Una causa determinante del nacimiento del movimiento Scout fue la
guerra anglo-bóer en Sudáfrica, durante la cual el general inglés Robert Baden-Powell puso en práctica un servicio
auxiliar conformado por niños y jóvenes, quienes cumplían labores de apoyo,
mensajería y observación. Esta experiencia demostró el valor de la disciplina,
la responsabilidad y el espíritu de servicio en la juventud.
La historia
señala que, al regresar de aquella campaña, el general decidió implementar este
sistema formativo entre los jóvenes de Gran Bretaña. Así, entre 1903 y 1907, desarrolló trabajos de adaptación de
los métodos de exploración, orientación en la naturaleza, vida al aire libre y
ciertos conocimientos de organización y supervivencia, transformándolos en una
propuesta educativa orientada a la formación integral de la juventud, basada en
valores como la solidaridad, la lealtad y el compañerismo.
El interés
que provocó esta iniciativa fue extraordinario: los 24
muchachos que participaron en las primeras experiencias se
transformaron, en el plazo de dos años, en más
de 200 mil scouts, organizados en patrullas y grupos a lo largo
de Inglaterra. De este modo, en enero de 1908
se declara formalmente fundada la organización Scout, dando inicio a un
movimiento juvenil que pronto se expandiría por el mundo.
Chile se convirtió en el primer país
de América Latina y el segundo en el mundo en organizar grupos
de jóvenes exploradores. Su fundación se remonta al 21
de mayo de 1909 en el Puente del Morro, bajo la inspiración
directa de Robert Baden-Powell. El primer director de la institución en Chile
fue el doctor Alcibíades Vicencio, quien, junto a un
grupo de entusiastas jóvenes, organizó las primeras brigadas scouts del país.
Esta realidad
se concretó luego de que Baden-Powell dictara una charla en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, el 26 de marzo de 1909, instancia que motivó la
creación de la Primera Brigada N.º 1 de Scouts en
Chile. Desde entonces, el movimiento scout chileno se ha
desarrollado como una propuesta educativa orientada a la formación de
ciudadanos responsables, comprometidos con su comunidad, respetuosos de la
naturaleza y guiados por principios de servicio, fraternidad y paz.
Con el paso de los años, el escultismo se expandió a todo el
territorio nacional, integrando a miles de niños, niñas y jóvenes en
actividades de campamento, aprendizaje práctico y vida comunitaria. Su
influencia ha contribuido significativamente a la formación valórica de
generaciones, consolidándose como uno de los movimientos juveniles más
importantes y perdurables del mundo contemporáneo.
El escultismo en la población San Joaquín tuvo su origen en la
década de 1970, bajo la Federación de Scouts Católicos, donde se promovían
valores fundamentales en niños y jóvenes, enseñándoles a proteger el medio
ambiente, proyectarse metas para el futuro, fortalecer su desarrollo físico
mediante ejercicios y excursiones, y cultivar una sana disciplina basada en el
honor, la solidaridad y la paz. Esta formación no solo buscaba el aprendizaje
práctico de la vida al aire libre, sino también la construcción de una
conciencia social y comunitaria en tiempos complejos para el país.
Uno de los
primeros forjadores del escultismo en la población San Joaquín fue el señor
Jorge Jara, quien hizo de esta práctica una verdadera filosofía de vida para
muchos niños y niñas del sector, incentivando el compañerismo, la
responsabilidad y el respeto mutuo. Su labor se desarrolló con esfuerzo y
convicción, convirtiéndose en un referente formativo para varias generaciones
que encontraron en el movimiento scout un espacio de crecimiento personal y
colectivo.
Cabe resaltar
que uno de los primeros campamentos se realizó en 1976, en el Cajón del Maipo y
la Quebrada de Macul. Hasta ese lugar precordillerano llegó un grupo de jóvenes
guiados por el señor Jara, quienes pusieron en práctica los conocimientos
adquiridos durante su proceso de formación como exploradores. En aquellos años,
la infraestructura para el escultismo era bastante rudimentaria y de alto costo
económico; por ello, muchos adolescentes improvisaban sacos de dormir uniendo
frazadas que luego cosían, mientras que las carpas eran de lona tipo militar,
pesadas y difíciles de armar. Las mochilas consistían en bolsos de lona
suspendidos en la espalda y el “turco” (sujetador del pañolín) solía ser de
hueso redondo, elemento sencillo pero cargado de simbolismo dentro de la
tradición scout.
En octubre de
1976, más de 5.000 niños se dieron cita en la Quebrada de Macul, constituyendo
el primer Jamboree realizado en el país con carácter nacional e internacional.
El entonces presidente de Bolivia, Hugo Banzer, determinó el envío de 150
jóvenes bolivianos, trasladados en aviones de la Fuerza Aérea de Chile bajo la
supervisión del comandante Gustavo Leigh. De igual forma, participaron 150
niños provenientes de Magallanes y 32 scouts de Isla de Pascua, mientras que
los grupos desde Puerto Montt fueron trasladados por Ferrocarriles del Estado.
Dentro del
perímetro del campamento se instalaron cerca de 1.800 carpas, además de una
radio emisora con alcance de dos kilómetros y un sistema de amplificación que
marcaba las actividades diarias. Este mega campamento, que reunió a un total de
408 grupos, contó con el apoyo de la Municipalidad de Ñuñoa y la Universidad
Católica de Chile. En cuanto a donaciones, la industria Zalaquett entregó 5.000
insignias, mientras que INSA obsequió una cantidad no determinada de uniformes
completos a los scouts más destacados, gesto que permitió fortalecer el sentido
de pertenencia y reconocimiento dentro del movimiento.
Posteriormente,
el 22 de febrero de 1983 se conformó otro clan scout en la población San
Joaquín, dando origen al Grupo Scouts Peulla, palabra en mapudungun que
significa “Brotes Nuevos”. Esta organización nació bajo el alero de la
Parroquia San Mateo, con la participación de grupos prejuveniles, catequesis y
el Moani. Sus integrantes se vincularon con un grupo scout de Montecarmelo,
quienes les entregaron las herramientas necesarias para su formación. Entre sus
fundadores destacan la señora María Isabel González (“Belu”) y Rodrigo Zamora,
manteniéndose vigente una organización que con los años consolidó una profunda
presencia comunitaria.
En sus
inicios, las actividades se realizaban en las calles de la población;
posteriormente, el grupo utilizó la Junta de Vecinos Nº 4 y la capilla San
Mateo como espacios de encuentro. Allí se reunía un gran número de niños y
niñas frente a la casa parroquial, participando en juegos, cantos y dinámicas
formativas. Los grupos se dividían en golondrinas, lobatos, guías, rutas y
tropa, siguiendo la estructura tradicional del movimiento scout y permitiendo
un desarrollo acorde a cada etapa de crecimiento.
Una de las
actividades más significativas era el fogón, momento simbólico en el que todos
se reunían en torno al fuego formando un círculo. Mientras se entonaban
canciones suaves, uno de los dirigentes relataba la historia del fuego y
compartía un cuento sencillo que siempre dejaba una enseñanza valórica,
reforzando la fraternidad, la reflexión y el sentido de comunidad.
El grupo Peulla,
todos los años ha realizado innumerables
campamentos a lo largo de la zona sur de Chile, sostenidos principalmente
gracias a la autogestión y el compromiso de las familias. El último gran
campamento registrado, en 2012, se desarrolló durante 14 días en Valdivia,
experiencia que fortaleció la convivencia, la autonomía y el amor por la
naturaleza en sus participantes.
Hasta la
actualidad, el Grupo Scouts Peulla continúa vigente, formando niños y jóvenes
con valores y principios que hacen del escultismo una práctica cotidiana de
vida en la población. Su historia refleja perseverancia, identidad comunitaria
y compromiso con la formación integral de nuevas generaciones, manteniendo viva
una tradición que ha trascendido décadas y que sigue aportando al tejido social
de San Joaquín.
Toda
la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione
su fuente.
Rodrigo Zamora
Diarios de la época





