A fines de la década de los años 30, un grupo de mujeres de la
alta sociedad encabezó una obra benefactora en la cual ayudaban a las mujeres
dueñas de casa más desposeídas, autodenominándose Centros de Madres. Estas
primeras iniciativas tuvieron un carácter asistencialista y caritativo, propio
del contexto social de la época, en donde la participación femenina en la vida
pública aún era limitada.
En la década
de los años 40, estas mujeres protectoras comenzaron a enseñar labores propias
del hogar, con el objetivo de elevar la moral de la mujer proletaria,
instruyéndolas en costura, bordado, cocina, economía doméstica y cuidado de los
hijos, bajo la idea de formarlas como “esposas y madres”. Si bien este enfoque
respondía a los roles tradicionales de género predominantes en aquellos años,
también permitió generar espacios de encuentro, solidaridad y apoyo mutuo entre
mujeres de distintos sectores sociales.
En la misma
década, el Hogar de Cristo creó los llamados Centros de Madres de Techo, donde
se entregaron conocimientos técnicos y máquinas de coser, constituyéndose
talleres de costura que beneficiaban directamente a las mujeres y sus familias.
Posteriormente, la mayoría de estos centros se vinculó con Cáritas Chile,
fortaleciendo su labor social y comunitaria en los sectores populares.
En el año
1949, la primera dama señora Rosa Markmann apoyó un proyecto mediante el cual
se creó la Asociación de Dueñas de Casa. Su objetivo fue enseñar a las mujeres
sus derechos como consumidoras y prepararlas frente a la carestía de la vida,
promoviendo una incipiente conciencia social y organización femenina.
Oficialmente,
los Centros de Madres se consolidan en la década de 1960 gracias a la gestión
del ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva, quien firmó un decreto
que se venía discutiendo previamente en el Parlamento. Este proceso se
fundamentó en la necesidad de que las mujeres tuvieran un desarrollo integral
en los ámbitos social, político y comunitario. De esta manera, el 7 de agosto
de 1968 se aprueba el proyecto de ley que da origen formal a los Centros de
Madres, reconociendo su rol dentro de la organización social del país.
En la década
de 1960, en la población San Joaquín se constituyeron distintos Centros de
Madres. El primero fue Ulises
Riveros, fundado el 5 de julio de 1962. Posteriormente nació el
Centro María Paz, uno de los más antiguos de la
población, fundado el 27 de octubre de 1964 y que se mantiene vigente hasta la
actualidad. En sus primeros años funcionó en la casa de la señora Ana Vergara,
una de sus socias más activas y significativas dentro de la organización. Su
primera directiva estuvo compuesta por la señora Ana Vergara como presidenta;
la señora Berta Reimberg como secretaria; la señora Luisa Campos como tesorera;
la señora Isabel Rosas como primera directora; y la señora Silvia Andreotti como
dirigente.
En 1964 se
formó, como comité de Navidad, el Centro de Madres Adelanto,
Cultura y Deporte. Oficialmente, el 24 de octubre de 1965 nacen
conjuntamente este Centro de Madres y el Club Deportivo Alianza Perú. En aquellos años el Centro de Madres
contaba con 40 socias; actualmente está compuesto por 16 mujeres, entre las
cuales permanecen dos socias fundadoras: la señora Erinda Díaz y la señora Ana
Quintanilla, testimonio vivo de la historia organizativa del sector.
Cabe resaltar
que en esos años estos organismos estaban articulados en la Agrupación de Centros de Madres, compuesta por los
siguientes centros: María Paz, Esmeralda, Victoria de Chile, Laguna del
Desierto, Fresia, Millaray, Flor del Cobre, Armonía, Lago Rupanco, Tupahue,
Gabriela Mistral, Navidad, San José, Adelanto Cultura y Deporte, Victoria
Montalva y San José, entre otros. Esta red permitió coordinar actividades
solidarias, celebraciones comunitarias y acciones de apoyo a las familias de la
población.
En esa
década, los primeros Centros funcionaron en una casa de madera ubicada a un
costado de donde actualmente se encuentra la Iglesia San Mateo. En ese lugar se
concentraban distintas organizaciones sociales, entre ellas la Agrupación de
Centros de Madres, representada por su delegada, la señora Berta Reimberg,
quien cumplió un rol fundamental en la articulación comunitaria.
En 1968, los
Centros de Madres se trasladaron a la Junta de Vecinos, convirtiéndose en un
pilar importante de la organización barrial. Fueron responsables de realizar
actividades de autogestión, como las tradicionales “onces”, rifas, bingos y
convivencias, destinadas a reunir recursos para ayudar a familias necesitadas y
financiar iniciativas comunitarias. Asimismo, tenían la misión de recibir a
visitas importantes del ámbito social, eclesial o político, organizando los
tradicionales cócteles de bienvenida de la época.
Con el
transcurso de los años, y debido a cambios sociales, laborales y culturales que
transformaron el rol de la mujer en la sociedad, muchos de estos Centros de
Madres dejaron de funcionar. Sin embargo, su legado organizativo permanece en
la memoria colectiva de la población, pues fueron espacios fundamentales de
encuentro, aprendizaje, solidaridad y participación femenina.
Actualmente
se mantienen vigentes los Centros de Madres María
Paz y Adelanto,
Cultura y Deporte, que funcionan bajo el alero de la Junta de
Vecinos Nº 4 de la Población San Joaquín Poniente, continuando con el espíritu
de colaboración comunitaria heredado de las generaciones fundadoras y
manteniendo viva la historia social del territorio.
“Toda la
información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se
mencione su fuente.”



























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