El paso de Salvador Allende en la población San Joaquín

domingo, 16 de octubre de 2011

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En la cuarta candidatura y en plena campaña presidencial de 1970, el Doctor Salvador Allende recorrió un sinnúmero de poblaciones a nivel nacional, propiciando que en Chile, a través de la vía democrática al Socialismo, era posible y se concretarían profundos cambios sociales, económicos y políticos en el país.
Si bien es cierto, ésta era la última campaña en la cual se postulaba como candidato a la presidencia, pero esta vez apoyado por diferentes coaliciones de izquierda, convirtiéndose así en el presidenciable de la Unidad Popular.

Dentro de esta nueva campaña electoral, la Sra. María, viuda de Salcedo, nos relata que en el mes de mayo de 1970 y próximo al Día del Trabajador, el Doctor Allende cruzó por la población San Joaquín en dirección a la Población La Victoria. El ingreso a la población del candidato fue junto a su comitiva por la calle Subercaseaux, en donde algunas mujeres lo reconocieron agitando sus pañuelos, en cambio otras fueron indiferentes ante la visita ilustre.

Sin embargo, a medida que avanzaba su recorrido, comenzaron a reunirse vecinos y vecinas que salían desde sus casas para observar de cerca al candidato, generándose un ambiente de expectación y esperanza entre quienes veían en su propuesta una posibilidad real de transformación social. Muchos recordaban sus anteriores campañas y valoraban su persistencia, su cercanía con el pueblo y su constante presencia en los territorios más postergados.

El paso de Allende por estos espacios populares no solo tenía un carácter electoral, sino también simbólico, ya que reafirmaba el vínculo entre el proyecto político de la Unidad Popular y las demandas históricas de las poblaciones obreras. Su discurso, centrado en la justicia social, la dignidad del trabajo y la participación del pueblo en las decisiones del país, encontraba eco en sectores que por años habían sido marginados del desarrollo nacional.

De esta manera, la campaña de 1970 fue adquiriendo un carácter profundamente participativo, donde las poblaciones se transformaron en escenarios de organización, diálogo y compromiso colectivo, fortaleciendo la convicción de que un cambio estructural podía alcanzarse por medios democráticos y con el protagonismo del propio pueblo.

 

 


Otro hecho significativo que cuenta el poblador Ignacio Silva Cisterna, fue el recorrido que hizo Fidel Castro al interior de la población San Joaquín. En su visita a Chile, Fidel pide conocer la población La Victoria a raíz de la lucha que los pobladores habían dado por la recuperación de sus tierras. El ingreso hacia la mencionada población lo hizo por la calle Simón González, él relata que pasó caminando junto a una comitiva de políticos y resguardado por un número no determinado de agentes y guardaespaldas que lo acompañaron durante todo el trayecto.

Cabe resaltar que el revolucionario cubano aterrizó en un avión soviético el 10 de noviembre de 1971, cuyo objetivo era visitar la nación en sólo 10 días, pero estuvo veinticinco días recorriendo todo Chile.
El primer ministro cubano visitó: Chuquicamata, Concepción (las minas de Lota), Iquique y Puerto Montt. Castro recorrió el país casi en su totalidad; en cada ciudad habló y se refirió al proceso chileno, a las divergencias ideológicas y a la unidad de las fuerzas populares, señalando que en cada barrio se conformaran comités de vigilancia como el modelo cubano, en el cual cada manzana tenía un jefe, permitiendo de esta manera cuidar el proceso ante la sedición de algunos contrarrevolucionarios.
Fidel Castro, antes de su partida, recibió un acto simbólico en el Estadio Nacional, donde la consigna fue: “Cuba, Cuba, Chile te saluda.”

Su prolongada estadía generó un profundo impacto en la vida política y social del país, despertando tanto entusiasmo en los sectores populares como críticas en la oposición, que observaba con preocupación la cercanía entre el gobierno chileno y la revolución cubana. En distintos encuentros con trabajadores, estudiantes y organizaciones sociales, Castro insistió en la importancia de la participación del pueblo en la defensa de sus conquistas, valorando especialmente las experiencias de organización territorial que se desarrollaban en poblaciones como La Victoria.

Para muchos pobladores, su presencia significó un reconocimiento simbólico a las luchas por la vivienda, la dignidad y la justicia social, quedando en la memoria colectiva como un momento excepcional en que la política internacional se hizo cercana y visible en las calles de los barrios populares. Estos recuerdos, transmitidos de generación en generación, forman parte del patrimonio histórico y emocional de la comunidad, reforzando la identidad de resistencia y organización que ha caracterizado a estos territorios a lo largo del tiempo.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

Extracto del libro y radio teatro Voces con Historia, realizado por
Radio Primero de Mayo
Fuentes:
Maria viuda de Salcedo
Ignacio Silva Cisterna (nacho)
Fotos Revista Zig-Zag S.A.
Macarena Vinnett 
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Los terremotos en la población San Joaquín

sábado, 10 de septiembre de 2011

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Chile es un país altamente sísmico, llegando incluso a cambiar su geografía siendo considerado cómo uno de los territorios más activo del planeta, ya que está ubicado en el cinturón de fuego del pacífico.
La población San Joaquín con más de 50 años de vida, ha experimentado tres terremotos, cada uno de ellos ha impactado a la población de diferentes formas: miedo, terror y daños estructurales significativos que en algunos casos han obligado a pobladores a vender sus departamentos a precios muy bajos, como ocurrió en el año 1985.
A través de los relatos de los propios pobladores y diferentes investigaciones, daremos a conocer cómo ellos han vivido esta amarga experiencia e incluso abandonado el lugar que los vio crecer.

Terremoto 1971 Gobierno de la Unidad Popular

Fue el primer terremoto que vivieron los pobladores de la población San Joaquín. Ocurrió la noche del jueves 8 de julio de 1971 a las 23:04 horas, con una magnitud de 7,75 en la escala de Richter, situándose el epicentro en Illapel, zona norte del país.
El primer mandatario Salvador Allende, a través de radios y canales de televisión, inició su intervención agradeciendo la ayuda internacional llegada en forma inmediata desde Perú y Argentina, además del primer ministro Fidel Castro, el Secretario General de la OEA, el presidente de la República Democrática Alemana, Vietnam del Norte e Italia, designando a tres ministros en campaña que estarían a cargo de dirigir la ayuda inmediata a los sectores más afectados.
Los informes entregados después de dos días señalaron que hasta ese momento había 64 víctimas fatales, 135 heridos graves, 48 de mediana gravedad y 112 personas con lesiones leves.
Las provincias de Valparaíso, Aconcagua y Coquimbo sufrieron entre un 35 % y un 40 % de daños de consideración. Las zonas de Illapel, La Ligua, Salamanca, Petorca, Llayllay y Los Vilos fueron los sectores más afectados, con cerca de un 60 % de destrucción que dejó numerosas viviendas inhabitables.

En la población San Joaquín, aunque los daños estructurales no alcanzaron los niveles de las zonas más cercanas al epicentro, el impacto emocional fue profundo. Muchas familias pasaron la noche en patios, calles y espacios abiertos por temor a nuevas réplicas, organizándose de manera solidaria para compartir abrigo, alimentos y contención.
Los comités de vecinos, las juntas de abastecimiento y las organizaciones sociales jugaron un rol fundamental en la coordinación de la ayuda, reflejando el espíritu comunitario propio de aquellos años. La experiencia del terremoto fortaleció los lazos entre los pobladores, quienes comprendieron la importancia de la organización colectiva frente a la adversidad.

Asimismo, este acontecimiento marcó la memoria de toda una generación que por primera vez enfrentaba una catástrofe natural de gran magnitud. Los niños y jóvenes crecieron escuchando los relatos de aquella noche, mientras los adultos incorporaron nuevas prácticas de prevención, como identificar zonas seguras, mantener reservas básicas y participar en simulacros comunitarios impulsados posteriormente.

Con el paso del tiempo, el recuerdo del terremoto de 1971 quedó inscrito no solo como un episodio de destrucción, sino también como un momento de solidaridad, aprendizaje y resistencia comunitaria que forma parte de la historia viva de la población San Joaquín.


El presidente de la República, al día siguiente del terremoto, arribó al territorio más perjudicado, comprobando in situ la magnitud de la catástrofe y declarándolo como Zona de Emergencia, nombrando como jefe zonal al mismísimo general de ese entonces, Augusto Pinochet Ugarte.


En la Región Metropolitana, los estragos causados por el terremoto la noche del jueves y vividos por los pobladores de San Joaquín fueron, primeramente,  miedo, al ver que sus departamentos se movían como “cajitas de fósforos” de un lado para otro. Los vecinos rápidamente salieron de sus casas y departamentos, refugiándose en sectores más despoblados, siendo las plazas y sitios eriazos puntos de encuentro de los ciudadanos. Esta situación se produjo a raíz del temor por las constantes réplicas de mediana intensidad que persistieron durante toda la noche, obligándolos a pernoctar a la intemperie.

La magnitud del sismo provocó cortes de luz eléctrica y los pocos teléfonos que existían en la población no estaban funcionando. Una de las mayores inquietudes que presentaban los habitantes de San Joaquín eran las copas de agua que abastecían a los moradores, ubicadas en los techos de los edificios, que contenían cientos de litros de este vital elemento; afortunadamente, la estructura no colapsó.

Este fue el primer movimiento telúrico de importancia vivido por los residentes de la población; sin embargo, solo causó daños estructurales en algunos edificios y caídas de panderetas colindantes con otras casas vecinas. Víctimas fatales no se registraron.

El gobierno de Salvador Allende realizó una campaña de reconstrucción a nivel nacional llamada “El Tren de la Solidaridad”, que partió desde Puerto Montt, pasando por todo el sur y centro de Chile hasta llegar al norte, una de las zonas más afectadas. La particularidad de este viaje fue que, en cada estación donde paraba el tren, era cargado con la ayuda fraterna de la gente más sencilla del pueblo. Además, a esto se sumaron los trabajos voluntarios de profesionales y estudiantes de las carreras de medicina, ingeniería y arquitectura.

Cabe resaltar que, para esta exitosa cruzada, se confeccionó un afiche multicolor cuyo eslogan decía: “Chile reconstruye unido”.

 



Posteriormente, en las semanas siguientes al terremoto, un 21 de julio de 1971 hubo en Santiago y en el sur del país otro fenómeno de carácter climático de gran importancia, que se manifestó con torrenciales lluvias para luego pasar a agua nieve y, posteriormente, a una nevada que cubrió de blanco a la población San Joaquín.
Durante esa misma noche, los niños, acompañados de adultos, vieron por primera vez caer nieve; a la mañana siguiente se observó cómo familias completas salían de sus casas a jugar con la nevisca caída durante la noche anterior.


¿Qué pasó en la población San Joaquín el 3 de marzo de 1985?
Muchas familias se encontraban a esa hora en sus casas terminando la merienda de once, por tanto se encontraba todo el núcleo familiar reunido, es así que comenzó un leve ruido que con el paso de los segundos se fue acrecentado más fuerte, las casas comenzaron a moverse en forma ondular, los ventanales de la Escuela 30 se sacudían fuertemente e incluso algunos vidrios reventaron, gente apostada en el umbral de sus puertas de entradas y gritos de pánicos se escuchaban. Esta situación concluyó después de 90 segundos, sin embargo en los edificios la situación no era distinta, muchas personas salieron corriendo a refugiarse en la calles y observaron cómo la edificación se movía de un lado a otro en forma elástica, lo más impactante fue ver las copas de agua habían colapsado, inundando los quintos pisos.
Una vez finalizado el terremoto, los pobladores ingresaron a los departamentos encontrándose con grietas en las murallas, las lozas quebradas, cañerías rotas y levantamiento de pisos, razón por la cuál muchos habitantes durmieron al intemperie por varios días en improvisadas carpas hasta que ellos en forma mancomunada realizaron los arreglos en sus viviendas.
El entorno de la población en ese momento fue de pánico, muchos vecinos salían corriendo en busca de sus familiares, algunos almacenes bajaron sus cortinas y los menos siguieron funcionando, no había locomoción colectiva de ningún tipo, por está razón el régimen militar ordenó la salida de efectivos militares para proteger y resguardar algunas poblaciones y centro de Santiago ante posibles saqueos.
El alcalde de San Miguel, dispuso varios refugios para las familias damnificadas, pero muchos grupos se rehusaron por temor al robo de sus pertenecías.
La ayuda para los afectados demoró en llegar, por tanto fueron los mismos pobladores que se organizaron conformando comités para juntar dinero y hacer arreglos. En cambio la municipalidad costeó e hizo sacar las copas de agua a los meses siguientes, SERVIU sólo reparo algunos edificios.
Un hecho anecdótico ocurrió posteriormente a la catástrofe, él General en Jefe Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, visitó la población sin embargo, éste no fue bienvenido y tuvo poca acogida por los pobladores e inclusos algunos más osados lo increparon durante su corta estadía en la población San Joaquín.



Terremoto 2010 Gobierno de Sebastián Piñera Echenique

Este último movimiento telúrico, ha sido el más violento vivido por los habitantes de la cincuentenaria población San Joaquín, es así que en la madrugada del sábado 28 de febrero a las 03:34 minutos se sintió un fuerte desplazamiento sísmico alcanzando una magnitud de 8,8º cuya duración fue de 2 minutos 45 segundos, afectando las regiones de Valparaíso, Metropolitana, O’higgins, Maule, Biobío y la Araucanía.
Aquella madrugada del 28 de febrero, los habitantes de la población despertaron violentamente ante un ruido que provenía aparentemente de la tierra, el sismo alcanzó un grado de violencia que en muchos casos las personas no se podía mantener en pié, haciendo dificultosa la bajada por las escaleras. Fueron muchas las familias que salieron huyendo desde sus departamentos al sentir la gran magnitud del movimiento, desde la calle se podía observar cómo los edificios se movían de un lado a otro, los cables eléctricos chocaban entre sí, produciéndose con el contacto chispas y cortes cayendo a tierra, los pájaros despavoridos salían volando sin dirección y los perros ladraban en forma escandalosa ante una luna llena que iluminaba notablemente la noche.
Aquella madrugada de terror, muchos habitantes se mantuvieron fuera de sus casas por temor a las réplicas que se producían. Una vez que fue amaneciendo, los pobladores se retiraron a sus domicilios encontrándose sin luz eléctrica, agua potable en algunos casos, daños materiales en enceres y estructurales cómo: grietas, desprendimientos de cerámicos, caídas de ventanas, cañerías rotas inundando algunos departamentos y en algunos techo los resumideros colapsaron.
Al día siguiente de la sacudida, la Junta de Vecinos Nº 4 de la población San Joaquín, realizó un catastro por toda la población verificando los daños y visitando lugares de atención al público, para posteriormente convocar a una asamblea general a la cuál llegaron más de 500 vecinos dónde informaron sobre su situación. Ante esto se confeccionaron listados con los antecedentes de los pobladores para posteriormente hacerlo entrega lo antes posible al Municipio de Pedro Aguirre Cerda.
En esa misma reunión, los vecinos en forma categórica denunciaron que se habían enviado profesionales de parte de la Alcaldía, pero estos chequearon las viviendas en forma superficial, no entregando la confianza sobre seguir habitando en ella, en muchos casos fueron los propios pobladores que contrataron a personas capacitadas para una buena evaluación de habitabilidad.
Finalmente la ayuda de parte de SERVIU, se concretizó en abril del 2011 un año después de la tragedia, cuyos arreglos fueron techumbres, parches al interior de los departamentos y casas afectadas.

Durante los meses posteriores, la vida cotidiana de la población se vio profundamente alterada, debiendo muchas familias reorganizar sus espacios, compartir viviendas con parientes o improvisar soluciones provisorias mientras esperaban respuestas institucionales. La solidaridad entre vecinos se transformó en un elemento fundamental, organizándose ollas comunes, redes de apoyo para adultos mayores y turnos de vigilancia nocturna ante la incertidumbre y el temor que aún provocaban las constantes réplicas.

Asimismo, distintas organizaciones sociales y comunitarias colaboraron en la entrega de ayuda material, ropa, alimentos no perecibles y útiles de primera necesidad, demostrando que frente a la adversidad la comunidad mantenía un fuerte sentido de unidad y cooperación. Este proceso también evidenció las carencias estructurales en materia de vivienda y planificación urbana que por años habían afectado a los sectores populares, reabriendo el debate sobre el derecho a una vivienda digna y segura.

Con el paso del tiempo, la memoria del terremoto del 2010 quedó inscrita en la historia colectiva de la población San Joaquín como uno de los acontecimientos más difíciles enfrentados por sus habitantes, pero también como una muestra de resistencia, organización y dignidad comunitaria. La experiencia dejó aprendizajes en materia de prevención, organización vecinal y respuesta ante emergencias, fortaleciendo los lazos sociales que han caracterizado históricamente a este territorio.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

 






Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia,
la historia de la población San Joaquín.
Realizado por Radio Primero de Mayo 

Fuentes:
Diarios de la época 
Testimonio de Juan López G.
Macarena Vinnett
Fotos: WEB








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La cultura en la población San Joaquín

sábado, 30 de julio de 2011

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Durante la década de los años 1970, durante el período de la Unidad Popular, la cultura cobró una real importancia dentro del proyecto político del nuevo gobierno, mejorando los niveles educacionales de alfabetización e integrando a todas las artes, además de proporcionar el acceso a la cultura de manera gratuita en los sectores más postergados. Este impulso cultural no solo se expresó en la ampliación de la educación formal, sino también en la promoción de espacios comunitarios, bibliotecas populares, centros culturales y actividades artísticas abiertas a la ciudadanía, fortaleciendo la participación social y el sentido de identidad colectiva.

Para llevar a cabo este programa nacerá la editorial Quimantú (sol del saber en mapudungun), cuyo objetivo era introducir la lectura a través de libros con temáticas sociales y literatura universal a muy bajo costo, imprimiéndose aproximadamente diez millones de ejemplares entre los años 1971 y 1973. Sus colecciones, accesibles para trabajadores, estudiantes y familias, circularon ampliamente en poblaciones, sindicatos, escuelas y ferias del libro, contribuyendo a democratizar el conocimiento y a fomentar el hábito lector en amplios sectores de la sociedad.

Junto con ello, se impulsaron iniciativas como la difusión del teatro popular, la música comprometida y el cine chileno, expresiones que buscaron reflejar la realidad social del país y promover valores de solidaridad, justicia y transformación social. La cultura pasó así a ser entendida como un derecho y una herramienta de participación ciudadana, integrándose de manera activa al proceso de cambios que vivía Chile en aquellos años.

En cuanto a la música, ya venia desarrollándose por los años 60 la nueva canción chilena que en la década de los años 70 se caracterizó por un canto con contenido social enmarcado a la evolución de la sociedad de ese entonces, contribuyendo activamente al proceso de la Unidad Popular. Así podemos encontrar Canto al Programa y las 40 medidas. Victor Jara, Quilapayún, Rolando Alarcón y otros grupos musicales generaron producciones musicales orientados a crear una verdadera conciencia política en los chilenos, temas como: las Casitas del Barrio Alto, las Ollitas, Enano Maldito fueron canciones que buscaban de está manera reírse del enemigo político de ese entonces y erradicar el canto en inglés influenciado por factorías extranjeras.

Este movimiento artístico no solo se expresó en la música grabada, sino también en peñas, actos culturales, centros comunitarios y espacios sindicales, donde el canto colectivo fortalecía la organización popular y la identidad de clase. La guitarra, el charango, el bombo y otros instrumentos de raíz latinoamericana pasaron a ocupar un lugar central, rescatando tradiciones folclóricas que habían sido desplazadas por la industria cultural dominante.

Asimismo, la nueva canción chilena se vinculó estrechamente con procesos similares en América Latina, compartiendo un espíritu de integración continental, denuncia social y esperanza transformadora. Las letras abordaban la injusticia, la desigualdad, la vida del trabajador y la dignidad de los pueblos originarios, convirtiéndose en una herramienta pedagógica y de movilización política.

Tras el quiebre democrático de 1973, muchas de estas expresiones fueron perseguidas, censuradas o forzadas al exilio, sin embargo, su legado logró mantenerse vivo en la memoria colectiva, transmitiéndose de generación en generación como parte fundamental de la historia cultural y social de Chile. De este modo, la nueva canción chilena continúa siendo un referente de compromiso artístico, resistencia y construcción de conciencia crítica en la sociedad.


El teatro y la danza llegó a las poblaciones populares, es así que compañías extranjeras como Rusas o Chinas se presentaron en espacios públicos abiertos en las más mínimas condiciones, pero con una calidad artística sin igual, ofreciendo funciones gratuitas y otorgándole a el pueblo por primara vez la oportunidad de presenciar distintas disciplinas artísticas.
La pintura a través del muralismo se fue introduciendo en las poblaciones, es así que en 1971 él mismísimo Roberto Matta, artista vanguardista chileno y reconocido a nivel mundial, realizó un mural en la comuna de La Granja llamado: “el primer gol del pueblo chileno” apoyado por la Brigada Ramona Parra.
Estos murales retrataban la sociedad con múltiples formas y colores, pero siempre con una temática política social en dónde el poblador, la mujer, el obrero era parte del trabajo artístico.

De esta manera, el arte dejó de ser una expresión lejana o reservada a espacios tradicionales, instalándose en la vida cotidiana de las comunidades y transformándose en una herramienta de encuentro, identidad y organización social. Las actividades culturales convocaban a niños, jóvenes y adultos, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la participación colectiva en torno a la creación artística.

Asimismo, estas manifestaciones permitieron que surgieran artistas populares y agrupaciones locales que comenzaron a desarrollar sus propias propuestas teatrales, coreográficas y pictóricas, muchas veces vinculadas a la realidad social de su entorno. El arte comunitario se convirtió entonces en un medio de expresión y memoria, reflejando las aspiraciones, luchas y esperanzas del pueblo, y consolidando un patrimonio cultural que perdura hasta la actualidad en diversas poblaciones del país.

 

 




En cambio en la población San Joaquín, habían nacidos grupos culturales influenciados por temáticas folclóricas y teatrales. Entre ellos nace 1974 el conjunto folclórico Hamaycan y en 1976 el grupo UYUNI que funcionaba en la sede del club deportivo Católico, éstos jóvenes autogestionados y apoyados por sus familiares realizaron distintas actividades como: peñas folclóricas, fondas y además exposiciones artísticas siendo una de las más destacadas "la feria expositora de bailes e instrumentos del sur y norte del país".
Cabe resaltar que su fundador fue don Humberto Serey, posteriormente asumirán nuevos directores entre ellos: Marta Barrera, Julio Arellano y Luis Silva.
El grupo UYUNI estaba compuesto por jóvenes cristianos y otros más idealista, pero siempre trabajando en forma mancomunada rescatando el folclore tradicional. En el año de 1978 en plena dictadura, un pequeño grupo de integrantes del Uyuni decide hacer dentro de éste contexto, la primera peña folclórica en la sede el club El Católico, es así que en ese lugar se dieron cita músicos connotados cómo: Jorge Yañez, Nano Acevedo y algunos artistas locales, al encuentro llegó mucha gente proveniente de distintos puntos de la capital que se encontraron casi clandestinamente, cabe resaltar que en forma decida a través del arte y la música protestaron ante las violaciones a los Derechos Humanos que se estaban dando en forma sistemática contra el pueblo en aquellos años tan dificiles en Chile.
Dentro de está generación se encontraba otros grupos que funcionaron posteriormente bajo el alero de la Parroquia San Mateo cómo: Mestizo, Coñaripe dirigido por su director Juan Flores, quién fomentaba el folclor nortino a través de presentaciones de diabladas norteñas, una de ella fue en la Escuela mixta Nº30 y diferentes lugares en la población.

Estas experiencias culturales no solo fortalecieron la identidad comunitaria, sino que también permitieron sostener espacios de encuentro y organización en tiempos de profunda represión social. A través de la música, la danza y el teatro, los jóvenes y sus familias lograron mantener viva la memoria colectiva, transmitiendo tradiciones populares y generando redes de solidaridad entre vecinos.
Con el paso de los años, muchos de estos integrantes continuaron vinculados al quehacer cultural y social de la comuna, participando en actividades parroquiales, centros culturales y organizaciones territoriales que buscaban recuperar la vida comunitaria. De esta manera, el trabajo iniciado en la década de los setenta dejó una huella perdurable en la historia cultural de la población San Joaquín, convirtiéndose en un testimonio de resistencia pacífica y de compromiso con las expresiones artísticas del pueblo.




Conjunto Uyuni Gerardo Montoya y Chino Montoya

No podemos dejar de mencionar que una de las características que simbolizan a la población San Joaquín, como un lugar donde la cultura y el arte han estado siempre presentes, manifestándose de mil formas a través de la danza, el teatro, la pintura, la música, la poesía y el folclore.

Con el pasar de los años nacerán grupos como Ayllarehue y Ayrampú, en el rescate del canto popular.

Personajes importantes dentro del ámbito cultural en la población San Joaquín han sido: don Pedro Miranda, músico y gestor cultural perteneciente al SICUCH; Gustavo Tapia, célebre profesor de violín que formó en esta disciplina a varios jóvenes de la población; la señora Esther Iglesia, quien ha encantado con su poesía a lo largo de los años, Chino Montoya con la palabra escrita y el maestro Jorge Abril, destacado pianista de la Orquesta Filarmónica y reconocido a nivel nacional por su aporte en la televisión.

El renombrado compositor y cantante nacional Nino García tuvo su residencia en la calle Central; actualmente, esa arteria lleva el nombre de Central Nino García en homenaje póstumo hacia él.

Al respecto, conviene decir que la cultura en la población San Joaquín no solo fue parte de este período, sino que, con el transcurso de los años, aparecerán nuevas formas y otros estilos que daremos a conocer en la década que corresponda.




 Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes: Alberto Montoya
Fotos: Chino Montoya
Fotos: Polo Sarmiento
Fotos: de la WEB
Macarena Vinnett



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Los hippie en la población San Joaquín

viernes, 22 de julio de 2011

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El movimiento hippie nació como un movimiento pacifista antibélico en la década de los años 60 en Estados Unidos, se manifestaron en contra de la guerra de Vietnam proclamando la paz, el amor libre, el cuidado del medio ambiente y el uso de estupefacientes. A ellos no les interesaba cambiar la sociedad desde las estructuras tradicionales de poder, sino que buscaban un cambio integral del ser humano, tomando una actitud contestataria a través de una nueva forma de vida no conservadora, basada en la espiritualidad, la vida comunitaria y el rechazo al consumismo propio de la sociedad industrial.

Uno de los mayores hitos fue el festival de Woodstock, tres días de música, amor y paz realizado los días 15, 16 y 17 de agosto de 1969 en una granja de Bethel, en Nueva York. Fueron miles de jóvenes provenientes de distintos estados que se congregaron en este encuentro musical, dejando entrever la capacidad de autoconvocatoria que tuvieron hombres, mujeres, niños y ancianos que soñaban con una estructura de sociedad distinta, marcada por la solidaridad, la libertad de expresión y la convivencia sin violencia.

El movimiento hippie también se caracterizó por su fuerte vínculo con las expresiones artísticas y culturales. La música rock y folk se transformó en un medio de protesta y reflexión social, destacando figuras como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Joan Baez y Bob Dylan, quienes a través de sus composiciones transmitieron mensajes de paz, justicia y crítica a la guerra. Asimismo, la estética hippie se reflejó en la vestimenta colorida, el uso de flores como símbolo de paz, el cabello largo y la incorporación de elementos de culturas orientales e indígenas, lo que evidenciaba una búsqueda espiritual más allá de las religiones tradicionales occidentales.

A nivel social, muchas comunidades hippies intentaron vivir de manera alternativa, formando comunas donde se compartían los bienes, el trabajo y la crianza, promoviendo la igualdad de género y nuevas formas de relación afectiva. Estas experiencias, aunque en algunos casos fueron efímeras, influyeron en movimientos posteriores vinculados al ecologismo, el feminismo, los derechos civiles y la defensa de los pueblos originarios.

Con el paso del tiempo, parte del ideario hippie fue absorbido por la cultura dominante, especialmente en la industria musical, la moda y el mercado cultural. Sin embargo, su legado permanece en valores como la defensa de la paz, el respeto por la naturaleza, la crítica al consumismo y la búsqueda de una vida más libre y consciente, elementos que continúan inspirando a nuevas generaciones en distintos lugares del mundo.

 






En cambio en Chile, en la década de los años setenta y ante los grandes cambios que se estaban originando en el país, había jóvenes altamente ideologizados; sin embargo, también existían otros que pensaban de forma distinta y proclamaban la paz por sobre la violencia. Su llamado era a vivir en comunidad, compartiendo un pensamiento humanista y espiritual influenciado por SILO, movimiento liderado por el pensador argentino Mario Rodríguez Cobo, quien convocó a centenares de seguidores a un lugar llamado Punta de Vacas, junto al Aconcagua, en plena cordillera de los Andes. Allí se difundieron ideas vinculadas a la no violencia activa, la búsqueda de sentido y la transformación personal como camino para la transformación social, elementos que marcaron a una parte de la juventud latinoamericana de la época.

En 1970, entre los días viernes 10, sábado 11 y domingo 12 de octubre, se llevó a cabo el famoso festival chileno de Los Dominicos, conocido como Piedra Roja, imitando en parte lo que había sido Woodstock en Estados Unidos. Este evento fue convocado por un grupo de estudiantes del barrio alto y seguidores de las corrientes contraculturales de la época, realizándose en terrenos baldíos bastante alejados del centro de Santiago, de propiedad de un alto ejecutivo vinculado al Hipódromo de Chile. El empalme eléctrico, en tanto, fue facilitado por la madre de uno de los organizadores, reflejando el carácter improvisado y autogestionado del encuentro.

En esa reunión de rock y música participaron grupos como Los Blops, Eduardo Gatti, Agua Turbia y Los Jaivas, quienes interpretaron sólo algunas melodías debido a la gran cantidad de músicos que llegaron y a los problemas de organización frente a una convocatoria masiva. La precariedad de la infraestructura, la falta de coordinación y la espontaneidad propia del momento hicieron que el festival adquiriera un carácter casi mítico dentro de la historia de la contracultura chilena, siendo recordado como una experiencia inédita de encuentro juvenil en torno a la música, la libertad y nuevas formas de expresión cultural.

Miles de jóvenes se dieron cita en esta reunión musical sin distinción social, generando una fuerte reacción en sectores conservadores de la sociedad, que criticaron duramente la participación juvenil, acusando desórdenes, consumo excesivo de alcohol y drogas, e incluso situaciones de abuso que fueron ampliamente difundidas por la prensa de la época. Ante este escenario, la policía intervino y desalojó el lugar, contribuyendo a que el evento quedara envuelto en polémica.

Pese a las críticas, Piedra Roja marcó un hito en la cultura juvenil chilena, evidenciando la emergencia de nuevas sensibilidades artísticas, políticas y espirituales que dialogaban con los movimientos internacionales de la década. Asimismo, anticipó las tensiones sociales y generacionales que atravesarían al país en los años siguientes, en un contexto de creciente polarización política que culminaría con el quiebre institucional de 1973. De este modo, el festival no sólo fue un encuentro musical, sino también un símbolo de una época de búsqueda, utopía y transformación cultural dentro de la sociedad chilena.

En la población San Joaquín también se encontraban algunos seguidores de Silo, quienes convivían armoniosamente con algunos hippies que gustaban de la música popular y el canto nuevo. Estos dos grupos minoritarios dentro de la población causaban resquemores, ya que a los primeros los descalificaban como enajenados que solían rayar las murallas con consignas sin sentido, por ejemplo: “Sé tú mismo”. En cambio, a los otros los calificaban como drogadictos, adictos a la marihuana, no siendo un real aporte para la sociedad. Cabe resaltar que dentro de estos jóvenes se encontraba Claudio Salvo, de profesión actor, cuyos familiares vivían en los departamentos de la calle Rebeca Matte. El otro personaje, conocido como Pillín, era un artesano hippie que habitaba en la calle 1 Oriente.

El día martes 12 de octubre de 1971, en la población San Joaquín, se realizó un hecho sin precedentes. Días anteriores, un grupo de jóvenes comenzó a hacer un llamado a través de panfletos que decían: “Onda en la población San Joaquín, 12 de octubre. Trae tus instrumentos y sé tú mismo”. Es así que muchos jóvenes y mujeres fueron llegando durante ese día al “parque de las moscas”, ubicado en los sitios eriazos cercanos a las calles Rebeca Matte con Pedro Subercaseaux, emplazado en la avenida San Joaquín, actualmente Carlos Valdovinos.

Desde muy tempranas horas, los muchachos comenzaron a tocar sus instrumentos y bailar. Ante esta realidad, muchos vecinos mostraron su descontento, reprochando las conductas y el vestir de aproximadamente 150 jóvenes que se reencontraron en ese lugar. Sin embargo, ya entrada la tarde del martes llegó un grupo bastante numeroso de militantes pertenecientes al Partido Comunista, célula Che Guevara de la Brigada Ramona Parra, provistos de cadenas, laques y palos, con los cuales agredieron a los presentes. Cabe resaltar que en ese lugar se encontraban carabineros y policías de Investigaciones de San Miguel, quienes observaron pacientemente en un principio y nada hicieron, para posteriormente agredir a los convocantes y jóvenes, quienes corrían despavoridamente, ensangrentados, entre los edificios y las calles de la población San Joaquín.

Una de las primeras víctimas fue Claudio Salvo, quien fue agredido salvajemente por estas personas, que hicieron uso de manoplas y, a su vez, gritaban consignas partidistas a la Unidad Popular, insistiendo en que eran manipulados y enajenados del proceso que se estaba construyendo.

La señora Delfina González, cuyo domicilio era Rebeca Matte, departamento 31, auxilió y denunció públicamente la agresión de la que había sido objeto su pariente Claudio Salvo Villagrán, de 22 años. Además, acusó que su departamento fue atacado por varias personas, quebrando los vidrios ante la vista y paciencia de los detectives, quienes intentaban apresar al joven agredido.




Este lamentable hecho, fue  denunciado públicamente al diario el Mercurio y mencionado con el siguiente titular: “ Graves Incidentes Entre Jóvenes”.

“Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”



Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia, la historia de la población San Joaquín
realizado por Radio Primero de Mayo


Fuentes:
Julia Fredes
Diario el Mercurio (archivo personal)
Imágenes de la WEB.
Macarena Vinnett





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