Desde tiempos de la colonia, los personajes
típicos han sido parte de la historia popular de una ciudad, comuna o
población. Ya en pleno siglo XIX encontrábamos a los aguateros, quienes se
encargaban de repartir este vital elemento en barriles a las familias más
acaudaladas de la época, pues en aquellos años aún no existían redes de
alcantarillado ni cloacas en Santiago. Cabe destacar que recién hacia el año
1900 comienza la construcción de alcantarillas en la ciudad.
Otros personajes populares fueron los
lecheros, heladeros, dulceros, organilleros y vendedores de mote con huesillos,
por mencionar algunos. Sin embargo, dentro de esta diversidad, existen también
aquellos personajes que, sin un oficio determinado, pasan a ser celebridades
populares dentro de un sector geográfico específico. Así encontramos en la
población San Joaquín, desde sus comienzos, a diversas figuras que quedaron
grabadas en la memoria colectiva.
Uno de ellos fue “el Viejo de las
castañuelas”, quien durante la década de 1960 causaba estragos entre los niños.
La particularidad de este ciudadano era que recorría la población tocando con
sus dedos unos pedazos de pizarreño que imitaban el sonido de castañuelas pequeño
instrumento de percusión de madera, original de España. Para muchos niños de
entonces era el terror mismo, pues los padres lo utilizaban como figura para
atemorizar ante alguna travesura. También se recurría al famoso personaje del
folclor infantil hispano, “el viejo del saco”, que supuestamente se llevaba a
los niños desobedientes que andaban solos por las calles. Con el paso del
tiempo fueron apareciendo innumerables personajes que vivieron y algunos aún
viven en la población. Entre ellos destacan:
El abriguito: vivía en un departamento de la calle Virginio
Arias. Era un hombre de estatura mediana que siempre usaba un largo abrigo de
lana, sin importar la temporada. Se decía que había sido profesor por su buen
hablar y sus amplios conocimientos de historia. El alcohol lo llevó finalmente
a la indigencia; la Parroquia San Mateo lo acogió por un tiempo, pero decidió
volver a la calle hasta el final de sus días.
Canales: recordado por los vecinos como una persona muy
solidaria. En fechas cercanas a la Navidad solía fabricar luces de colores
utilizando tubos fluorescentes, iluminando de manera artesanal los pasajes del
sector.
El paco Núñez: exuniformado de Carabineros que cayó en el
alcoholismo y deambulaba por las calles de San Joaquín. Era conocido por una
particular y extravagante apuesta que consistía en lanzar quince flatulencias
en un breve lapso de tiempo, situación que provocaba risas y asombro entre
quienes lo rodeaban.
La campana de fundo: apodo dado a una vecina del sector Armando
Lira, recordada por su voluptuosa figura, que la convirtió en personaje
comentado dentro del barrio.
La picotón: vecina que solía pedir vino diciendo simplemente:
“deme un picotón”, expresión que terminó transformándose en su sobrenombre.
El Ardilla: según algunos, fue un hombre de buena posición
económica, pero el consumo de drogas deterioró su salud mental. Aún hoy se le
puede ver deambular por las calles de la población, convertido en una figura
silenciosa del paisaje cotidiano.
El bombero: desde muy joven recorría la población imitando con
su voz la sirena de un carro bomba. Cuando ocurría una emergencia o incendio,
era el primero en llegar, con una toalla al cuello simulando su uniforme. Los
bomberos verdaderos admiraban su entusiasmo, pese a su condición mental. Como
gesto de cariño, le regalaron un casco que llevaba siempre puesto mientras
caminaba por las entonces polvorientas calles de San Joaquín.
El mono loco: personaje de la década de 1980, presente en
cuanto evento cultural o ensayo musical se realizaría en el barrio. Era divertido, osado y sin
límites cuando se encontraba bajo los efectos de estupefacientes, desplegando
una imaginación y creatividad que lo hacían inolvidable para quienes
compartieron con él.
El Mariachi
Dentro de estos personajes populares existe uno
que, con más de seis décadas de vida, aún recorre las calles y plazas de la
población San Joaquín: el inigualable “Mariachi”. Cuando está ebrio suele
exclamar con voz potente:
“¡Soy el último de los Miranda!”, seguido de una contagiosa carcajada.
El Mariachi, cuyo nombre es Juan Filomeno
Miranda Garrido, nació el 23 de junio de 1946 en Santiago, hijo de Marta
Rebeca Garrido. Llegó a la población junto a su familia cuando tenía apenas
diez años, procedente de la población Nueva Matucana. Su apodo proviene de su
profunda afición por la música mexicana, sobrenombre que le otorgó un antiguo
vecino.
Ingresó a la Escuela Mixta Nº 30, donde uno de
sus profesores, Sergio Montecinos, le enseñó las primeras letras y despertó en
él el gusto por la lectura, afición que conserva hasta hoy. Desde niño fue
inquieto y travieso; solía molestar a las niñas llamadas María gritándoles
“¡María guata fría!”, lo que le valió reiteradas suspensiones escolares.
La familia Miranda fue pionera en la
gasfitería dentro de la población, conocida popularmente como “los guarenes”.
A los doce años, Juan ya trabajaba junto a su padre desengrasando lavaplatos de
concreto adheridos al suelo, en una época en que la grasa se acumulaba
fácilmente en las cañerías.
Su primera gran pena de amor ocurrió a los
quince años, cuando la joven de la que estaba enamorado (vecina de la calle
Armando Lira) contrajo matrimonio.
Desesperado, quebró los vidrios de su propia casa, motivo por el cual recibió
un severo castigo familiar.
A los dieciocho años se casó con Isabel
Flores, con quien formó familia, aunque con el tiempo la relación terminó en
separación definitiva. Una de sus características menos amables es que, bajo
los efectos del alcohol, puede mostrarse grosero con quienes no son de su
agrado; sin embargo, con sus cercanos mantiene respeto y afecto.
Hoy, el Mariachi continúa siendo uno de los
personajes más reconocidos de la población San Joaquín, caminando entre calles
y plazas mientras proclama su célebre frase:
“Soy el Mariachi, el último de los Miranda”.Estos personajes, lejos de
ser simples anécdotas, forman parte del patrimonio inmaterial de la población
San Joaquín. Representan una época, una forma de convivencia barrial y una
memoria compartida construida entre pasajes, juegos infantiles, fiestas comunitarias
y dificultades sociales.
Recordarlos es también reconocer la historia
cotidiana de quienes, sin ocupar páginas en los libros oficiales, dieron
identidad y humanidad al territorio. En sus gestos, apodos, oficios y locuras
se guarda la esencia de un barrio que ha resistido el paso del tiempo gracias a
la memoria de su gente.
Toda
la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione
su fuente.”
Fuente: Juan Miranda Garrido
Foto: Gaby Sarmiento
