La cultura en la población San Joaquín

sábado, 30 de julio de 2011

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Durante la década de los años 1970, durante el período de la Unidad Popular, la cultura cobró una real importancia dentro del proyecto político del nuevo gobierno, mejorando los niveles educacionales de alfabetización e integrando a todas las artes, además de proporcionar el acceso a la cultura de manera gratuita en los sectores más postergados. Este impulso cultural no solo se expresó en la ampliación de la educación formal, sino también en la promoción de espacios comunitarios, bibliotecas populares, centros culturales y actividades artísticas abiertas a la ciudadanía, fortaleciendo la participación social y el sentido de identidad colectiva.

Para llevar a cabo este programa nacerá la editorial Quimantú (sol del saber en mapudungun), cuyo objetivo era introducir la lectura a través de libros con temáticas sociales y literatura universal a muy bajo costo, imprimiéndose aproximadamente diez millones de ejemplares entre los años 1971 y 1973. Sus colecciones, accesibles para trabajadores, estudiantes y familias, circularon ampliamente en poblaciones, sindicatos, escuelas y ferias del libro, contribuyendo a democratizar el conocimiento y a fomentar el hábito lector en amplios sectores de la sociedad.

Junto con ello, se impulsaron iniciativas como la difusión del teatro popular, la música comprometida y el cine chileno, expresiones que buscaron reflejar la realidad social del país y promover valores de solidaridad, justicia y transformación social. La cultura pasó así a ser entendida como un derecho y una herramienta de participación ciudadana, integrándose de manera activa al proceso de cambios que vivía Chile en aquellos años.

En cuanto a la música, ya venia desarrollándose por los años 60 la nueva canción chilena que en la década de los años 70 se caracterizó por un canto con contenido social enmarcado a la evolución de la sociedad de ese entonces, contribuyendo activamente al proceso de la Unidad Popular. Así podemos encontrar Canto al Programa y las 40 medidas. Victor Jara, Quilapayún, Rolando Alarcón y otros grupos musicales generaron producciones musicales orientados a crear una verdadera conciencia política en los chilenos, temas como: las Casitas del Barrio Alto, las Ollitas, Enano Maldito fueron canciones que buscaban de está manera reírse del enemigo político de ese entonces y erradicar el canto en inglés influenciado por factorías extranjeras.

Este movimiento artístico no solo se expresó en la música grabada, sino también en peñas, actos culturales, centros comunitarios y espacios sindicales, donde el canto colectivo fortalecía la organización popular y la identidad de clase. La guitarra, el charango, el bombo y otros instrumentos de raíz latinoamericana pasaron a ocupar un lugar central, rescatando tradiciones folclóricas que habían sido desplazadas por la industria cultural dominante.

Asimismo, la nueva canción chilena se vinculó estrechamente con procesos similares en América Latina, compartiendo un espíritu de integración continental, denuncia social y esperanza transformadora. Las letras abordaban la injusticia, la desigualdad, la vida del trabajador y la dignidad de los pueblos originarios, convirtiéndose en una herramienta pedagógica y de movilización política.

Tras el quiebre democrático de 1973, muchas de estas expresiones fueron perseguidas, censuradas o forzadas al exilio, sin embargo, su legado logró mantenerse vivo en la memoria colectiva, transmitiéndose de generación en generación como parte fundamental de la historia cultural y social de Chile. De este modo, la nueva canción chilena continúa siendo un referente de compromiso artístico, resistencia y construcción de conciencia crítica en la sociedad.


El teatro y la danza llegó a las poblaciones populares, es así que compañías extranjeras como Rusas o Chinas se presentaron en espacios públicos abiertos en las más mínimas condiciones, pero con una calidad artística sin igual, ofreciendo funciones gratuitas y otorgándole a el pueblo por primara vez la oportunidad de presenciar distintas disciplinas artísticas.
La pintura a través del muralismo se fue introduciendo en las poblaciones, es así que en 1971 él mismísimo Roberto Matta, artista vanguardista chileno y reconocido a nivel mundial, realizó un mural en la comuna de La Granja llamado: “el primer gol del pueblo chileno” apoyado por la Brigada Ramona Parra.
Estos murales retrataban la sociedad con múltiples formas y colores, pero siempre con una temática política social en dónde el poblador, la mujer, el obrero era parte del trabajo artístico.

De esta manera, el arte dejó de ser una expresión lejana o reservada a espacios tradicionales, instalándose en la vida cotidiana de las comunidades y transformándose en una herramienta de encuentro, identidad y organización social. Las actividades culturales convocaban a niños, jóvenes y adultos, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la participación colectiva en torno a la creación artística.

Asimismo, estas manifestaciones permitieron que surgieran artistas populares y agrupaciones locales que comenzaron a desarrollar sus propias propuestas teatrales, coreográficas y pictóricas, muchas veces vinculadas a la realidad social de su entorno. El arte comunitario se convirtió entonces en un medio de expresión y memoria, reflejando las aspiraciones, luchas y esperanzas del pueblo, y consolidando un patrimonio cultural que perdura hasta la actualidad en diversas poblaciones del país.

 

 




En cambio en la población San Joaquín, habían nacidos grupos culturales influenciados por temáticas folclóricas y teatrales. Entre ellos nace 1974 el conjunto folclórico Hamaycan y en 1976 el grupo UYUNI que funcionaba en la sede del club deportivo Católico, éstos jóvenes autogestionados y apoyados por sus familiares realizaron distintas actividades como: peñas folclóricas, fondas y además exposiciones artísticas siendo una de las más destacadas "la feria expositora de bailes e instrumentos del sur y norte del país".
Cabe resaltar que su fundador fue don Humberto Serey, posteriormente asumirán nuevos directores entre ellos: Marta Barrera, Julio Arellano y Luis Silva.
El grupo UYUNI estaba compuesto por jóvenes cristianos y otros más idealista, pero siempre trabajando en forma mancomunada rescatando el folclore tradicional. En el año de 1978 en plena dictadura, un pequeño grupo de integrantes del Uyuni decide hacer dentro de éste contexto, la primera peña folclórica en la sede el club El Católico, es así que en ese lugar se dieron cita músicos connotados cómo: Jorge Yañez, Nano Acevedo y algunos artistas locales, al encuentro llegó mucha gente proveniente de distintos puntos de la capital que se encontraron casi clandestinamente, cabe resaltar que en forma decida a través del arte y la música protestaron ante las violaciones a los Derechos Humanos que se estaban dando en forma sistemática contra el pueblo en aquellos años tan dificiles en Chile.
Dentro de está generación se encontraba otros grupos que funcionaron posteriormente bajo el alero de la Parroquia San Mateo cómo: Mestizo, Coñaripe dirigido por su director Juan Flores, quién fomentaba el folclor nortino a través de presentaciones de diabladas norteñas, una de ella fue en la Escuela mixta Nº30 y diferentes lugares en la población.

Estas experiencias culturales no solo fortalecieron la identidad comunitaria, sino que también permitieron sostener espacios de encuentro y organización en tiempos de profunda represión social. A través de la música, la danza y el teatro, los jóvenes y sus familias lograron mantener viva la memoria colectiva, transmitiendo tradiciones populares y generando redes de solidaridad entre vecinos.
Con el paso de los años, muchos de estos integrantes continuaron vinculados al quehacer cultural y social de la comuna, participando en actividades parroquiales, centros culturales y organizaciones territoriales que buscaban recuperar la vida comunitaria. De esta manera, el trabajo iniciado en la década de los setenta dejó una huella perdurable en la historia cultural de la población San Joaquín, convirtiéndose en un testimonio de resistencia pacífica y de compromiso con las expresiones artísticas del pueblo.




Conjunto Uyuni Gerardo Montoya y Chino Montoya

No podemos dejar de mencionar que una de las características que simbolizan a la población San Joaquín, como un lugar donde la cultura y el arte han estado siempre presentes, manifestándose de mil formas a través de la danza, el teatro, la pintura, la música, la poesía y el folclore.

Con el pasar de los años nacerán grupos como Ayllarehue y Ayrampú, en el rescate del canto popular.

Personajes importantes dentro del ámbito cultural en la población San Joaquín han sido: don Pedro Miranda, músico y gestor cultural perteneciente al SICUCH; Gustavo Tapia, célebre profesor de violín que formó en esta disciplina a varios jóvenes de la población; la señora Esther Iglesia, quien ha encantado con su poesía a lo largo de los años, Chino Montoya con la palabra escrita y el maestro Jorge Abril, destacado pianista de la Orquesta Filarmónica y reconocido a nivel nacional por su aporte en la televisión.

El renombrado compositor y cantante nacional Nino García tuvo su residencia en la calle Central; actualmente, esa arteria lleva el nombre de Central Nino García en homenaje póstumo hacia él.

Al respecto, conviene decir que la cultura en la población San Joaquín no solo fue parte de este período, sino que, con el transcurso de los años, aparecerán nuevas formas y otros estilos que daremos a conocer en la década que corresponda.




 Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes: Alberto Montoya
Fotos: Chino Montoya
Fotos: Polo Sarmiento
Fotos: de la WEB
Macarena Vinnett