La locomoción en la población San Joaquín

viernes, 29 de octubre de 2010

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Los primeros transportes públicos en Chile se originan a principios del siglo XVII. Solo un sector más acaudalado de la élite criolla contaba con este medio de traslado, que consistía en una especie de cajón con ruedas, forrado en cuero y de tracción animal. Estos carruajes se encontraban finamente decorados, muchas veces en armonía con las fachadas de sus casas, demostrando así la alcurnia y posición social de los señores de la época.

Posteriormente, hacia 1857, comienza la movilización colonial en Santiago gracias al ingeniero inglés Wallace Buchnan, quien construyó la primera carrocería que comenzó a transitar por las calles de la ciudad el 10 de julio de ese año. A medida que la población de la capital fue creciendo, también lo hizo la necesidad de transporte: hacia 1870 ya existían alrededor de 1.400 birlochos vehículos más ligeros con dos asientos tirados por caballo y coches de mayor tamaño que trasladaban a los habitantes de entonces.

Más adelante, el 15 de septiembre de 1945, se crea la primera empresa estatal conocida como Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETCE), dando origen a los tranvías y pasando a su administración 488 carros que eran operados directamente por la compañía eléctrica Chilectra. Este sistema llegó a su fin el 19 de diciembre de 1952, dando paso a los trolebuses, conocidos popularmente como “trole” o “trolley”, cuyo funcionamiento también dependía de la electricidad, pero a través de cables superiores.

En la población San Joaquín, a medida que fueron llegando nuevos habitantes, comenzaron a aparecer las primeras máquinas de transporte público. En 1962 arriba por primera vez la locomoción colectiva con la libre Nº 20 Eduardo Castillo Velasco. El empresario Juan Lobos trajo una partida de treinta libres para responder a las necesidades de traslado de la creciente población. Su paradero se ubicó inicialmente en la calle Valenzuela Llanos con Carlos Valdovinos y posteriormente, la garita conocidas en ese entonces como refugio se trasladó a la intersección de Mariquina con Central, debido al gran número de pasajeros provenientes de la población La Victoria.

El transporte en aquellos años era escaso, por lo que fueron llegando nuevos recorridos: la micro 38-B Matadero Palma y la 55-A, que mantuvo su paradero en Mariquina con Armando Lira, ubicando su garita en el lugar donde hoy se encuentra la sede del club deportivo Antorcha. En 1972, el empresario Demetrio Marinakis (padre) se comprometió a incorporar un nuevo recorrido: La Ovalle-Negrete, cuya variante incluía Valenzuela Llanos y Marinero Caro (actual Dos de Abril), uniendo las poblaciones San Joaquín y La Victoria. Otros recorridos importantes fueron la Nº 19 Vivaceta-Plaza Egaña-La Palmilla y la Nº 35 San Eugenio-Recoleta, cuya parada se situaba en la calle Belén, frente a la Tenencia de Carabineros. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos de estos servicios fueron desapareciendo.

Cabe destacar que entre 1965 y 1966 los pobladores utilizaron por un breve período otro medio de transporte: los llamados “trenes populares”, cuyo recorrido iba desde Estación Central hasta Irarrázaval (Ñuñoa). Estos transitaban por el sector conocido como la Carretera de los Pobres (actual Isabel Riquelme) y contaban con paradas en Bascuñán, Club Hípico y Sierra Bella, hasta llegar al terminal de la Estación Ñuñoa, donde se encontraba la antigua bodega Santa Helena.

Ya en la década de 1980 aparece un nuevo recorrido que marcaría profundamente la vida cotidiana del sector: la micro Nº 419. Esta ingresaba a la población por Carlos Valdovinos y Central, ubicando su paradero en Mariquina con Central. Su trayecto permitía llegar hasta el corazón de Santiago, en plena Plaza de Armas, continuando luego hacia el sector oriente hasta Las Condes, atravesando prácticamente tres comunas y conectando a los vecinos con sus lugares de trabajo, estudio y comercio.

Este paradero permaneció activo hasta el año 2007, en el mismo lugar donde décadas antes se ubicará la histórica libre Nº 20 Eduardo Castillo Velasco. Cuando se informó el retiro definitivo de la 419, la población completa se movilizó en señal de protesta: vecinos y vecinas salieron de sus casas y marcharon por las calles del sector para defender un servicio que había sido parte de su historia cotidiana. Sin embargo, aquello no fue suficiente, ya que el 10 de febrero de 2007 se implementó un nuevo modelo de transporte metropolitano: el Transantiago, transformando radicalmente la forma de movilizarse en la ciudad.

El 29 de julio de 1981 había comenzado también otra modalidad de transporte más pequeño: los colectivos 107 Llano Subercaseaux, cuyo paradero inicial estaba en la calle La Marina. Con el tiempo, su radio de acción se amplió hasta llegar a la población San Joaquín, permitiendo trasladar a los vecinos hacia la Gran Avenida, frente al Hospital Barros Luco.

Finalmente, el 7 de octubre de 1990 se inauguraron los colectivos Aduana, que transportaban a los habitantes de la población San Joaquín hasta el bandejón central de la Alameda con Amunátegui. Sus gestores fueron Juan Carlos Rivera y Miguel Soto, quienes contribuyeron a mejorar la conectividad del sector en una etapa clave de crecimiento urbano.

Actualmente, y después de una larga lucha de los vecinos y vecinas, existen nuevos recorridos de locomoción colectiva que han significado un avance concreto en la conectividad del sector. Entre ellos destaca el recorrido 345, que traslada a los pobladores hasta Estación Central, constituyendo un gran aporte, ya que anteriormente no existía un servicio directo hacia ese importante punto de la ciudad. A esto se suma la micro H-4, que transporta a los vecinos hacia el sector de la Gran Avenida, a pocos pasos del Hospital Barros Luco, facilitando el acceso a servicios de salud, comercio y trámites cotidianos.

Posteriormente, el 2 de noviembre de 2017, llega la Línea 6 del Metro de Santiago, favoreciendo de manera inimaginable la calidad de vida de los pobladores de San Joaquín. Este nuevo medio de transporte permitió reducir significativamente los tiempos de traslado, mejorar la conexión con distintos puntos de la capital y abrir nuevas oportunidades laborales, educacionales y culturales para la comunidad.

Estos avances en materia de transporte no solo representan una mejora en la infraestructura urbana, sino también el resultado de años de organización y esfuerzo colectivo de los habitantes del territorio, quienes históricamente han debido levantar sus demandas para ser escuchados. La llegada de nuevos recorridos y del metro marca así una etapa de mayor integración de San Joaquín con el resto de la ciudad, reafirmando la importancia de la participación comunitaria en la conquista de mejores condiciones de vida.

La historia de la micro 419 y de los distintos medios de transporte que han pasado por la población San Joaquín no solo habla de recorridos y máquinas, sino también de la vida diaria de sus habitantes, de sus luchas por una mejor conectividad y de la memoria colectiva que permanece en cada paradero, en cada calle y en cada viaje compartido.

“Toda la información queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

  

 



Extracto del libro y Radio Teatro Voces con Historia de la población San Joaquín
realizado por la Radio Primero de Mayo


Fuente: Sr. Juan Lobos
Fuente: Sr.Miguel Soto
Fotografías: WWW.CHILEBUS
Macarena Vinnett