se transformó en un medio de protesta y reflexión social, destacando figuras como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Joan Baez y Bob Dylan, quienes a través de sus composiciones transmitieron mensajes de paz, justicia y crítica a la guerra. Asimismo, la estética hippie se reflejó en la vestimenta colorida, el uso de flores como símbolo de paz, el cabello largo y la incorporación de elementos de culturas orientales e indígenas, lo que evidenciaba una búsqueda espiritual más allá de las religiones tradicionales occidentales.

A nivel social, muchas comunidades hippies intentaron vivir de manera alternativa, formando comunas donde se compartían los bienes, el trabajo y la crianza, promoviendo la igualdad de género y nuevas formas de relación afectiva. Estas experiencias, aunque en algunos casos fueron efímeras, influyeron en movimientos posteriores vinculados al ecologismo, el feminismo, los derechos civiles y la defensa de los pueblos originarios.

Con el paso del tiempo, parte del ideario hippie fue absorbido por la cultura dominante, especialmente en la industria musical, la moda y el mercado cultural. Sin embargo, su legado permanece en valores como la defensa de la paz, el respeto por la naturaleza, la crítica al consumismo y la búsqueda de una vida más libre y consciente, elementos que continúan inspirando a nuevas generaciones en distintos lugares del mundo.

 






En cambio en Chile, en la década de los años setenta y ante los grandes cambios que se estaban originando en el país, había jóvenes altamente ideologizados; sin embargo, también existían otros que pensaban de forma distinta y proclamaban la paz por sobre la violencia. Su llamado era a vivir en comunidad, compartiendo un pensamiento humanista y espiritual influenciado por SILO, movimiento liderado por el pensador argentino Mario Rodríguez Cobo, quien convocó a centenares de seguidores a un lugar llamado Punta de Vacas, junto al Aconcagua, en plena cordillera de los Andes. Allí se difundieron ideas vinculadas a la no violencia activa, la búsqueda de sentido y la transformación personal como camino para la transformación social, elementos que marcaron a una parte de la juventud latinoamericana de la época.

En 1970, entre los días viernes 10, sábado 11 y domingo 12 de octubre, se llevó a cabo el famoso festival chileno de Los Dominicos, conocido como Piedra Roja, imitando en parte lo que había sido Woodstock en Estados Unidos. Este evento fue convocado por un grupo de estudiantes del barrio alto y seguidores de las corrientes contraculturales de la época, realizándose en terrenos baldíos bastante alejados del centro de Santiago, de propiedad de un alto ejecutivo vinculado al Hipódromo de Chile. El empalme eléctrico, en tanto, fue facilitado por la madre de uno de los organizadores, reflejando el carácter improvisado y autogestionado del encuentro.

En esa reunión de rock y música participaron grupos como Los Blops, Eduardo Gatti, Agua Turbia y Los Jaivas, quienes interpretaron sólo algunas melodías debido a la gran cantidad de músicos que llegaron y a los problemas de organización frente a una convocatoria masiva. La precariedad de la infraestructura, la falta de coordinación y la espontaneidad propia del momento hicieron que el festival adquiriera un carácter casi mítico dentro de la historia de la contracultura chilena, siendo recordado como una experiencia inédita de encuentro juvenil en torno a la música, la libertad y nuevas formas de expresión cultural.

Miles de jóvenes se dieron cita en esta reunión musical sin distinción social, generando una fuerte reacción en sectores conservadores de la sociedad, que criticaron duramente la participación juvenil, acusando desórdenes, consumo excesivo de alcohol y drogas, e incluso situaciones de abuso que fueron ampliamente difundidas por la prensa de la época. Ante este escenario, la policía intervino y desalojó el lugar, contribuyendo a que el evento quedara envuelto en polémica.

Pese a las críticas, Piedra Roja marcó un hito en la cultura juvenil chilena, evidenciando la emergencia de nuevas sensibilidades artísticas, políticas y espirituales que dialogaban con los movimientos internacionales de la década. Asimismo, anticipó las tensiones sociales y generacionales que atravesarían al país en los años siguientes, en un contexto de creciente polarización política que culminaría con el quiebre institucional de 1973. De este modo, el festival no sólo fue un encuentro musical, sino también un símbolo de una época de búsqueda, utopía y transformación cultural dentro de la sociedad chilena.

En la población San Joaquín también se encontraban algunos seguidores de Silo, quienes convivían armoniosamente con algunos hippies que gustaban de la música popular y el canto nuevo. Estos dos grupos minoritarios dentro de la población causaban resquemores, ya que a los primeros los descalificaban como enajenados que solían rayar las murallas con consignas sin sentido, por ejemplo: “Sé tú mismo”. En cambio, a los otros los calificaban como drogadictos, adictos a la marihuana, no siendo un real aporte para la sociedad. Cabe resaltar que dentro de estos jóvenes se encontraba Claudio Salvo, de profesión actor, cuyos familiares vivían en los departamentos de la calle Rebeca Matte. El otro personaje, conocido como Pillín, era un artesano hippie que habitaba en la calle 1 Oriente.

El día martes 12 de octubre de 1971, en la población San Joaquín, se realizó un hecho sin precedentes. Días anteriores, un grupo de jóvenes comenzó a hacer un llamado a través de panfletos que decían: “Onda en la población San Joaquín, 12 de octubre. Trae tus instrumentos y sé tú mismo”. Es así que muchos jóvenes y mujeres fueron llegando durante ese día al “parque de las moscas”, ubicado en los sitios eriazos cercanos a las calles Rebeca Matte con Pedro Subercaseaux, emplazado en la avenida San Joaquín, actualmente Carlos Valdovinos.

Desde muy tempranas horas, los muchachos comenzaron a tocar sus instrumentos y bailar. Ante esta realidad, muchos vecinos mostraron su descontento, reprochando las conductas y el vestir de aproximadamente 150 jóvenes que se reencontraron en ese lugar. Sin embargo, ya entrada la tarde del martes llegó un grupo bastante numeroso de militantes pertenecientes al Partido Comunista, célula Che Guevara de la Brigada Ramona Parra, provistos de cadenas, laques y palos, con los cuales agredieron a los presentes. Cabe resaltar que en ese lugar se encontraban carabineros y policías de Investigaciones de San Miguel, quienes observaron pacientemente en un principio y nada hicieron, para posteriormente agredir a los convocantes y jóvenes, quienes corrían despavoridamente, ensangrentados, entre los edificios y las calles de la población San Joaquín.

Una de las primeras víctimas fue Claudio Salvo, quien fue agredido salvajemente por estas personas, que hicieron uso de manoplas y, a su vez, gritaban consignas partidistas a la Unidad Popular, insistiendo en que eran manipulados y enajenados del proceso que se estaba construyendo.

La señora Delfina González, cuyo domicilio era Rebeca Matte, departamento 31, auxilió y denunció públicamente la agresión de la que había sido objeto su pariente Claudio Salvo Villagrán, de 22 años. Además, acusó que su departamento fue atacado por varias personas, quebrando los vidrios ante la vista y paciencia de los detectives, quienes intentaban apresar al joven agredido.




Este lamentable hecho, fue  denunciado públicamente al diario el Mercurio y mencionado con el siguiente titular: “ Graves Incidentes Entre Jóvenes”.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”



Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes:
Julia Fredes
Diario el Mercurio (archivo personal)
Imágenes de la WEB.
Macarena Vinnett





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La JAP en la población San Joaquín

domingo, 17 de julio de 2011

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Salvador Allende, en su programa de política económica, había estatizado un sinnúmero de empresas nacionales, siendo la más importante CODELCO el 11 de julio de 1971. Esta nueva realidad permitió una considerable producción a niveles récord, y por tanto un mayor ingreso per cápita para los chilenos, además de fortalecer la soberanía económica del país sobre sus recursos naturales estratégicos. La nacionalización del cobre fue considerada un hito histórico que contó con amplio respaldo ciudadano y parlamentario, transformándose en uno de los pilares fundamentales del proyecto económico de la Unidad Popular.

En cambio, sectores de oposición al gobierno de la Unidad Popular, apoyados por la intervención de Estados Unidos, comenzaron una campaña de boicot contra la producción chilena, acaparando alimentos básicos y productos de primera necesidad para la población. A ello se sumaron presiones internacionales, restricciones crediticias y acciones destinadas a desestabilizar la economía interna, generando un clima de tensión social, inflación y dificultades en el abastecimiento cotidiano.

En 1971, Pedro Vuskovic, ministro de Economía, usando resquicios legales de la Dirección de Industria y Comercio, impulsará una nueva forma de distribución de los alimentos como respuesta frente al desabastecimiento que estaba produciendo desconcierto en el pueblo. Este modelo consistía en que, a través del comercio detallista principalmente almacenes de barrio mejoraría la entrega y distribución de los alimentos, permitiendo una organización más directa entre el Estado, los comerciantes y los consumidores. Ante esta situación nacerán las Juntas de Abastecimientos y Control de Precios (JAP), inspiradas en experiencias de organización popular de otros países latinoamericanos.

Las JAP fueron creadas en 1972 por la Dirección de Industria y Comercio (DIRINCO), mediante la resolución N.º 112 publicada en el Diario Oficial el 4 de abril de ese año. Cabe resaltar que estas unidades administrativas locales cumplían la misión de abastecer productos de consumo masivo en forma eficiente y equitativa frente al acaparamiento realizado por algunos empresarios, además de fiscalizar precios y promover la participación organizada de los vecinos en la distribución de bienes esenciales. Su funcionamiento se apoyaba en comités territoriales, registros de familias y coordinación directa con proveedores estatales y privados.

En la población San Joaquín, su aplicación comenzó el 8 de marzo de 1972 a través de la Junta de Vecinos, donde se inscribió a los dueños de almacenes para posteriormente fijar precios acordes al mercado y evitar la especulación, siendo estos valores otorgados por la Dirección de Industria y Comercio (DIRINCO). Además, la Junta solicitó una cuota voluntaria en apoyo de la Unidad Vecinal, lo que reflejaba un fuerte sentido de organización comunitaria y solidaridad entre los pobladores frente a las dificultades económicas del período.

Uno de los precios más significativos era el de la carne y el pollo; los propios dirigentes pidieron la cooperación de los vecinos para denunciar a comerciantes inescrupulosos del barrio que vendían mercadería a un valor mayor al establecido. Entre los alimentos escasos en la población se encontraban aceite, harina, detergentes, manteca, leche, azúcar, té, queso, arroz, mantequilla, lanas y géneros, entre otros productos indispensables para la vida cotidiana.

Hay un hecho que marcó a los pobladores de San Joaquín: dentro de la canasta familiar que contenía estos productos se agregó el famoso “chancho chino”, un producto en conserva cuyo contenido era carne similar al cerdo, enviado desde la República Popular China como ayuda solidaria ante la crisis que vivía Chile. Este alimento, recordado por generaciones, simbolizó tanto las dificultades del período como las redes internacionales de apoyo político y humanitario hacia el gobierno de la Unidad Popular.

Con el paso del tiempo, la experiencia de las JAP quedó grabada en la memoria colectiva de muchas comunidades populares, siendo recordada como una forma de organización social que buscó enfrentar el desabastecimiento mediante la participación directa de los vecinos. Más allá de las controversias políticas de la época, estas iniciativas reflejaron la importancia de la solidaridad, la acción comunitaria y el rol del Estado en la protección del bienestar social en momentos de profunda crisis nacional.

 



Cabe resaltar que el Sr. Enrique Cárcamo y Moisés Alderete, ambos dirigentes de la J.V. fueron los encargados de organizar a la población. Ellos no eran funcionarios del Estado, sino facilitadores que trabajaban ad honorem, otorgándoles atribuciones para resolver algún problema o designar a vecinos, como el Sr. Jorge Aravena, de militancia socialista, quien cooperó en forma mancomunada con esta nueva particularidad de distribución.

Dirigentes y vecinos se encargaron de encuestar a los pobladores, entregándoles un carné por familia en el cual iban anotados el nombre, dirección, cédula de identidad y la fotografía del representante familiar. Sin embargo, muchas personas reclamaron y se opusieron a la encuesta, aludiendo que solo favorecía a los adeptos de la Unidad Popular o a militantes de partidos políticos.

   



Las colas en los Almacenes Populares:

A medida que iban pasando los meses, el programa se fue fortaleciendo cada día más, aplicándose en la práctica el Poder Popular. Esta realidad era inaceptable para los opositores al Gobierno de la U.P. por tanto, buscaron mil formas para desestabilizar la JAP, acrecentando la carestía y fomentando el mercado negro, situación que llevó a la población de San Joaquín a realizar las famosas “colas”.

Los vecinos eran avisados cuando llegaba la mercancía; algunos madrugaban para obtener un buen lugar y alcanzar su cuota de alimentos, pero con la nueva modalidad de entregar tarjeta a toda la familia, muchos de ellos obtenían más beneficios que otros de forma desigual, produciéndose serias discusiones en la fila e incluso conatos de conflicto.

La panadería ubicada en 2 de Abril no daba abasto por la falta de harina; muchos habitantes debían ir caminando a la panadería situada en la calle Antofagasta para conseguir un kilo de pan.






Supermercados vacíos, tras el golpe reabrieron colmados  de mercaderías.

Se comenzó a correr la voz de que había desabastecimiento de productos básicos en todo el país, lo que dio origen, de forma más masiva, al mercado negro. Algunos comerciantes de la población utilizaron estas malas prácticas, pero fueron denunciados ante la DIRINCO por la propia Junta de Vecinos.

Frente a esta especulación surgió un descontento insostenible. Así, un grupo de mujeres del barrio alto hizo un llamado a marchar con las cacerolas vacías en señal de protesta el día 2 de diciembre de 1971, siendo escoltadas por jóvenes de la ultraderecha Patria y Libertad, quienes llegaron con cascos, nunchakus y sus camisas azules, gritando consignas en contra del presidente y golpeando a todo aquel que interviniera en su camino.


La Marcha de las cacerolas vacías 02.12.1971

Esta maniobra de desestabilización organizada por la I.T.T. y financiada por E.E.U.U. quedó desenmascarada al día siguiente del golpe de Estado, ya que de forma casi milagrosa, comenzaron a abastecerse supermercados y algunos locales comerciales del barrio con alimentos que habían faltado por muchos meses en los hogares de la población de San Joaquín. Esta repentina abundancia evidenció para muchos pobladores la existencia de un acaparamiento previo y de una estrategia destinada a generar malestar social, desconfianza en las instituciones populares y un clima propicio para la ruptura democrática.

Finalmente, el 15 de septiembre de 1973, a través de un comunicado dado a conocer por el Ministerio de Economía, se especificó que habían sido disueltas la Secretaría General de Distribución y la Junta de Abastecimientos y Precios (JAP), organismos que hasta entonces habían cumplido un rol fundamental en la organización comunitaria del abastecimiento y en la defensa del acceso equitativo a los productos básicos. Con su desaparición se cerró también una experiencia de participación popular que había articulado a vecinos, dirigentes sociales y organizaciones territoriales en torno a la distribución solidaria de alimentos.

Al año siguiente, la dictadura militar aplicó un sistema de almacenes reguladores dependiente de la Dirección de Industria y Comercio, modelo utilizado con anterioridad por el gobierno del general Ibáñez del Campo. Este consistió en poner en funcionamiento cincuenta almacenes móviles destinados a paliar las dificultades de abastecimiento en las poblaciones. Para ello, buses de la ETCE fuera de servicio fueron adaptados con despensas en su interior, mesones y ventanillas correderas, por las cuales las personas podían observar la mercadería y posteriormente adquirirla. Estos dispositivos recorrían distintos sectores populares, generando largas filas y transformándose en un nuevo punto de encuentro vecinal, aunque bajo un contexto político completamente distinto y sin la participación comunitaria que había caracterizado a las JAP.

En las poblaciones, el sistema funcionaba a través de las Juntas de Vecinos, que mediante una solicitud formal y la nómina de sus dirigentes postulaban a este beneficio. Posteriormente, la unidad vecinal informaba a los pobladores las fechas de visita, las que generalmente se realizaban dos veces por semana. Cabe resaltar que desde las bodegas de los almacenes reguladores salían diariamente toneladas de productos de primera necesidad. En una jornada normal se movilizaban, por ejemplo, treinta y dos tambores de aceite que regresaban vacíos, además de azúcar, harinas, conservas y otros alimentos que durante mucho tiempo habían permanecido ocultos, profundizando la crisis de desabastecimiento en Chile.

Este nuevo sistema de distribución, aunque permitió mitigar parcialmente la escasez en algunos sectores, también marcó el tránsito desde una organización basada en la participación popular hacia un modelo centralizado y controlado por la autoridad militar. De esta manera, el abastecimiento dejó de ser un espacio de construcción comunitaria y pasó a integrarse a la lógica administrativa del régimen, reflejando los profundos cambios políticos, sociales y económicos que vivía el país en aquellos años.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”



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Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
 realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes:
Rosita Flores C.
Imágenes de la WEB
Revista zig-zag
Macarena Vinnett





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La década de los años 1970 en la población San Joaquín.

miércoles, 13 de julio de 2011

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En la década de los años 70 hubo grandes cambios sociales y políticos en Chile, viviéndose momentos de gran tensión política. Se desarrollaban las elecciones de 1970 cuyos candidatos eran Jorge Alessandri Rodríguez, fiel representante de la derecha quien se postuló como candidato independiente. Por la Democracia Cristiana estaba Rodomiro Tomic, en cambio los sectores de izquierda los representaban el Partido Socialista, Comunista, Partido Radical, Izquierda Cristiana y el Movimiento de Acción Popular (MAPU), conformando de esta manera el bloque de la Unidad Popular representado por Salvador Allende Gossens.

En este proyecto político, Tomic postulaba a una vía comunitaria colectivizada, pero no estatista; en cambio Alessandri enfocaba su plan en el resguardo de la propiedad privada. El candidato de la coalición de izquierda, Salvador Allende, en su programa proponía una transición pacífica al socialismo que contemplaba la nacionalización del cobre y de las empresas más importantes del país, además de profundizar la reforma agraria y aplicar una serie de cuarenta medidas en las cuales estaba la creación del Poder Popular.

Tras el triunfo electoral de la Unidad Popular en septiembre de 1970, el nuevo gobierno inició un proceso de transformaciones económicas y sociales que marcaron profundamente la vida cotidiana de la población. Se impulsaron políticas de redistribución del ingreso, aumento de salarios, control de precios de productos básicos y ampliación del acceso a la salud, la educación y la alimentación infantil mediante programas como el medio litro de leche. Estas medidas generaron un amplio respaldo en sectores populares, pero también una fuerte oposición política, económica y mediática por parte de sectores conservadores y empresariales, lo que intensificó la polarización social.

En la población San Joaquín el ambiente estaba dividido, ya que en esos años existía una mayor presencia de demócratas cristianos, pero también estaban organizados los partidos de izquierda: Socialista, MAPU y Comunista. Uno de los dirigentes más destacados pertenecientes al Partido Comunista fue el señor Víctor Díaz López, quien llegó a la población en sus comienzos y tuvo una gran participación en la construcción de la Escuela Básica Mixta Nº 30, además de impulsar la organización vecinal y comunitaria.

La campaña de la Unidad Popular se llevó a cabo a través de grandes lienzos ubicados en los techos de las casas y frontis de los departamentos de la población. Asimismo, la Brigada Ramona Parra se encargó de pintar murales y consignas con el emblema de la Unidad Popular, siendo la propaganda política un factor fundamental en el triunfo del doctor Salvador Allende, quien se había postulado a la presidencia en cuatro ocasiones y en la última logró alcanzar el gobierno.

Con el paso de los años, la creciente conflictividad política, las dificultades económicas y las presiones internas y externas derivaron en una crisis institucional que culminó con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Este hecho significó el fin del gobierno de la Unidad Popular y el inicio de un periodo de dictadura militar que transformó profundamente la organización social, política y económica del país, afectando también la vida cotidiana de las poblaciones populares como San Joaquín, donde muchas organizaciones sociales fueron perseguidas o desarticuladas y sus dirigentes sufrieron detenciones, exilios o diversas formas de represión.

A pesar de este contexto adverso, en la memoria colectiva de la comunidad permanecieron las experiencias de organización, solidaridad y participación vividas durante los años previos, las cuales se convirtieron en un referente para las generaciones posteriores en la defensa de los derechos sociales y la reconstrucción del tejido comunitario.

 

 


Signo de la Unidad Popular

El diario El Mercurio, financiado por la CIA, realizó una millonaria campaña del terror en contra del candidato de la Unidad Popular, difundiendo frases como: “el verbo expropiar significa privar… primero expropiarán los resultados de su trabajo, después tus pensamientos… y más tarde tus hijos… Mujer chilena, el destino está en tus manos”.
En estampas religiosas de la Virgen del Carmen habían escrito una leyenda que decía: “Santa Virgen del Carmen, reina y protectora de Chile; ¡sálvanos de los ateos comunistas!”.

Esta campaña comunicacional se enmarcó en el contexto de la Guerra Fría, período en el cual Estados Unidos impulsó diversas estrategias políticas, económicas y propagandísticas en América Latina para impedir el avance de proyectos socialistas. En Chile, estas acciones incluyeron financiamiento a medios de comunicación, partidos políticos opositores y organizaciones sociales, buscando influir en la opinión pública mediante el miedo, la desinformación y la defensa de valores asociados al orden tradicional, la propiedad privada y la religión.

 Chileno, Chilena ¿quiere Ud. un despertar tranquilo el 5 de septiembre ? vote por Tomic

Discurso de Salvador Allende Estadio Nacional
Campañas presidenciales de Jorge Alessandri y Rodomiro Tomic

La primera presentación pública del grupo de la Unidad Popular
en la proclamación de Salvador Allende

El día viernes 4 de septiembre de 1970 los pobladores de San Joaquín se dispusieron a sufragar a tempranas horas en distintos puntos de la comuna de San Miguel, siendo uno de ellos la Escuela Consolidada del sector población Dávila, Escuela 30  y  en Gran Avenida, el Liceo Andrés Bello Nº 106. Los resultados se entregaron pasada la medianoche, dando la mayoría, aunque no absoluta, al socialista Salvador Allende.

Una vez entregados los últimos cómputos, vecinos, simpatizantes, militantes, mujeres y jóvenes salieron a festejar el triunfo en las calles de la población San Joaquín. El señor de apellido Faúndez, que vivía en Simón González y era trabajador de MADENSA la mayor industria de cocinas, refrigeradores y lavadoras en Chile, manejaba un camión en el cual trasladó hacia la Alameda a habitantes de nuestra población. Durante el recorrido por Gran Avenida se encontraron con caravanas de personas, e incluso camiones recolectores de basura sirvieron de transporte para el traslado de quienes se dirigían a manifestarse a la principal arteria de Santiago. Aquella noche estuvo marcada por cantos, banderas, abrazos y una profunda emoción colectiva que expresaba la esperanza de amplios sectores populares en la construcción de un país más justo y solidario.

Cabe resaltar que los resultados oficiales de la votación fueron 1.750.000 votos (36,3%) para Allende, 1.360.000 (34,9%) para Alessandri y 824.000 (27,8%) para Tomic. Según la Constitución, al no obtenerse una mayoría absoluta la mitad más uno de los votos correspondía al Congreso Pleno elegir entre las dos primeras mayorías al representante de la Nación. Es así que el compañero presidente asumió oficialmente la presidencia de Chile el 24 de octubre de 1970, con la aprobación del Congreso Pleno por dos tercios de los parlamentarios, sumando 153 votos contra 35 de Alessandri y 7 en blanco.

En los días posteriores, en barrios como la población San Joaquín, se organizaron reuniones vecinales, actos culturales y jornadas de discusión política donde se analizaban los desafíos del nuevo gobierno popular. Las organizaciones sociales, juntas de vecinos, centros de madres y sindicatos comenzaron a proyectar mejoras en vivienda, salud, educación y abastecimiento, confiando en que la participación activa del pueblo sería fundamental para impulsar las transformaciones prometidas. Este clima de movilización y compromiso social marcó profundamente la memoria colectiva de la población, dejando un recuerdo imborrable de unidad, esperanza y protagonismo popular en la historia de Chile.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

       Transmisión del mando de Eduardo Frei a Salvador Allende

La madrugada del 5 de septiembre, los primeros festejos en la Alameda frente a la FECH

Fuentes:
Domingo Sarmiento Camus
Fotografias
Diarios de la época
Revista Zig-Zag
Macarena Vinnett

Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, 
la historia de la población San Joaquín realizado por Radio 1º de Mayo

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Directivas y decretos de la Junta de Vecinos Nº4 Población San Joaquín

sábado, 9 de julio de 2011

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En la campaña Presidencial de 1962, Eduardo Frei Montalva propone un plan en el cual agruparía a organizaciones socio-comunitarias existentes en aquella época, como son: Juntas Centrales de Vecinos, Comités Vecinales, Centros Culturales, Clubes Deportivos, Centros de Madres, Centros Juveniles y Centros de Padres. Es así que nacerá la Consejería Nacional de Promoción Popular, instancia orientada a fortalecer la organización social, la participación comunitaria y la integración de los sectores populares en la vida pública del país.

Posteriormente, el 07 de agosto de 1968 se promulga la Ley 16.880 de Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias, otorgándoles estatutos legales y autonomía para su financiamiento, lo que permitió consolidar la organización territorial y funcional de los barrios, fortaleciendo la representación vecinal y la canalización de demandas sociales ante las autoridades.

Actualmente, la Ley 19.418 establece dos tipos básicos de organizaciones comunitarias: las territoriales y las funcionales. La primera corresponde a las Juntas de Vecinos, que son de carácter territorial y representativas de los pobladores del sector donde se encuentra localizada la Junta Vecinal, cuyo objetivo es velar por los derechos de los vecinos, promover el bienestar común y colaborar con las autoridades del Estado en materias de desarrollo comunitario, seguridad, mejoramiento urbano y convivencia social. Las organizaciones funcionales, en tanto, responden a intereses específicos de la comunidad, tales como cultura, deporte, educación, salud y acción social, permitiendo una participación más diversa de los habitantes del territorio.

La primera Junta Central de Vecinos se constituyó un 28 de agosto de 1960, llamada Junta de Vecinos Población San Joaquín. Posteriormente, el 15 de diciembre de 1970 se aprueban los estatutos de la Junta de Vecinos Nº 4 San Joaquín Poniente de la comuna de San Miguel. Estos documentos fueron firmados por el Presidente Salvador Allende Gossen y por José Tohá, ministro del Interior, siendo en marzo de 1971 ratificados y publicados en el Diario Oficial mediante el oficio Nº 27.883. Este reconocimiento legal consolidó la institucionalidad vecinal del sector y permitió fortalecer la organización de los pobladores en torno a sus necesidades comunes.

Cabe resaltar, que en la población San Joaquín los pobladores en sus comienzos se agrupaban de forma masiva para elegir a sus representantes vecinales en la ex Escuela Mixta Nº 30. Sin embargo, para tener voz y voto se debía ser socio, vivir en la población, ser mayor de edad y presentar la cédula de identidad. De esta manera se sufragaba por la continuidad de sus dirigentes o la incorporación de un nuevo representante ante la comunidad, reflejando un fuerte sentido de participación democrática y organización popular en el territorio.

Después del golpe de Estado, estas organizaciones territoriales fueron dirigidas por el Ministerio del Interior. Sobre el mandato de las Juntas de Vecinos se aplicó el Decreto Ley Nº 349 y, en 1975, fue publicado en el Diario Oficial el Decreto Nº 897, que imposibilitaba a las personas consideradas discapacitadas física y moralmente a ejercer un cargo público, aplicándose este último a quienes tenían un pasado político. En este contexto, la autonomía de las organizaciones vecinales se vio fuertemente restringida, limitando la participación ciudadana y el desarrollo comunitario independiente.

Los candidatos a ejercer un cargo dentro de las Juntas de Vecinos eran directamente asignados por el alcalde de turno y supervisados por el Ministerio del Interior, lo que significó una pérdida de los mecanismos democráticos de elección vecinal que habían caracterizado los años anteriores. A pesar de estas restricciones, la organización comunitaria continuó siendo un espacio de encuentro, solidaridad y apoyo mutuo entre los pobladores, permitiendo mantener vivas las redes sociales del barrio y la identidad colectiva de la comunidad.

 

 

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

 





Cédula de identidad usada para sufragar en la década de los años 1960, se destaca la información que  contiene.

Listado de Dirigentes Vecinales:

Una de las primeras Directivas de la Junta Central de Vecinos
Presidente:       Sr. Ulises Riveros.
Tesorero:         Sr. Alberto Montoya.
Secretario:       Sr. Dino Andreotti
Director:          Sr. Vidal.

Directiva año 1966
Presidenta:       Sra. Silvia Silva Jara
Secretario:       Sr. Jorge Varas Montero
Pro secretario:  Sr. Sergio Marín Steven
Tesorero:        Sr. Misael Mella Ayala
Pro tesorera:   Sra. Fresia Beltrán de Campos
Directores:      Sr. Mario Marín Lazcano
                      Sr. Guillermo Muñoz Osses
                      Sr. Santiago Bustamante C.
                      Sr. Lautaro Fuentes Fuentes
                      Sr. Nolberto Lorca Alcaíno

Directiva año 1967

Presidente:       Sr. Pedro Lobos Vargas
Secretario:       Sr. Jorge Recabarren Barahona
Tesorero:         Sr.  Francisco Soto Yañez
Pro-tesorero:   Sr. Roberto Yusseff
Director:          Sr. Miguel Cerón Saéz
Director:          Sr. Guillermo Muñoz Osses
Director:          Sr. Luis A. Díaz
Director:          Sr. Pedro Flores

 Directiva  año 1968
Presidente:         Sr. Adrián Vega
Vicepresidente:  Sr. Francisco Soto Y.
Secretario:         Sr. Rubén Cubillos
Pro-secretario:   Sr. Jorge Recabbarren
Tesorero:           Sr. Francisco Quezada
Pro-tesorero:     Sr. Miguel Valenzuela
Directores:         Sr.Guillermo Muñoz
Directores:         Sra. Berta Reinberg
Directores:         Sr. Rolando Trujillo

Directiva año 1971

Presidente:           Sr. Adrián Vega Vega
Vice-presidente:  Sr. Fredy Allende Matus
Secretario:          Sr. Moisés  Palacios Valenzuela
Pro-secretario:   Sr. Enrique Cárcamo
Tesorero:           Sr. Moisés Alderete
Pro-tesorero:     Sr. Mario Koch
Directores:        Sra. María Venegas Pérez
Directores:        Sra. Clara Condori

Directiva año  1973
Presidente:          Sr. Enrique  Cárcamo Mancilla
Vice-presidente  Sra. Berta Reinberg Ormazabal
Secretario:          Sr. Ramón Navia Aguilera
Pro-secretario:    Sr. Andrés Navarrete Quiroz
Tesorero:            Sra. Ester 0’nell Campos
Pro-tesorero:      Sr. Eduardo Valencia Echeverría
Director:             Sra. Eliana Cabrera

Directiva año  1976

Presidente:           Sr. Enrique Cárcamo
Vice-presidente:   Sr. Luis Carter
Secretaria:            Sr.a Elisa Durán
Tesorera:             Sra. Isabel Rosas
Directores:           Sr. Guillermo Aravena
Representación ante  CEMA :   Sra. Domófilia Fuentes

Directiva año 1990

Presidente:          Sr. Carlos Bustamante
Vice-presidente:  Sr. Luis E. Muñoz
Secretaria:          Sra. Rosa Ugarte R.
Tesorera:           Sra.Luz Castillo R.
1º Director:        Sr. Julio Aravena F.

Actual Directiva año 2010

Presidenta:       Sra. Luz Castillo Rivera.
Secretaria:       Sra. Isabel Rosa.
Tesorero:         Sr. Leopoldo Sramiento.
1ª Directora:    Sra. Uberlinda Rodríguez
 



Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, 
la historia de la población San Joaquín Realizado por Radio Primero de Mayo

Fuente:
Documentación  JJVV
Archivo Nacional
Leopoldo Sarmiento
Carlos Bustamante
Macarena Vinnett


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