La crónica roja de la Población San Joaquín

martes, 27 de noviembre de 2012

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Cada lugar tiene su propia historia: historias luminosas, otras difíciles y algunas profundamente trágicas. La población San Joaquín no ha estado ajena a esos episodios que marcan para siempre la memoria colectiva. En sus 52 años de existencia, nuestro territorio ha sido escenario de luchas, de organización comunitaria y también de hechos dolorosos que dejaron huellas imborrables en sus familias y vecinos.

Entre esos acontecimientos que estremecieron a la comunidad, se encuentra el caso de Pía Lorena Urra Carriaga, estudiante del Liceo Francés, cuya vida fue arrebatada de manera brutal. Su secuestro y posterior asesinato, perpetrado por un vecino, conmocionaron no solo a su familia y amistades, sino también a toda la población, que hasta entonces se percibía como un espacio de cercanía y confianza.

¿Qué pasó ese día?

La adolescente, como todas las mañanas, se dirigió a su establecimiento educacional ubicado en Vergara Nº 341. Además, llevaba el dinero para pagar la mensualidad.

Alrededor del mediodía, un hombre llamó por teléfono al liceo, identificándose como vecino, y entregó el siguiente mensaje a la directora: los padres de Pía habrían sufrido un asalto en el bazar.

Posteriormente, la profesora fue a buscar a la estudiante a su sala y le dio permiso para retirarse. Esa fue la última vez que se observó a Pía caminando por calle Vergara hacia la Alameda, donde se pierde su rastro.

Durante la tarde, los padres comenzaron a inquietarse al ver que su hija no llegaba a la hora de costumbre. Aproximadamente a las 17:15 horas recibieron una llamada anónima en la que les informaban que su hija estaba secuestrada y que se requerían $150.000 pesos para su rescate, dando un plazo de media hora para la entrega del dinero.

Ante esta situación, comenzó a correr la voz en la población sobre el secuestro de Pía. Los vecinos la buscaron infructuosamente por cuadras y sitios eriazos; se colocaron retratos en distintos lugares y se acudió a algunos matutinos donde se publicó su fotografía, pero la búsqueda no daba resultados.

Ese mismo día, los padres recibieron otra llamada en la cual les indicaban dónde debían dejar el dinero. La voz anónima señaló que debían dirigirse al paradero de las micros Matadero Palma (cerca de su domicilio). Además, advirtió que no avisaran a nadie, de lo contrario mataría a la estudiante.

Durante la tarde, el asesino se acercó a la casa de los padres, argumentando que desde un automóvil habían dejado un mensaje escrito.

Este mensaje fue clave para que la Brigada de Delitos Sexuales de Investigaciones comenzara a sospechar de un vecino.







Fueron pasando los días y la estudiante no aparecía, pero el supuesto secuestrador seguía insistiendo con el dinero. Llamó nuevamente a la familia señalando que les daba la última oportunidad para entregar la suma exigida, esta vez debajo de unos tambores ubicados en la calle San Joaquín y sin presencia de carabineros, como había ocurrido anteriormente.

La brigada comenzó a sospechar de un vecino cercano, quien apoyaba activamente a la familia en la búsqueda. Tras largas horas de interrogatorio, S.P. confesó:

“No la busquen más, porque Pía no está… No va a estar más… Está muerta… ¡Yo la maté y la enterré en mi casa!”









¿Qué hizo es día S.P.?

El asesino planificó todo con frialdad. Realizó la llamada telefónica y posteriormente fue a buscar a la estudiante al paradero, engañándola con el argumento de que la acompañaría por encargo de su familia. Luego le pidió que lo acompañara a su nueva casa, en Estación Central, para buscar un álbum fotográfico.

La joven accedió, pues era un conocido cercano de la familia y le tenía confianza.

Llegaron a la vivienda ubicada en Teniente Bello Nº 1578, población Los Nogales. Con el paso de los minutos, la adolescente comenzó a inquietarse; pronto esa inquietud se transformó en temor, lo que alteró a S.P., quien reaccionó violentamente y la estranguló cuando el reloj marcaba las 14:30 horas del mismo día del secuestro.

Posteriormente, introdujo el cuerpo en un saco papero, amarró la parte superior y lo dejó detrás de la puerta de entrada de su casa, donde permaneció hasta el día siguiente.

Durante la tarde-noche llegó su esposa, parvularia y embarazada de siete meses y medio, quien no prestó mayor atención al saco. A la mañana siguiente, después de dejarla en el paradero como de costumbre, regresó a la vivienda y excavó un hoyo poco profundo, donde enterró a la muchacha.





Lugar dónde fue enterrada Pia Urra Carriaga.

¿Cuál fue el motivo del alevoso crimen?

S.P. se había casado recientemente y su esposa estaba embarazada. Además, se encontraba cesante y hacía poco se habían cambiado de casa, por lo que necesitaba dinero. Sabía que la familia Urra Carriaga era comerciante y que Pía era hija única, por lo que pensó que su plan daría resultado.



¿ Cómo reacciono la población?
Con rabia, violencia y exigiendo la pena de muerte para el asesino. Fueron muchos días de búsqueda por parte de los vecinos y la familia era muy cercana en la población, por lo que la ira hacia S.P. era incontenible.

Los pobladores se preguntaban:

“¿Cómo pudo fingir tantos días? ¿Cómo fue tan cínico que, luego de matar a la niña, se acercara a los padres diciendo que era su amigo? Debían matarlo de inmediato, antes de que la gente comenzara a tener compasión de él o dijeran que estaba loco”.

Eran distintas opiniones que se escuchaban. Incluso su propia madre, antes de saber que su hijo era el asesino, también exigía la pena de muerte.


¿Su despedida y el doloroso adiós  a Pía Lorena ?




Los funerales de Pía Urra Carriaga se realizaron en la Parroquia San Mateo. Hasta allí llegaron cientos de personas: pobladores, familiares, profesores y compañeros del Liceo Francés, donde Pía cursaba cuarto medio.

En la iglesia se concentró una multitud de estudiantes y adultos que quisieron solidarizar con la familia, entregando testimonios y muestras de afecto. La emoción estuvo siempre presente; numerosas personas derramaron lágrimas frente al ataúd de acero que contenía los restos de la joven de apenas 17 años.

Posteriormente, el cortejo fúnebre se dirigió al Parque del Recuerdo.






¿Qué pasó con S.P. ?

El sujeto, de 23 años, fue detenido e incomunicado por la Brigada de Delitos Sexuales, que logró vincularlo al caso, entre otros antecedentes, por la falta de ortografía en el mensaje donde escribió “San juaquín”. Fue trasladado a la Cárcel Pública de Santiago y condenado a cadena perpetua.

En cuanto a la familia Urra Carriaga, nunca superó la muerte de su hija. Tras este hecho horroroso decidieron vender la casa y, desde entonces, su paradero es desconocido.

Manifestamos que omitimos fotografías, nombre completo y dirección de S.P. para no reabrir heridas profundas en una familia que continúa siendo parte de nuestra comunidad.

Durante esa década ocurrió otro hecho cercano al domicilio de Pía que causó rechazo en la población: el asesinato de la pascuense Mariana Beriberi.

De este caso se sabe poco. Los vecinos relatan que la mujer habría sido asesinada por su sobrino y que el móvil fue robo.

¿Por qué se conoce poco de ella?

Según testimonios de los pobladores, Mariana trabajaba por turnos en el Hospital Militar como paramédico, por lo que se le veía escasamente en la población. Además, llevaba poco tiempo residiendo en la villa San Joaquín, por lo que no se conocieron mayores detalles de su vida, salvo que era de origen Rapa Nui y se desempeñaba en el área de la salud.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 



Extracto del libro y  Radio Teatro Voces con Historia de la Población San Joaquín, 
realizado por Radio 1º de Mayo


Fuentes:
Leopoldo Sarmiento
Sra. Carmen Retamal
Fotos diarios locales
Macarena Vinnett