Fiestas Patrias en la Población San Joaquín

sábado, 6 de octubre de 2012

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 El 18 de septiembre se celebró por primera vez en 1810, aunque originalmente se conmemoraba el 12 de febrero. Bernardo O’Higgins declaró oficialmente esta fecha, que hasta el día de hoy se festeja.

En sus comienzos, las Fiestas Patrias eran celebradas por los más acaudalados de la comarca; así, en los grandes salones se bailaba la cueca, donde las damas agitaban sus pañuelos al son de arpas y guitarras. En cambio, los pobres de la naciente ciudad esperaban que terminara el evento, aguardando la comida sobrante.

El 18 de septiembre de 1812, José Miguel Carrera, presidente de la Junta Gubernativa, decidió aplazar el festejo nacional para el 30 de septiembre a raíz de los serios problemas que se habían suscitado durante su mandato y, además, para demostrar la cohesión que mantenía con un grupo mayoritario de patriotas.

Él esperaba que la fiesta nacional se realizara con gran dedicación, ya que en Chile se encontraba presente el cónsul de Estados Unidos, Mr. Poinsett, quien debía proveer de fusiles y cañones norteamericanos a los patriotas. Por tanto, Carrera decidió organizar un programa que contemplara abundante ostentación con el fin de deslumbrar a la ilustre visita y al mismo tiempo, evidenciar ante el mundo el avance del proyecto independentista.

Esta gran celebración comenzó el 25 de septiembre, fecha en que el gobierno decretó tres días de iluminación y alegrías generales. Durante el tercer día, la Casa de Moneda se iluminó completamente y se ordenó el embanderamiento general; sin embargo, fueron pocas las casas que concretaron el izamiento de la bandera de colores blanco, azul y amarillo, debido a la escasez de telas en el comercio local, situación que reflejaba las dificultades económicas propias del período revolucionario.

El día 30, la ciudad de Santiago fue despertada por una salva de treinta y un cañonazos y el izamiento de banderas en la Plaza de Armas, la Moneda y el cerro Santa Lucía. No obstante, el sarao realizado en la Moneda no tuvo la concurrencia esperada, pues durante la jornada se propagó el rumor de que en Concepción había estallado una revolución, generando inquietud entre los asistentes y tensión en el ambiente político.

El baile comenzó con una contradanza general en un salón de cuarenta y siete varas, adornado con figuras de plata, candelabros, muebles vargueños, sofás, cortinas de terciopelo y una gran mesa en forma de media luna. En ella se ofrecían a damas y caballeros, en delicados cristales y lozas finas, las más variadas especies de dulces, vinos, helados, frutas, rosolíes y mistelas, propias de la refinada sociabilidad de la época colonial tardía.

Los brindis se iniciaron cerca de las dos de la madrugada en el salón de ramilletes, siendo el primero en alzar su copa Fray Camilo Henríquez, figura central del pensamiento independentista. La ceremonia concluyó con la lectura de una octavilla real, compuesta por estrofas de ocho versos que exaltaban la libertad, la patria naciente y la esperanza de un nuevo orden político.

Cerca de las seis de la mañana aún bailaban las últimas parejas. A esa hora ingresó al salón de la cena numerosa gente del pueblo que había permanecido toda la noche en la plazuela, contemplando el espectáculo y esperando las sobras de comida, tal como era costumbre en las celebraciones de los sectores acomodados. Este contraste social evidenciaba las profundas desigualdades existentes, aun en medio del fervor patriótico.

Pese a la magnificencia del festejo, los acontecimientos posteriores demostrarían que la independencia chilena estaba lejos de consolidarse. Las disputas internas entre patriotas, la amenaza realista y la inestabilidad política marcarían los años siguientes, transformando aquellas fiestas de 1812 en un símbolo simultáneo de esperanza, incertidumbre y construcción de la nación.

 

 

¿Cómo se celebraban en la población San Joaquín dichas festividades?

La Junta de Vecinos organizaba las actividades en conjunto con los pobladores, convocando previamente a una reunión en la Escuela Mixta Nº 30, donde se reunían los clubes deportivos, los centros de madres, la comunidad cristiana, el centro de padres y los delegados de los departamentos y casas.

En la población, la festividad era todo un acontecimiento. Los vecinos, con anticipación, comenzaban a pintar las fachadas de sus viviendas y posteriormente instalaban un mástil pintado de blanco donde ubicaban la bandera chilena.

Los permisos para realizar las clásicas fondas eran otorgados con anticipación por la unidad vecinal. Una de las exigencias que los dirigentes solicitaban era la presentación de una carta en cuatro copias, además de dar aviso previo a la Municipalidad de San Miguel. Estas tradicionales ramadas en el sector eran organizadas por la parroquia San Mateo, el club deportivo Juventud Católica, el Centro de Madres María Paz, Defensor Arauco, Villa San Joaquín y la propia Junta de Vecinos.

En el año 1976, todas las fondas se ubicaron en el frontis de la Junta de Vecinos; la idea era permitir un mayor control por parte de Carabineros, concentrando las ramadas en un solo lugar.

En relación con las fondas, estas eran humildes, pero sin perder la identidad patriótica. Algunas llevaban nombres muy sugerentes o divertidos, como “La Tula Loca”, reflejando el sentido del humor popular presente en la comunidad.

El aspecto físico de las ramadas consistía en una estructura cuadrada de madera, forrada con telas, tablas u otros elementos que impidieran el paso del frío. La entrada era adornada con varas de palmera extraídas del Parque CORVI. En su interior se observaban tiras de papel tricolor a modo de guirnaldas, elaboradas por los propios organizadores, y en la tarima generalmente se exhibía una gran bandera chilena.

Los dirigentes inauguraban y recorrían las fondas el día 17 de septiembre junto a una comitiva, para posteriormente definir y premiar la mejor ramada. Ese año, el primer lugar recayó en el Club Deportivo Villa San Joaquín y el segundo lugar en la parroquia San Mateo.

El día 18, a las 8:30 horas, estaba contemplado el izamiento de la bandera en el pabellón de la Junta de Vecinos, en las casas y en todas las plazas públicas de la población San Joaquín. Quien no colocara la bandera podía ser denunciado y posteriormente multado.

En relación con lo gastronómico, eran principalmente las mujeres quienes preparaban las empanadas “calduas”, además de prietas con papas doradas y patitas de chancho, que eran conseguidas en el Matadero Franklin.

Las bebidas se almacenaban en el tradicional chuico, la dama Juana o la garrafa botellones de vidrio recubiertos en mimbre con capacidades de 5 y 15 litros donde se conservaban la chicha o el vino. Por su parte, el cola de mono se preparaba con aguardiente, leche, café, azúcar y especias, para luego ser embotellado especialmente para la ocasión.

Junto a la comida y la bebida, la música ocupaba un lugar central en la celebración. Conjuntos folclóricos locales, guitarras, acordeones y cuecas improvisadas animaban las jornadas, permitiendo que niños, jóvenes y adultos compartieran bailes y juegos tradicionales. De este modo, las festividades no solo representaban una conmemoración patriótica, sino también un espacio de encuentro comunitario, solidaridad vecinal y reafirmación de la identidad popular de la población San Joaquín.










El día 18 de septiembre, a contar de las 11:00 de la mañana, la Junta de Vecinos daba comienzo a las clásicas competencias organizadas por cuadras y blocks. Era costumbre que los mayores jugaran a la rayuela; en cambio, los niños realizaban juegos como el ensacado, el palo encebado y morder la manzana. Una de estas actividades se llevó a cabo en la calle Quirihue, esquina Armando Lira.

En los sitios eriazos y plazas se realizaban competencias de volantines con hilo curado, lo que más de una vez produjo algún accidente. En relación con esta práctica, eran los propios vecinos quienes preparaban el hilo, atándolo de árbol a árbol e impregnando el filamento con vidrio molido y cola caliente. Luego esperaban que se secara y posteriormente lo enrollaban para usarlo en las competencias.

En estas mismas actividades, los dirigentes se encargaban de repartir bolsas de papel kraft que contenían dulces, manzanas o naranjas, además de la clásica banderita de papel tricolor.



Fiesta 18 de septiembre población San Joaquín

Fiesta 18 de septiembre población San Joaquín

En las fiestas patrias de antaño era importante la tenida, siendo la ocasión para lucir nuevos zapatos o un nuevo vestido en las niñas.

En relación con los adultos, también solían preocuparse de la vestimenta, sobre todo para salir por la noche lo más elegante posible a las fondas locales de la población o a la que se llevaba a cabo en el Estadio Municipal de San Miguel, ubicado en la comuna actualmente. En otros casos, se visitaban las fondas de la Quinta Normal o se participaba de las ramadas instaladas en Gran Avenida, desde el paradero 3 al 7.

Una de las ramadas que los vecinos recuerdan con nostalgia era aquella que se realizaba en la calle Thomas Somercales, a un costado de la Plaza Palestro. La señora Fresia era quien la organizaba, porque era dueña de la botillería que a veces funcionaba como restaurante, ubicada justamente en ese lugar. Esta misma comerciante se encargaba de traer la chicha de San Javier en barriles de madera y, además, preparaba las empanadas más exquisitas del sector, según cuentan los vecinos.

Actualmente, la señora Fresia siguio viviendo en el sector, pero su local fue cerrado hace más de 20 años; solo queda la nostalgia de una cortina metálica y un antiguo anuncio de cigarrillos Hilton adherido a su muralla.


Fiesta 18 de septiembre población San Joaquín

La parada militar se remonta a 1832. Las primeras revistas militares se realizaban en el barrio Yungay; posteriormente se trasladaron a La Pampilla, sector ubicado en lo que más tarde sería el Parque Cousiño, hoy Parque O’Higgins.
Estas se celebraban el día 18 de septiembre. Fue el presidente Ramón Barros Luco quien, en 1915, cambió la parada militar para el día 19, decretándolo como el Día de las Glorias del Ejército.



Para los pobladores de San Joaquín, era un panorama imperdible debido a la cercanía entre la población y el parque, así como a la gran cantidad de familias que en aquellos años pertenecían a las Fuerzas Armadas. Hasta ese lugar llegaban familias completas para ver a sus familiares que marchaban al más puro estilo prusiano, al son de las bandas de músicos militares. En cambio, otros pobladores que vivían en departamentos aprovechaban de realizar un apetitoso asado a la chilena.

Foto septiembre 1974 centro de Santiago

¿Qué pasó el 18 de septiembre de 1973?

Las celebraciones de Fiestas Patrias de ese año se vieron profundamente alteradas tras el golpe de Estado ocurrido pocos días antes. El país se encontraba bajo estado de sitio y con toque de queda, lo que impedía las aglomeraciones de personas y establecía horarios estrictos para transitar por las calles. El ambiente general estaba marcado por la incertidumbre, el temor y la presencia militar en distintos espacios públicos.

Aun así, la dictadura militar realizó el tradicional Tedeum de Acción de Gracias, al que asistieron la mayoría de los generales golpistas y diversos dirigentes políticos que habían respaldado la asonada, entre ellos Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva. Esta ceremonia buscó proyectar una imagen de normalidad institucional en medio de un contexto de represión, detenciones y persecuciones políticas que ya comenzaban a afectar a amplios sectores de la población.

En muchas poblaciones y barrios populares, las celebraciones fueron prácticamente inexistentes. Las familias permanecieron en sus hogares, evitando cualquier manifestación pública por temor a allanamientos o controles militares. Las tradicionales fondas, ramadas y encuentros comunitarios, que solían ser espacios de reunión y alegría colectiva, quedaron suspendidos o reducidos a expresiones mínimas.

Al año siguiente, las fondas volvieron a funcionar en la Quinta Normal, entre avenida Las Palmeras y el frontis del Museo Histórico Nacional, entre los días 17 y 19 de septiembre. La subasta de ubicación se realizó el 29 de agosto y estuvo a cargo de la Tercera Zona de Aseo, que remató terrenos para 17 fondas, 16 ramadas y 70 locales. Las festividades fueron inauguradas por el alcalde de Santiago; el día 18 la institucionalidad incluyó un acto popular en la Casa Colorada y en la Plaza de Armas, organizado por Germán Becker y transmitido por los canales de televisión 7 y 13.

En el Parque O’Higgins y en el Hipódromo de Chile se desarrollaron actos folclóricos simultáneos con el apoyo de la Dirección General de Extensión Cultural y Artística, el Teatro Municipal y la Secretaría Nacional de la Juventud. Estas actividades formaban parte de los esfuerzos del régimen por promover celebraciones controladas, reforzando una imagen de orden y tradición nacional.

El 19 de septiembre, a distintas unidades vecinales se les entregaron invitaciones para que los pobladores asistieran gratuitamente a funciones de circo y cine en sus respectivas comunas. Las celebraciones oficiales culminaron el 26 de septiembre con una función de gala de la ópera La Traviata en el Teatro Municipal, a la que asistió la plana mayor del Ejército encabezada por el dictador Augusto Pinochet.

Con el paso de los años, muchas de estas tradiciones comunitarias fueron debilitándose en la población San Joaquín, en parte por los efectos de la represión, el miedo y las transformaciones sociales que fomentaron el individualismo y la fragmentación del tejido barrial. Sin embargo, la memoria colectiva persistió. En 2012, un grupo de pobladores del sector Belén, con gran esfuerzo y evocando recuerdos compartidos, organizó actividades significativas para los niños y niñas del lugar, recuperando costumbres de antaño que en algún momento habían dado vida y sentido de comunidad a sus celebraciones.

De esta manera, más allá de las interrupciones impuestas por la historia, las tradiciones populares continúan reapareciendo como espacios de encuentro, memoria y resistencia cultural.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.



Fondas Estadio Nacional 1970



Extracto del Radio Teatro Voces con Historia de la población San Joaquín


Fuente:
Archivo Nacional
Aurelio Dìaz
Adela Vargas
Fotos: WEB
Fotos Faceboock Guido Jorquera
Fotos: Archivo personal
Macarena Vinnett
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Programa de Empleo Mínimo en San Jaoquìn

viernes, 5 de octubre de 2012

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PEM en San Joaquín


En el año 1974 el Producto Interno Bruto en Chile cayó en un 29%. En este contexto, la dictadura militar, en conjunto con el ministro de ese entonces, José Piñera Echenique, creó un programa de subempleo institucionalizado denominado Programa de Empleo Mínimo (PEM), dirigido principalmente a hombres jefes de hogar ante una cesantía que superaba el 20% de la población chilena, sumándose además una inflación muy alta, estancamiento productivo, quiebra de bancos, aumento de la deuda externa y una crisis económica de carácter mundial.

El sueldo mínimo en 1974 era de Eº 77.500 escudos, y al año siguiente aumentó a Eº 95.000. Cabe resaltar que en aquellos años el kilo de azúcar costaba Eº 2.100 y el kilo de arroz Eº 2.400 escudos, según la Dirección de Industria y Comercio, información publicada en el Diario Oficial del 22 de marzo de 1975. Estas cifras reflejan el profundo deterioro del poder adquisitivo de las familias trabajadoras.

El programa era administrado por las municipalidades. La primera en llevarlo a cabo fue la Municipalidad de Santiago, siendo su alcalde el coronel Hernán Sepúlveda Caño, quien contrató a 590 trabajadores formando seis grupos que se desempeñaron en el hermoseamiento y forestación del Parque O’Higgins. Otros grupos fueron destinados a la construcción de veredas, limpieza de acequias, aseo y ornato. En esos años la alcaldía de Santiago llegó a contratar a cerca de 90.000 hombres de su comuna, con contratos de 90 días y un salario de Eº 15.000 escudos, trabajando en jornadas parciales, generalmente en horario de mañana, de lunes a viernes.

Los trabajadores desocupados eran contactados a través de las juntas de vecinos de cada población, las cuales debían certificar la residencia en el sector, restringiéndose fuertemente el ingreso al programa a quienes no pertenecían al territorio. El trabajo consistía principalmente en arreglos de plazas y veredas en distintos puntos de la comuna. Resultaba penoso ver a trabajadores de la construcción barriendo calles o a profesionales universitarios desempeñándose como capataces de estas cuadrillas.

El medio de transporte utilizado eran, por lo general, camiones que trasladaban a los vecinos junto a sus herramientas: palas, chuzos, escobillones gruesos o escobas de rama de curahuilla. Con el fin de evitar que el poblador se sintiera menoscabado dentro de su propio entorno, muchas veces era trasladado a otra comuna, sin contar con beneficios mínimos como baños o lugares de resguardo frente a las inclemencias del tiempo.

En la población San Joaquín existieron al menos dos cuadrillas compuestas por diez vecinos cada una, las que arreglaron la mayoría de las plazas. En lista de espera permanecían cerca de ochenta pobladores, priorizándose a padres de familia con hijos estudiando. La Junta de Vecinos se encargaba de seleccionar a los cesantes; entre los requisitos estaban ser residente, estar casado y tener hijos, permitiéndose solo una postulación por vivienda. Esto generó tensiones, reclamos e incluso acusaciones de favoritismo hacia los dirigentes, reflejando la magnitud de la cesantía que afectaba a la población.

Como respuesta al desempleo, el gobierno mantuvo también un programa denominado Operación Invierno, que intervenía doce comunas de Santiago mediante obreros contratados por la Corporación de Obras Urbanas, encargados de supervisar tareas municipales como limpieza de desagües, retiro de escombros y aseo de alcantarillas. La comuna de San Miguel fue una de las beneficiadas con la contratación de 771 trabajadores con sueldo mínimo, pero sin previsión de salud ni cotizaciones, precarizando aún más la condición laboral.

Durante la década de 1980, ante una nueva crisis económica mundial, la dictadura mantuvo este tipo de programas, cambiando su nombre a Plan Ocupacional para Jefes de Hogar (POJH). Aunque aumentó la cantidad de personas contratadas, la productividad real seguía siendo baja, pues muchas labores consistían en trasladar piedras de un lugar a otro, limpiar reiteradamente los mismos espacios o podar nuevamente los mismos árboles, configurando un trabajo circular y simbólico más que una solución estructural al desempleo.

En este período surgió también la Federación de Sindicatos Independientes, debido a que los trabajadores de estos programas no tenían derecho efectivo a sindicalización. Sus condiciones eran extremadamente precarias: mala alimentación, ingresos equivalentes a un tercio del salario mínimo y ausencia de derechos laborales básicos. A ello se sumó la incorporación masiva de mujeres —alrededor de un 53%— al trabajo remunerado, buscando complementar los escasos ingresos familiares.

Hacia 1986, el desempleo en Santiago alcanzaba cifras dramáticas. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, 92.282 personas subsistían con $3.000 mensuales y otras 149.726 con $5.000. En total, los programas de absorción de cesantía llegaron a abarcar a casi un cuarto de millón de personas solo en la capital.

En diciembre de ese año, el gobierno decidió poner término al empleo de 1.140 trabajadores por considerarlo ineficiente y poco rentable, medida ordenada por el Ministerio del Interior y oficializada por la Intendencia de Santiago. La decisión se aplicó inicialmente en la Municipalidad de La Granja, afectando a trabajadores que reparaban calles como Camino al Observatorio y la ampliación de Avenida Santa Rosa.

Ante la pérdida de su única fuente laboral, los trabajadores decidieron organizarse. Como acto de protesta, una veintena de ellos llegó alrededor de las 9:30 de la mañana al paradero 31 de Santa Rosa y procedió a incendiar casetas con materiales y herramientas ubicadas cerca de antiguas construcciones de la Universidad de Chile. El alcalde Mario Messen solicitó la intervención de Carabineros, que reprimió la manifestación con fuerzas especiales y desvió el tránsito del sector, manteniendo además vigilancia en las inmediaciones del municipio.

Más de un centenar de trabajadores observó en silencio cómo el fuego consumía las dependencias, señalando: “Es una manera de pagarnos” y “Ni siquiera nos informaron que el programa terminaba”. Acciones similares se replicaron en distintos puntos de Santiago.

Las principales demandas de los trabajadores del POJH incluían mejoras salariales, subsidio de locomoción en microbuses en lugar de camiones, prenatal con un 70% del ingreso para embarazadas, entrega de delantales, zapatos y overoles, ayuda escolar, golosinas y juguetes de Navidad para sus hijos, y garantías de no represalias contra quienes participaran en las movilizaciones.

El PEM y el POJH dejaron una huella profunda en poblaciones como San Joaquín, no solo por la precariedad laboral que representaron, sino también porque evidenciaron las estrategias de sobrevivencia comunitaria, la organización vecinal y la esperanza de quienes, aun en condiciones adversas, buscaron sostener a sus familias y mantener la vida cotidiana en medio de una de las crisis sociales más duras del país.

 



La dictadura militar, a través del Intendente de la Región Metropolitana, brigadier general Roberto Guillar, aludió que se trataba de “violentistas que causan el caos con ayuda concertada del Partido Comunista”, señalando además que estos no podían manifestar el derecho a huelga ni presentar un pliego de peticiones, puesto que no percibían un sueldo sino un subsidio. Por lo tanto, debían regirse estrictamente por la legislación vigente y, a contar de ese día, quedaban despedidos, cancelándoseles únicamente la quincena correspondiente y ningún otro beneficio.

Estas declaraciones reflejaban con crudeza la política represiva y antisindical instaurada por la dictadura, orientada a desarticular cualquier forma de organización popular y a debilitar la capacidad de negociación de los trabajadores. La criminalización de la protesta social y la negación de derechos laborales básicos formaron parte de un proceso más amplio de transformación económica y social impuesto por la fuerza.

Al finalizar la crisis, lentamente comenzaron a abrirse algunos espacios laborales para los cesantes, otorgando una limitada sensación de estabilidad y un mínimo de dignidad al obrero chileno. Sin embargo, este proceso estuvo acompañado por la consolidación de un nuevo modelo de relaciones laborales que, con el tiempo, se profundizaría y normalizaría: la subcontratación. Este sistema fragmentó la fuerza de trabajo, precarizó las condiciones laborales y debilitó la organización sindical, efectos que, en gran medida, se proyectan hasta la actualidad.

De este modo, las medidas adoptadas durante ese período no solo respondieron a una coyuntura específica de conflictividad social, sino que sentaron las bases de una estructura laboral marcada por la desigualdad, la inestabilidad y la pérdida de derechos históricos conquistados por el movimiento obrero chileno.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.





Extracto del Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín


Fuente: Archivos de la época
Fuente: Abdulia Gómez
Fotos : Archivo personal
Macarena Vinnett





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El movimiento de Boy Scouts en la Población San Joaquín

martes, 14 de agosto de 2012

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1970
Jorge Jara

Una causa determinante del nacimiento del movimiento Scout fue la guerra anglo-bóer en Sudáfrica, durante la cual el general inglés Robert Baden-Powell puso en práctica un servicio auxiliar conformado por niños y jóvenes, quienes cumplían labores de apoyo, mensajería y observación. Esta experiencia demostró el valor de la disciplina, la responsabilidad y el espíritu de servicio en la juventud.

La historia señala que, al regresar de aquella campaña, el general decidió implementar este sistema formativo entre los jóvenes de Gran Bretaña. Así, entre 1903 y 1907, desarrolló trabajos de adaptación de los métodos de exploración, orientación en la naturaleza, vida al aire libre y ciertos conocimientos de organización y supervivencia, transformándolos en una propuesta educativa orientada a la formación integral de la juventud, basada en valores como la solidaridad, la lealtad y el compañerismo.

El interés que provocó esta iniciativa fue extraordinario: los 24 muchachos que participaron en las primeras experiencias se transformaron, en el plazo de dos años, en más de 200 mil scouts, organizados en patrullas y grupos a lo largo de Inglaterra. De este modo, en enero de 1908 se declara formalmente fundada la organización Scout, dando inicio a un movimiento juvenil que pronto se expandiría por el mundo.

Chile se convirtió en el primer país de América Latina y el segundo en el mundo en organizar grupos de jóvenes exploradores. Su fundación se remonta al 21 de mayo de 1909 en el Puente del Morro, bajo la inspiración directa de Robert Baden-Powell. El primer director de la institución en Chile fue el doctor Alcibíades Vicencio, quien, junto a un grupo de entusiastas jóvenes, organizó las primeras brigadas scouts del país.

Esta realidad se concretó luego de que Baden-Powell dictara una charla en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, el 26 de marzo de 1909, instancia que motivó la creación de la Primera Brigada N.º 1 de Scouts en Chile. Desde entonces, el movimiento scout chileno se ha desarrollado como una propuesta educativa orientada a la formación de ciudadanos responsables, comprometidos con su comunidad, respetuosos de la naturaleza y guiados por principios de servicio, fraternidad y paz.


Con el paso de los años, el escultismo se expandió a todo el territorio nacional, integrando a miles de niños, niñas y jóvenes en actividades de campamento, aprendizaje práctico y vida comunitaria. Su influencia ha contribuido significativamente a la formación valórica de generaciones, consolidándose como uno de los movimientos juveniles más importantes y perdurables del mundo contemporáneo.

El escultismo en la población San Joaquín tuvo su origen en la década de 1970, bajo la Federación de Scouts Católicos, donde se promovían valores fundamentales en niños y jóvenes, enseñándoles a proteger el medio ambiente, proyectarse metas para el futuro, fortalecer su desarrollo físico mediante ejercicios y excursiones, y cultivar una sana disciplina basada en el honor, la solidaridad y la paz. Esta formación no solo buscaba el aprendizaje práctico de la vida al aire libre, sino también la construcción de una conciencia social y comunitaria en tiempos complejos para el país.

Uno de los primeros forjadores del escultismo en la población San Joaquín fue el señor Jorge Jara, quien hizo de esta práctica una verdadera filosofía de vida para muchos niños y niñas del sector, incentivando el compañerismo, la responsabilidad y el respeto mutuo. Su labor se desarrolló con esfuerzo y convicción, convirtiéndose en un referente formativo para varias generaciones que encontraron en el movimiento scout un espacio de crecimiento personal y colectivo.

Cabe resaltar que uno de los primeros campamentos se realizó en 1976, en el Cajón del Maipo y la Quebrada de Macul. Hasta ese lugar precordillerano llegó un grupo de jóvenes guiados por el señor Jara, quienes pusieron en práctica los conocimientos adquiridos durante su proceso de formación como exploradores. En aquellos años, la infraestructura para el escultismo era bastante rudimentaria y de alto costo económico; por ello, muchos adolescentes improvisaban sacos de dormir uniendo frazadas que luego cosían, mientras que las carpas eran de lona tipo militar, pesadas y difíciles de armar. Las mochilas consistían en bolsos de lona suspendidos en la espalda y el “turco” (sujetador del pañolín) solía ser de hueso redondo, elemento sencillo pero cargado de simbolismo dentro de la tradición scout.

En octubre de 1976, más de 5.000 niños se dieron cita en la Quebrada de Macul, constituyendo el primer Jamboree realizado en el país con carácter nacional e internacional. El entonces presidente de Bolivia, Hugo Banzer, determinó el envío de 150 jóvenes bolivianos, trasladados en aviones de la Fuerza Aérea de Chile bajo la supervisión del comandante Gustavo Leigh. De igual forma, participaron 150 niños provenientes de Magallanes y 32 scouts de Isla de Pascua, mientras que los grupos desde Puerto Montt fueron trasladados por Ferrocarriles del Estado.

Dentro del perímetro del campamento se instalaron cerca de 1.800 carpas, además de una radio emisora con alcance de dos kilómetros y un sistema de amplificación que marcaba las actividades diarias. Este mega campamento, que reunió a un total de 408 grupos, contó con el apoyo de la Municipalidad de Ñuñoa y la Universidad Católica de Chile. En cuanto a donaciones, la industria Zalaquett entregó 5.000 insignias, mientras que INSA obsequió una cantidad no determinada de uniformes completos a los scouts más destacados, gesto que permitió fortalecer el sentido de pertenencia y reconocimiento dentro del movimiento.

Posteriormente, el 22 de febrero de 1983 se conformó otro clan scout en la población San Joaquín, dando origen al Grupo Scouts Peulla, palabra en mapudungun que significa “Brotes Nuevos”. Esta organización nació bajo el alero de la Parroquia San Mateo, con la participación de grupos prejuveniles, catequesis y el Moani. Sus integrantes se vincularon con un grupo scout de Montecarmelo, quienes les entregaron las herramientas necesarias para su formación. Entre sus fundadores destacan la señora María Isabel González (“Belu”) y Rodrigo Zamora, manteniéndose vigente una organización que con los años consolidó una profunda presencia comunitaria.

En sus inicios, las actividades se realizaban en las calles de la población; posteriormente, el grupo utilizó la Junta de Vecinos Nº 4 y la capilla San Mateo como espacios de encuentro. Allí se reunía un gran número de niños y niñas frente a la casa parroquial, participando en juegos, cantos y dinámicas formativas. Los grupos se dividían en golondrinas, lobatos, guías, rutas y tropa, siguiendo la estructura tradicional del movimiento scout y permitiendo un desarrollo acorde a cada etapa de crecimiento.

Una de las actividades más significativas era el fogón, momento simbólico en el que todos se reunían en torno al fuego formando un círculo. Mientras se entonaban canciones suaves, uno de los dirigentes relataba la historia del fuego y compartía un cuento sencillo que siempre dejaba una enseñanza valórica, reforzando la fraternidad, la reflexión y el sentido de comunidad.

El grupo Peulla,  todos los años ha realizado innumerables campamentos a lo largo de la zona sur de Chile, sostenidos principalmente gracias a la autogestión y el compromiso de las familias. El último gran campamento registrado, en 2012, se desarrolló durante 14 días en Valdivia, experiencia que fortaleció la convivencia, la autonomía y el amor por la naturaleza en sus participantes.

Hasta la actualidad, el Grupo Scouts Peulla continúa vigente, formando niños y jóvenes con valores y principios que hacen del escultismo una práctica cotidiana de vida en la población. Su historia refleja perseverancia, identidad comunitaria y compromiso con la formación integral de nuevas generaciones, manteniendo viva una tradición que ha trascendido décadas y que sigue aportando al tejido social de San Joaquín.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.

 






Señor enséñanos a ser generosos
a servirte como te lo mereces
a dar sin medidas
a combatir sin miedo a quienes nos hieran
a trabajar sin descanso
y a no buscar otra recompensa
que saber que hacemos en tu voluntad


Fuentes:
Leopoldo Sarmiento
Rodrigo Zamora
Fotografías personales
Diarios de la época
Fotos Web
Macarena Vinnett 
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Personajes Populares de la Población San Joaquín

sábado, 11 de agosto de 2012

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Juan Miranda : él Mariachi 

Desde tiempos de la colonia, los personajes típicos han sido parte de la historia popular de una ciudad, comuna o población. Ya en pleno siglo XIX encontrábamos a los aguateros, quienes se encargaban de repartir este vital elemento en barriles a las familias más acaudaladas de la época, pues en aquellos años aún no existían redes de alcantarillado ni cloacas en Santiago. Cabe destacar que recién hacia el año 1900 comienza la construcción de alcantarillas en la ciudad.

Otros personajes populares fueron los lecheros, heladeros, dulceros, organilleros y vendedores de mote con huesillos, por mencionar algunos. Sin embargo, dentro de esta diversidad, existen también aquellos personajes que, sin un oficio determinado, pasan a ser celebridades populares dentro de un sector geográfico específico. Así encontramos en la población San Joaquín, desde sus comienzos, a diversas figuras que quedaron grabadas en la memoria colectiva.

Uno de ellos fue “el Viejo de las castañuelas”, quien durante la década de 1960 causaba estragos entre los niños. La particularidad de este ciudadano era que recorría la población tocando con sus dedos unos pedazos de pizarreño que imitaban el sonido de castañuelas pequeño instrumento de percusión de madera, original de España. Para muchos niños de entonces era el terror mismo, pues los padres lo utilizaban como figura para atemorizar ante alguna travesura. También se recurría al famoso personaje del folclor infantil hispano, “el viejo del saco”, que supuestamente se llevaba a los niños desobedientes que andaban solos por las calles. Con el paso del tiempo fueron apareciendo innumerables personajes que vivieron y algunos aún viven en la población. Entre ellos destacan:

El abriguito: vivía en un departamento de la calle Virginio Arias. Era un hombre de estatura mediana que siempre usaba un largo abrigo de lana, sin importar la temporada. Se decía que había sido profesor por su buen hablar y sus amplios conocimientos de historia. El alcohol lo llevó finalmente a la indigencia; la Parroquia San Mateo lo acogió por un tiempo, pero decidió volver a la calle hasta el final de sus días.

Canales: recordado por los vecinos como una persona muy solidaria. En fechas cercanas a la Navidad solía fabricar luces de colores utilizando tubos fluorescentes, iluminando de manera artesanal los pasajes del sector.

El paco Núñez: exuniformado de Carabineros que cayó en el alcoholismo y deambulaba por las calles de San Joaquín. Era conocido por una particular y extravagante apuesta que consistía en lanzar quince flatulencias en un breve lapso de tiempo, situación que provocaba risas y asombro entre quienes lo rodeaban.

La campana de fundo: apodo dado a una vecina del sector Armando Lira, recordada por su voluptuosa figura, que la convirtió en personaje comentado dentro del barrio.

La picotón: vecina que solía pedir vino diciendo simplemente: “deme un picotón”, expresión que terminó transformándose en su sobrenombre.

El Ardilla: según algunos, fue un hombre de buena posición económica, pero el consumo de drogas deterioró su salud mental. Aún hoy se le puede ver deambular por las calles de la población, convertido en una figura silenciosa del paisaje cotidiano.

El bombero: desde muy joven recorría la población imitando con su voz la sirena de un carro bomba. Cuando ocurría una emergencia o incendio, era el primero en llegar, con una toalla al cuello simulando su uniforme. Los bomberos verdaderos admiraban su entusiasmo, pese a su condición mental. Como gesto de cariño, le regalaron un casco que llevaba siempre puesto mientras caminaba por las entonces polvorientas calles de San Joaquín.

El mono loco: personaje de la década de 1980, presente en cuanto evento cultural o ensayo musical se realizaría  en el barrio. Era divertido, osado y sin límites cuando se encontraba bajo los efectos de estupefacientes, desplegando una imaginación y creatividad que lo hacían inolvidable para quienes compartieron con él.

 

El Mariachi

Dentro de estos personajes populares existe uno que, con más de seis décadas de vida, aún recorre las calles y plazas de la población San Joaquín: el inigualable “Mariachi”. Cuando está ebrio suele exclamar con voz potente:
“¡Soy el último de los Miranda!”, seguido de una contagiosa carcajada.

El Mariachi, cuyo nombre es Juan Filomeno Miranda Garrido, nació el 23 de junio de 1946 en Santiago, hijo de Marta Rebeca Garrido. Llegó a la población junto a su familia cuando tenía apenas diez años, procedente de la población Nueva Matucana. Su apodo proviene de su profunda afición por la música mexicana, sobrenombre que le otorgó un antiguo vecino.

Ingresó a la Escuela Mixta Nº 30, donde uno de sus profesores, Sergio Montecinos, le enseñó las primeras letras y despertó en él el gusto por la lectura, afición que conserva hasta hoy. Desde niño fue inquieto y travieso; solía molestar a las niñas llamadas María gritándoles “¡María guata fría!”, lo que le valió reiteradas suspensiones escolares.

La familia Miranda fue pionera en la gasfitería dentro de la población, conocida popularmente como “los guarenes”. A los doce años, Juan ya trabajaba junto a su padre desengrasando lavaplatos de concreto adheridos al suelo, en una época en que la grasa se acumulaba fácilmente en las cañerías.

Su primera gran pena de amor ocurrió a los quince años, cuando la joven de la que estaba enamorado (vecina de la calle Armando Lira)  contrajo matrimonio. Desesperado, quebró los vidrios de su propia casa, motivo por el cual recibió un severo castigo familiar.

A los dieciocho años se casó con Isabel Flores, con quien formó familia, aunque con el tiempo la relación terminó en separación definitiva. Una de sus características menos amables es que, bajo los efectos del alcohol, puede mostrarse grosero con quienes no son de su agrado; sin embargo, con sus cercanos mantiene respeto y afecto.

Hoy, el Mariachi continúa siendo uno de los personajes más reconocidos de la población San Joaquín, caminando entre calles y plazas mientras proclama su célebre frase:
“Soy el Mariachi, el último de los Miranda”.Estos personajes, lejos de ser simples anécdotas, forman parte del patrimonio inmaterial de la población San Joaquín. Representan una época, una forma de convivencia barrial y una memoria compartida construida entre pasajes, juegos infantiles, fiestas comunitarias y dificultades sociales.

Recordarlos es también reconocer la historia cotidiana de quienes, sin ocupar páginas en los libros oficiales, dieron identidad y humanidad al territorio. En sus gestos, apodos, oficios y locuras se guarda la esencia de un barrio que ha resistido el paso del tiempo gracias a la memoria de su gente.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 


Fuente: Juan Miranda Garrido
Foto: Gaby Sarmiento
Macarena Vinnett



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El golpe de Estado en la población San Joaquín

domingo, 16 de octubre de 2011

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En 1972 cuando él Presidente Salvador Allende, recorría tres continente y hablaba ante las Naciones Unidas de cómo la experiencia socialista chilena era única en el mundo y un ejemplo para los países latinoamericanos, en ese entonces nada hacía predecir que al año siguiente un 11 de septiembre de 1973 iba acontecer un hecho que enlutaría al pueblo chileno por más de 17 años. La tortura, las desapariciones, el exilio, los fusilamientos, los asesinatos y la cárcel fue la respuesta de la traición de las Fuerzas Armadas chilenas, propiciado por la que se autodenominó Junta Militar de Gobierno.

A partir de ese momento se instauró un período de represión sistemática que buscó silenciar toda forma de organización social, política y cultural que hubiese florecido en los años anteriores. Miles de familias fueron separadas, muchas comunidades quedaron marcadas por el miedo y el dolor, y la vida cotidiana se transformó profundamente bajo el control militar y la censura. Sin embargo, pese a la persecución y al terror impuesto, comenzaron también a surgir diversas formas de resistencia y solidaridad, tanto en el interior del país como en el exilio, donde hombres y mujeres mantuvieron viva la memoria, la denuncia de las violaciones a los derechos humanos y la esperanza de recuperar la democracia y la justicia para el pueblo chileno.

En barrios, poblaciones, parroquias, organizaciones de derechos humanos y espacios culturales clandestinos, se fue tejiendo lentamente una red de apoyo y dignidad que permitió sostener la vida en medio de la adversidad. La memoria de quienes ya no estaban y la convicción de construir un futuro distinto se transformaron en una fuerza colectiva que atravesó generaciones, dejando una huella profunda en la historia social y política de Chile.

 




Aquél martes 11 de septiembre de 1973, a las 08:00 am las emisoras radiales irrumpían con sones marciales dando a conocer el primer bando de la recién constituida "Junta de Gobierno" que decía lo siguiente:

“Teniendo presente: que el gobierno de Allende ha incurrido en graves ilegitimidad demostrada al quebrantar los derechos fundamentales de libertad de expresión, libertad de enseñanza, derecho de huelga, derecho de petición, derecho de propiedad y derecho en general a una digna y segura subsistencia...Que el mismo gobierno ha quebrantado a la unidad nacional, fomentando artificialmente una lucha de clase, estéril, y en muchos casos cruenta, perdiendo el valioso aporte que todo chileno podría hacer en búsqueda del bien de la Patria, y llevando a una lucha fratricida y ciega, tras ideas extrañas a nuestra idiosincrasia, falsa y probadamente fracasadas…”

Después de escuchar el fatídico mensaje por las radios intervenidas, el segundo bando notificaba lo siguiente:

“El depuesto presidente de la república debe proceder a la inmediata entrega de su cargo a las Fuerzas Armadas y Carabineros. El Palacio de La Moneda deberá ser evacuado antes de las 11 horas, de lo contrario será atacado por las Fuerzas Aéreas de Chile, posteriormente arrojaron 36 cohetes en 9 pasadas.”

A medida que avanzaban las horas de aquella mañana, la incertidumbre y el temor comenzaron a extenderse por las calles de Santiago y de todo el país. El sonido de los aviones sobrevolando el centro de la ciudad, el despliegue militar en puntos estratégicos y la interrupción de las comunicaciones fueron señales inequívocas de que Chile ingresaba en uno de los períodos más oscuros de su historia. Las familias permanecían en sus hogares, escuchando en silencio las escasas transmisiones radiales permitidas, intentando comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Mientras tanto, en el Palacio de La Moneda, el presidente Salvador Allende junto a sus más cercanos colaboradores resistía las presiones para rendirse, reafirmando su compromiso con el mandato popular que le había sido conferido. Su último mensaje, transmitido por Radio Magallanes, quedaría grabado en la memoria colectiva como un testimonio de dignidad y consecuencia política frente a la fuerza de las armas.

Con el paso de las horas, el bombardeo al palacio presidencial marcó un punto de quiebre definitivo. El humo elevándose sobre el centro de Santiago simbolizaba no solo la destrucción material de la sede de gobierno, sino también el abrupto fin de un proceso político y social que había despertado profundas esperanzas en amplios sectores del pueblo chileno.

Desde ese momento, el país entraría en un largo período de represión, persecución política y silenciamiento de las organizaciones sociales, sindicales y culturales. Miles de personas serían detenidas, ejecutadas, hechas desaparecer o forzadas al exilio, dejando una herida profunda en la historia y en la memoria de Chile que perdura hasta nuestros días.


  

Eran poco menos de las diez de la mañana y ya habían sido silenciadas las emisoras Portales y Corporación; solo quedaba Radio Magallanes al aire. Sin embargo, aun siendo amenazada de ser bombardeada, se mantuvo difundiendo las últimas palabras del compañero Presidente:

Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede rendirse.
Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!



¿Qué pasó en la población San Joaquín?

En las calles se observaba inquietud. Muchas mujeres salían a buscar a sus hijos  y  alimentos; en cambio, otras comentaban en las afueras de sus casas lo que estaba aconteciendo y, con impaciencia, esperaban la llegada de sus maridos, ya que la locomoción colectiva era escasa.

Un vecino de la calle 1 Oriente salió vociferando: “Cayó Allende, Allende cayó”. En contraste, otros pobladores izaban la bandera chilena, festejando la caída del gobierno de la Unidad Popular (cabe resaltar que un número no determinado de habitantes de la población San Joaquín estaba ligado a las Fuerzas Armadas).

Ante esta realidad, hubo un atentado al interior de la población: la garita ubicada en la calle Mariquina fue incendiada por desconocidos. Sin embargo, un grupo de jóvenes de diferentes núcleos socialistas se dirigió hacia la Escuela 30, irrumpiendo y tomándola para coordinar y aglutinar a quienes defendían al gobierno democrático.

Desde ese lugar se planificó el accionar en defensa de la población. Cabe resaltar que los muchachos observaron desde las torres de agua de la escuela cómo los aviones de la FACH bombardeaban La Moneda.

Mientras los jóvenes se mantenían parapetados en el colegio, llegó un teniente de Carabineros de apellido Torres (leal al presidente), quien los conminó a retirarse a sus casas por su seguridad, ya que ellos tenían el mandato de apresar y matar a todo aquel que desobedeciera las órdenes impuestas. Sin embargo, estos no hicieron caso. Media hora después, nuevamente volvió otra patrulla de Carabineros al establecimiento, pero esta vez con otra disposición.

En ese momento, Jorge Aravena se encontraba en su casa y fue avisado de que Carabineros amenazaba con disparar. Él salió corriendo desde su domicilio y le hizo frente a la patrulla. Es ahí donde se produjo el primer enfrentamiento; ante esta respuesta, Carabineros se replegó y huyó del lugar.

Posteriormente, el grupo de muchachos desalojó la Escuela 30 y, de cierto modo, se acordó juntarse en la calle Mariquina con Pedro Luna para organizar los cortes de calles en avenida Carlos Valdovinos con Bascuñán, además de las entradas principales a la población, para luego reagruparse por la tarde en la calle Marinero Caro (actualmente 2 de Abril).

El grupo iba comandado por Jorge Aravena, quien instó a defender la población con armas, bombas molotov y granadas. Un hecho curioso ocurrió en ese instante: por la calle Dos de Abril transitaba un camión recolector de basura de San Miguel. Los jóvenes lo detuvieron con el objetivo de usarlo como autodefensa. Bajó el conductor, quien les dijo: “Muchachos, ya está todo perdido, no hay ninguna posibilidad”. Entonces el chofer sacó de debajo del asiento un fusil AK-47 con su cargador lleno, entregándolo a los jóvenes combatientes.

Cerca de las ocho de la noche comenzó la persecución en la población. Los helicópteros enfocaban los sectores conflictivos. Posteriormente, una patrulla de militares movilizada en un jeep perteneciente a la Fuerza Aérea realizó varias rondas y atacó por tierra. Ante esto, Jorge Aravena hizo frente en la línea de fuego con disparos y granadas. Fue herido en un talón del pie y corrió hacia el interior de la población La Victoria para refugiarse. Cayó malherido, se acomodó dándose vuelta y volvió a hacer frente hasta agotar su munición.

Acto seguido, los soldados se acercaron y lo acribillaron a mansalva, dándole tres disparos mortales: uno en el pecho, otro en el cuello y otro en la pierna, dejando el cuerpo tirado. Posteriormente, la patrulla se retiró y fueron sus propios compañeros quienes retiraron el cuerpo, llevándolo a una casa cercana donde funcionaba una carnicería. Permanecieron con él hasta el amanecer del 12 de septiembre.

En los funerales de Jorge Aravena se realizó un sencillo homenaje para darle su último adiós, y posteriormente fue trasladado hasta el Cementerio General, acompañado solo por dos familiares, quienes sacaron un pañuelo blanco, ya que el régimen militar así lo había ordenado.

Cabe resaltar que estos jóvenes idealistas, inspirados en la Revolución Cubana y fortalecidos con el gobierno de la Unidad Popular, eran quienes coordinaban las actividades políticas al interior de la población San Joaquín, conformando diferentes núcleos socialistas llamados: José Martí, Manuel Rodríguez, Ho-Chi-Minh y Kim-Il-Sung.

Después del 11 de septiembre, la represión fue bastante dura al interior de la población. La delación por parte de algunos vecinos pertenecientes a las Fuerzas Armadas llevó a que muchos pobladores debieran abandonar su lugar de origen y otros se fueran al exilio. En cambio, dos pobladores fueron detenidos desaparecidos, como es el caso de Víctor Díaz López y Rodolfo González Pérez.

En cuanto a los jóvenes pertenecientes a estos núcleos, fueron emboscados por una patrulla militar el 26 de noviembre de 1973, cuando se prestaban a ingresar a la embajada de Finlandia.

Los cinco militantes socialistas fueron acribillados, con signos de haber sido torturados. La autopsia determinó que fallecieron a raíz de múltiples impactos de bala ocasionados por armamento de grueso calibre.

 

Victor Díaz López detenido desaparecido el
12 de mayo de 1976

Nació en el año 1959. Casado con Selesina Caro, padre de tres hijos, obrero gráfico, exdirigente de la Central Única de Trabajadores y subsecretario general del Partido Comunista, fue un dirigente que se caracterizó por su constante preocupación por los derechos de los trabajadores.

Después del golpe de Estado asumió como subsecretario del Partido Comunista en la clandestinidad, siendo detenido en la madrugada del 12 de mayo de 1976 por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Fue detenido tras una incansable búsqueda y persecución en su contra, iniciada desde el mismo 11 de septiembre.

El 26 de junio de 1977 se presentó un recurso de amparo en favor de Víctor Díaz López, interpuesto por el Cardenal Primado de Francia y Arzobispo de París; por el Arzobispo de Reims; por el Secretario General del Partido Socialista Francés y senador de la República de Francia, François Mitterrand; por el presidente de la Universidad de París; por el presidente de la Universidad de La Sorbona, y patrocinado por el presidente de la Orden de Abogados de Francia, Luis Pettitit. Este recurso no fue acogido por la Corte de Apelaciones de Santiago.

A pesar de las peticiones formalizadas en los distintos recursos de amparo en su favor, el tribunal jamás se constituyó en el lugar donde se produjo su detención, como tampoco en Villa Grimaldi, donde permaneció recluido en poder de la DINA.

Víctor Manuel Díaz López tenía 56 años al momento de su detención. Hasta el día de hoy es un detenido desaparecido.

Actualmente, en la población hay una plaza que lleva su nombre, y es recordado cada año por familiares, vecinos y militantes comunistas que aún exigen justicia.




Rodolfo González Pérez
Desaparecido 23 de junio 1974  

Nació en 1954. Soltero, vivía con su tía María González en la calle Valenzuela Llanos, de la población San Joaquín. Ingresó a cumplir con su servicio militar obligatorio el 2 de abril de 1973; el golpe de Estado lo sorprendió como conscripto de la Fuerza Aérea de Chile.

Rodolfo fue amigo de la mayoría de los militantes socialistas de la población, puesto que su hermano mayor militaba en uno de sus núcleos. Quizás esta experiencia afectiva le hizo asumir una conducta muy especial hacia los detenidos políticos que le correspondió vigilar, como fue el caso de Osvaldo Puccio y Tito Palestro cuando estuvieron detenidos en el Hospital Militar. Cabe resaltar que otros detenidos también supieron de la humanidad de Rodolfo.

Esta situación no duró demasiado tiempo: fue detenido el 23 de julio de 1974, encerrado y torturado en Villa Grimaldi. El 19 de noviembre de 1974 se presentó ante el 4.º Juzgado del Crimen de San Miguel una denuncia por supuesta desgracia, y el 17 de septiembre de 1975 la causa fue sobreseída.

El 10 de junio de 1991, su madre presentó una querella criminal contra agentes de la DINA por los delitos de secuestro y otros que pudieran configurarse. Es importante mencionar que no se ha podido comprobar la existencia de algún proceso por deserción de Rodolfo en el Juzgado de Aviación. Según este tribunal, la causa se encuentra sobreseída, ya que nunca fue encontrado el cuerpo de Rodolfo Valentín González Pérez, siendo actualmente un detenido desaparecido.    

Jorge Aravena Mardones
Combatiente caído 11 de septiembre 1973    

Nació en el año 1950. Soltero, vivía en la calle Pedro Luna de la población San Joaquín. Sus estudios secundarios los realizó en la Escuela Industrial de San Miguel y, posteriormente, estudió Química en la Universidad Técnica del Estado, militando en el núcleo José Martí del Partido Socialista.

En el período de desabastecimiento organizado por la derecha política, Jorge se hizo cargo de la Junta de Abastecimiento y Precios (JAP) para distribuir y organizar los productos que eran acaparados por comerciantes inescrupulosos, quienes de esa forma buscaban enriquecerse y provocar la inestabilidad del gobierno de Salvador Allende. Dentro del Partido Socialista desempeñaba responsabilidades políticas como miembro del Departamento de Organización y, en 1973, era secretario del director de Investigaciones, Eduardo Paredes.

En la mañana del 11 de septiembre de 1973, Jorge se enfrentó por segunda vez a carabineros, evitando la detención de un grupo de militantes socialistas que estaban reunidos en la casa de la calle Pedro Luna, evaluando las acciones a realizar tras el golpe militar.

Al atardecer del día 11, Jorge Aravena y  de compañeros socialistas, reunidos en la plaza y en diferentes puntos de la población San Joaquín, tenían la certeza de enfrentarse a todos los golpistas uniformados que se atrevieran a cruzar o llegar hasta este sector. Ya avanzada la noche, los militares llegaron decididos a liquidar la situación de forma rápida. Los compañeros no resistieron el ataque y buscaron protección en distintas casas de la población. Un piquete de militares logró cercar a un grupo que huyó hacia el interior de La Victoria; Jorge les hizo frente, logrando liberar a sus compañeros del peligro que corrían.

Los militares golpistas lograron herir a Jorge en el talón de su pie. Él, desde el suelo y malherido, les hizo frente en la línea de fuego hasta agotar sus municiones. Al ver esta situación, los militares se acercaron y le dieron muerte, acribillándolo.

Jorge Claudio Aravena Mardones, al momento de su muerte, tenía 23 años.

     
   

Juan Arias Quezada
                                                    Asesinado el 26 de noviembre 1973
Fue asesinado junto a sus cuatro compañeros por una patrulla militar en el Arrayan.Nació en 1956. Cursaba tercer año medio en el Liceo Miguel Luis Amunátegui y vivía en la calle Valenzuela Llanos. Desde muy temprana edad sentía inquietud por la cuestión social; las conversaciones hogareñas con su padre sobre por qué él siempre había votado y seguiría votando por Salvador Allende, así como los comentarios de sus amigos de la población sobre las simpatías que despertaba la Revolución Cubana, acrecentaban aún más esta inquietud.

Juan ingresó al Partido Socialista y, en corto tiempo, asumió una responsabilidad política: llegó a ser secretario político del núcleo José Martí, uno de los cuatro núcleos que la Juventud Socialista organizó en la población San Joaquín, y que reunía a más de un centenar de jóvenes del sector. Pese a sus escasos 16 años, a comienzos de 1973 Juan Domingo integraba la Secretaría de Organizaciones del Regional de San Miguel y presidía la Comisión Constituyente del Comité Seccional La Feria de la Juventud Socialista de Chile.

El 11 de septiembre de 1973, en compañía de sus amigos de infancia y compañeros, participó activamente contra los militares golpistas que llegaron a la población. La activa resistencia de los socialistas desató una persecución que obligó a organizar su asilo con la ayuda del ciudadano vietnamita Que Phung Trang Huynh. El grupo, integrado por Mario Zamorano, Juan Carlos Merino, Juan Díaz López y Juan Arias, intentó refugiarse en la embajada de Finlandia, pero fue descubierto por efectivos militares. Su cuerpo, junto al de sus cuatro compañeros, apareció acribillado en la calle El Cajón Nº 3620, parcela 38 del Arrayán, Lo Barnechea.

Juan Jonás Díaz López
Asesinado el 27 de noviembre 1973


  Nació en 1959 y vivió con sus padres en la ciudad de Osorno, donde realizó sus estudios y pasó la mayor parte de su vida. Militaba en las Juventudes Socialistas de esa ciudad. Durante el gobierno de la Unidad Popular, fue procesado bajo la Ley de Control de Armas, ley impulsada por la derecha política con el fin de desarmar y neutralizar cualquier organización que defendiera al gobierno de Salvador Allende.

A comienzos de octubre, Juan Jonás viajó a la ciudad de Santiago en busca de seguridad para su vida. Mario Zamorano, militante encargado de organizar el asilo político de los dirigentes intermedios de la Juventud Socialista, lo acogió en una casa de seguridad en la población San Joaquín. Posteriormente, se integró junto a Juan Arias y Carlos Merino al grupo de compañeros que ingresaría a la embajada de Finlandia.

 

Juan Carlos Merino Figueroa

Asesinado el 27 de noviembre de 1973


Nació en 1954 y vivía en la calle Simón González de la población San Joaquín. Cursó su enseñanza media en el Liceo Francés de Santiago y, al momento de su muerte, esperaba ingresar a la Universidad de Concepción para estudiar Historia.

A fines de los años 1960, Juan y sus amigos de infancia del sector, influenciados por la simpatía que generaba el proceso de la Revolución Cubana y la lucha antiimperialista del pueblo vietnamita, comenzaron a acercarse a posiciones políticas de izquierda. Juan Carlos ingresó a las Juventudes del Partido Socialista, llegando a ser secretario político del núcleo Kim Il Sung, uno de los cuatro núcleos que la Juventud tenía en la población, el cual reunía a un centenar de jóvenes. Estuvo a cargo de organizar a todos los núcleos socialistas de la población.

El 11 de septiembre de 1973, Juan Carlos, en compañía de sus compañeros, participó activamente en el combate contra los militares que llegaron a la población. Su participación en la resistencia al golpe obligó a planificar su salida del país.

Juan Carlos Merino Figueroa corrió la misma suerte que sus compañeros: fue torturado y acribillado por militares en noviembre de 1973.

Que Phung Tran Huynh 
Asesinado el 27 de noviembre de 1973

Nació en 1940 en la ciudad de Vivaldi, Vietnam. Hijo del general del ejército vietnamita Van Bien Tran.

En pleno desarrollo de la guerra de Vietnam, Que Phung viajó a Francia y Estados Unidos para realizar una campaña antibélica contra la invasión norteamericana que sufría su país.

En 1971, el presidente Salvador Allende lo invitó a Chile para trabajar y compartir sus conocimientos en bioquímica, ya que era bioquímico y experto en medicina nuclear. Jorge Aravena Mardones lo integra a Chile, buscándole domicilio y trabajo en el Hospital José Joaquín Aguirre. En este hospital santiaguino, se dedicó a investigar el efecto de los lípidos y proteínas en la sangre e inventó una máquina para realizar exámenes de sangre con diagnóstico instantáneo. Posteriormente trabajó en el Ministerio de Agricultura, en el Instituto de Desarrollo Agropecuario y en la planta de camarones de la ciudad de Coquimbo.

Después del golpe de Estado en 1973, el 14 de noviembre del mismo año, contrajo matrimonio con la chilena Olga del Carmen Aliaga Lavín. Durante los meses de septiembre, octubre y noviembre, Que Phung Tran Huynh asumió la responsabilidad de ayudar a los perseguidos a asilarse en la embajada de Finlandia; así organizó el asilo de Juan Arias, Juan Carlos Merino, Juan Díaz y Mario Zamora.

El 26 de noviembre de 1973, mientras Que Phung los conducía en dirección a la embajada, el grupo fue detenido por una patrulla militar. Fueron trasladados a un recinto militar y, en la noche del 26 y la madrugada del 27 de noviembre, fueron asesinados en la parcela 38 de la calle El Cajón, en El Arrayán.



Mario Zamorano Cortés 
Asesinado el 27 de noviembre de 1973
Nació en el año 1939. Cursó sus estudios de enseñanza media en el Liceo Tomás Jefferson y en el Liceo Federico Hanss. Mario militaba en el núclo José Martí de la población San Joaquín, como profundo admirador de la revolución cubana participa activamente en diversas organizaciones de solidaridad con Cuba y mantiene un estrecho contacto postal con los jóvenes cubanos, quienes les enviaban mensualmente las revistas Bohemía, Granma y Juventud Rebelde que Mario distrubuía al resto de los países del Cono Sur. Como miembro del Comité Central de las Juventudes del Partido Socialista, le correspondió la responsabilidad de actuar como secretario del departamento de finanzas de la juventud, labor que desempeño hasta el golpe militar.
Mario Zamorano, fue asignado para coordinar la salida al exterior de los compañeros que estaban siendo perseguido, él personalmente traslado a los cinco jóvenes que se disponían a ingresar a la embajada de Filandia, siendo interceptado por una patrulla militar el 26 de noviembre de 1973.
Los militantes Socialistas, fueron torturados y estando moribundo los trasladaron hasta la parcela  38 calle el Cajón Nº 3620 donde los asesinaron.

Extracto del libro y radio teatro Voces con Historia, 
realizado por Radio Primero de Mayo 
Fuente:

Fotos WEB
Editorial Zig-Zag
Extractos biografías Librillo Umbral de las
Ausencias y de las Presencias
Macarena Vinnett
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