El golpe de Estado en la población San Joaquín

domingo, 16 de octubre de 2011

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En 1972 cuando él Presidente Salvador Allende, recorría tres continente y hablaba ante las Naciones Unidas de cómo la experiencia socialista chilena era única en el mundo y un ejemplo para los países latinoamericanos, en ese entonces nada hacía predecir que al año siguiente un 11 de septiembre de 1973 iba acontecer un hecho que enlutaría al pueblo chileno por más de 17 años. La tortura, las desapariciones, el exilio, los fusilamientos, los asesinatos y la cárcel fue la respuesta de la traición de las Fuerzas Armadas chilenas, propiciado por la que se autodenominó Junta Militar de Gobierno.

A partir de ese momento se instauró un período de represión sistemática que buscó silenciar toda forma de organización social, política y cultural que hubiese florecido en los años anteriores. Miles de familias fueron separadas, muchas comunidades quedaron marcadas por el miedo y el dolor, y la vida cotidiana se transformó profundamente bajo el control militar y la censura. Sin embargo, pese a la persecución y al terror impuesto, comenzaron también a surgir diversas formas de resistencia y solidaridad, tanto en el interior del país como en el exilio, donde hombres y mujeres mantuvieron viva la memoria, la denuncia de las violaciones a los derechos humanos y la esperanza de recuperar la democracia y la justicia para el pueblo chileno.

En barrios, poblaciones, parroquias, organizaciones de derechos humanos y espacios culturales clandestinos, se fue tejiendo lentamente una red de apoyo y dignidad que permitió sostener la vida en medio de la adversidad. La memoria de quienes ya no estaban y la convicción de construir un futuro distinto se transformaron en una fuerza colectiva que atravesó generaciones, dejando una huella profunda en la historia social y política de Chile.

 




Aquél martes 11 de septiembre de 1973, a las 08:00 am las emisoras radiales irrumpían con sones marciales dando a conocer el primer bando de la recién constituida "Junta de Gobierno" que decía lo siguiente:

“Teniendo presente: que el gobierno de Allende ha incurrido en graves ilegitimidad demostrada al quebrantar los derechos fundamentales de libertad de expresión, libertad de enseñanza, derecho de huelga, derecho de petición, derecho de propiedad y derecho en general a una digna y segura subsistencia...Que el mismo gobierno ha quebrantado a la unidad nacional, fomentando artificialmente una lucha de clase, estéril, y en muchos casos cruenta, perdiendo el valioso aporte que todo chileno podría hacer en búsqueda del bien de la Patria, y llevando a una lucha fratricida y ciega, tras ideas extrañas a nuestra idiosincrasia, falsa y probadamente fracasadas…”

Después de escuchar el fatídico mensaje por las radios intervenidas, el segundo bando notificaba lo siguiente:

“El depuesto presidente de la república debe proceder a la inmediata entrega de su cargo a las Fuerzas Armadas y Carabineros. El Palacio de La Moneda deberá ser evacuado antes de las 11 horas, de lo contrario será atacado por las Fuerzas Aéreas de Chile, posteriormente arrojaron 36 cohetes en 9 pasadas.”

A medida que avanzaban las horas de aquella mañana, la incertidumbre y el temor comenzaron a extenderse por las calles de Santiago y de todo el país. El sonido de los aviones sobrevolando el centro de la ciudad, el despliegue militar en puntos estratégicos y la interrupción de las comunicaciones fueron señales inequívocas de que Chile ingresaba en uno de los períodos más oscuros de su historia. Las familias permanecían en sus hogares, escuchando en silencio las escasas transmisiones radiales permitidas, intentando comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Mientras tanto, en el Palacio de La Moneda, el presidente Salvador Allende junto a sus más cercanos colaboradores resistía las presiones para rendirse, reafirmando su compromiso con el mandato popular que le había sido conferido. Su último mensaje, transmitido por Radio Magallanes, quedaría grabado en la memoria colectiva como un testimonio de dignidad y consecuencia política frente a la fuerza de las armas.

Con el paso de las horas, el bombardeo al palacio presidencial marcó un punto de quiebre definitivo. El humo elevándose sobre el centro de Santiago simbolizaba no solo la destrucción material de la sede de gobierno, sino también el abrupto fin de un proceso político y social que había despertado profundas esperanzas en amplios sectores del pueblo chileno.

Desde ese momento, el país entraría en un largo período de represión, persecución política y silenciamiento de las organizaciones sociales, sindicales y culturales. Miles de personas serían detenidas, ejecutadas, hechas desaparecer o forzadas al exilio, dejando una herida profunda en la historia y en la memoria de Chile que perdura hasta nuestros días.


  

Eran poco menos de las diez de la mañana y ya habían sido silenciadas las emisoras Portales y Corporación; solo quedaba Radio Magallanes al aire. Sin embargo, aun siendo amenazada de ser bombardeada, se mantuvo difundiendo las últimas palabras del compañero Presidente:

Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa, lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede rendirse.
Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!



¿Qué pasó en la población San Joaquín?

En las calles se observaba inquietud. Muchas mujeres salían a buscar a sus hijos  y  alimentos; en cambio, otras comentaban en las afueras de sus casas lo que estaba aconteciendo y, con impaciencia, esperaban la llegada de sus maridos, ya que la locomoción colectiva era escasa.

Un vecino de la calle 1 Oriente salió vociferando: “Cayó Allende, Allende cayó”. En contraste, otros pobladores izaban la bandera chilena, festejando la caída del gobierno de la Unidad Popular (cabe resaltar que un número no determinado de habitantes de la población San Joaquín estaba ligado a las Fuerzas Armadas).

Ante esta realidad, hubo un atentado al interior de la población: la garita ubicada en la calle Mariquina fue incendiada por desconocidos. Sin embargo, un grupo de jóvenes de diferentes núcleos socialistas se dirigió hacia la Escuela 30, irrumpiendo y tomándola para coordinar y aglutinar a quienes defendían al gobierno democrático.

Desde ese lugar se planificó el accionar en defensa de la población. Cabe resaltar que los muchachos observaron desde las torres de agua de la escuela cómo los aviones de la FACH bombardeaban La Moneda.

Mientras los jóvenes se mantenían parapetados en el colegio, llegó un teniente de Carabineros de apellido Torres (leal al presidente), quien los conminó a retirarse a sus casas por su seguridad, ya que ellos tenían el mandato de apresar y matar a todo aquel que desobedeciera las órdenes impuestas. Sin embargo, estos no hicieron caso. Media hora después, nuevamente volvió otra patrulla de Carabineros al establecimiento, pero esta vez con otra disposición.

En ese momento, Jorge Aravena se encontraba en su casa y fue avisado de que Carabineros amenazaba con disparar. Él salió corriendo desde su domicilio y le hizo frente a la patrulla. Es ahí donde se produjo el primer enfrentamiento; ante esta respuesta, Carabineros se replegó y huyó del lugar.

Posteriormente, el grupo de muchachos desalojó la Escuela 30 y, de cierto modo, se acordó juntarse en la calle Mariquina con Pedro Luna para organizar los cortes de calles en avenida Carlos Valdovinos con Bascuñán, además de las entradas principales a la población, para luego reagruparse por la tarde en la calle Marinero Caro (actualmente 2 de Abril).

El grupo iba comandado por Jorge Aravena, quien instó a defender la población con armas, bombas molotov y granadas. Un hecho curioso ocurrió en ese instante: por la calle Dos de Abril transitaba un camión recolector de basura de San Miguel. Los jóvenes lo detuvieron con el objetivo de usarlo como autodefensa. Bajó el conductor, quien les dijo: “Muchachos, ya está todo perdido, no hay ninguna posibilidad”. Entonces el chofer sacó de debajo del asiento un fusil AK-47 con su cargador lleno, entregándolo a los jóvenes combatientes.

Cerca de las ocho de la noche comenzó la persecución en la población. Los helicópteros enfocaban los sectores conflictivos. Posteriormente, una patrulla de militares movilizada en un jeep perteneciente a la Fuerza Aérea realizó varias rondas y atacó por tierra. Ante esto, Jorge Aravena hizo frente en la línea de fuego con disparos y granadas. Fue herido en un talón del pie y corrió hacia el interior de la población La Victoria para refugiarse. Cayó malherido, se acomodó dándose vuelta y volvió a hacer frente hasta agotar su munición.

Acto seguido, los soldados se acercaron y lo acribillaron a mansalva, dándole tres disparos mortales: uno en el pecho, otro en el cuello y otro en la pierna, dejando el cuerpo tirado. Posteriormente, la patrulla se retiró y fueron sus propios compañeros quienes retiraron el cuerpo, llevándolo a una casa cercana donde funcionaba una carnicería. Permanecieron con él hasta el amanecer del 12 de septiembre.

En los funerales de Jorge Aravena se realizó un sencillo homenaje para darle su último adiós, y posteriormente fue trasladado hasta el Cementerio General, acompañado solo por dos familiares, quienes sacaron un pañuelo blanco, ya que el régimen militar así lo había ordenado.

Cabe resaltar que estos jóvenes idealistas, inspirados en la Revolución Cubana y fortalecidos con el gobierno de la Unidad Popular, eran quienes coordinaban las actividades políticas al interior de la población San Joaquín, conformando diferentes núcleos socialistas llamados: José Martí, Manuel Rodríguez, Ho-Chi-Minh y Kim-Il-Sung.

Después del 11 de septiembre, la represión fue bastante dura al interior de la población. La delación por parte de algunos vecinos pertenecientes a las Fuerzas Armadas llevó a que muchos pobladores debieran abandonar su lugar de origen y otros se fueran al exilio. En cambio, dos pobladores fueron detenidos desaparecidos, como es el caso de Víctor Díaz López y Rodolfo González Pérez.

En cuanto a los jóvenes pertenecientes a estos núcleos, fueron emboscados por una patrulla militar el 26 de noviembre de 1973, cuando se prestaban a ingresar a la embajada de Finlandia.

Los cinco militantes socialistas fueron acribillados, con signos de haber sido torturados. La autopsia determinó que fallecieron a raíz de múltiples impactos de bala ocasionados por armamento de grueso calibre.

 

Victor Díaz López detenido desaparecido el
12 de mayo de 1976

Nació en el año 1959. Casado con Selesina Caro, padre de tres hijos, obrero gráfico, exdirigente de la Central Única de Trabajadores y subsecretario general del Partido Comunista, fue un dirigente que se caracterizó por su constante preocupación por los derechos de los trabajadores.

Después del golpe de Estado asumió como subsecretario del Partido Comunista en la clandestinidad, siendo detenido en la madrugada del 12 de mayo de 1976 por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Fue detenido tras una incansable búsqueda y persecución en su contra, iniciada desde el mismo 11 de septiembre.

El 26 de junio de 1977 se presentó un recurso de amparo en favor de Víctor Díaz López, interpuesto por el Cardenal Primado de Francia y Arzobispo de París; por el Arzobispo de Reims; por el Secretario General del Partido Socialista Francés y senador de la República de Francia, François Mitterrand; por el presidente de la Universidad de París; por el presidente de la Universidad de La Sorbona, y patrocinado por el presidente de la Orden de Abogados de Francia, Luis Pettitit. Este recurso no fue acogido por la Corte de Apelaciones de Santiago.

A pesar de las peticiones formalizadas en los distintos recursos de amparo en su favor, el tribunal jamás se constituyó en el lugar donde se produjo su detención, como tampoco en Villa Grimaldi, donde permaneció recluido en poder de la DINA.

Víctor Manuel Díaz López tenía 56 años al momento de su detención. Hasta el día de hoy es un detenido desaparecido.

Actualmente, en la población hay una plaza que lleva su nombre, y es recordado cada año por familiares, vecinos y militantes comunistas que aún exigen justicia.




Rodolfo González Pérez
Desaparecido 23 de junio 1974  

Nació en 1954. Soltero, vivía con su tía María González en la calle Valenzuela Llanos, de la población San Joaquín. Ingresó a cumplir con su servicio militar obligatorio el 2 de abril de 1973; el golpe de Estado lo sorprendió como conscripto de la Fuerza Aérea de Chile.

Rodolfo fue amigo de la mayoría de los militantes socialistas de la población, puesto que su hermano mayor militaba en uno de sus núcleos. Quizás esta experiencia afectiva le hizo asumir una conducta muy especial hacia los detenidos políticos que le correspondió vigilar, como fue el caso de Osvaldo Puccio y Tito Palestro cuando estuvieron detenidos en el Hospital Militar. Cabe resaltar que otros detenidos también supieron de la humanidad de Rodolfo.

Esta situación no duró demasiado tiempo: fue detenido el 23 de julio de 1974, encerrado y torturado en Villa Grimaldi. El 19 de noviembre de 1974 se presentó ante el 4.º Juzgado del Crimen de San Miguel una denuncia por supuesta desgracia, y el 17 de septiembre de 1975 la causa fue sobreseída.

El 10 de junio de 1991, su madre presentó una querella criminal contra agentes de la DINA por los delitos de secuestro y otros que pudieran configurarse. Es importante mencionar que no se ha podido comprobar la existencia de algún proceso por deserción de Rodolfo en el Juzgado de Aviación. Según este tribunal, la causa se encuentra sobreseída, ya que nunca fue encontrado el cuerpo de Rodolfo Valentín González Pérez, siendo actualmente un detenido desaparecido.    

Jorge Aravena Mardones
Combatiente caído 11 de septiembre 1973    

Nació en el año 1950. Soltero, vivía en la calle Pedro Luna de la población San Joaquín. Sus estudios secundarios los realizó en la Escuela Industrial de San Miguel y, posteriormente, estudió Química en la Universidad Técnica del Estado, militando en el núcleo José Martí del Partido Socialista.

En el período de desabastecimiento organizado por la derecha política, Jorge se hizo cargo de la Junta de Abastecimiento y Precios (JAP) para distribuir y organizar los productos que eran acaparados por comerciantes inescrupulosos, quienes de esa forma buscaban enriquecerse y provocar la inestabilidad del gobierno de Salvador Allende. Dentro del Partido Socialista desempeñaba responsabilidades políticas como miembro del Departamento de Organización y, en 1973, era secretario del director de Investigaciones, Eduardo Paredes.

En la mañana del 11 de septiembre de 1973, Jorge se enfrentó por segunda vez a carabineros, evitando la detención de un grupo de militantes socialistas que estaban reunidos en la casa de la calle Pedro Luna, evaluando las acciones a realizar tras el golpe militar.

Al atardecer del día 11, Jorge Aravena y  de compañeros socialistas, reunidos en la plaza y en diferentes puntos de la población San Joaquín, tenían la certeza de enfrentarse a todos los golpistas uniformados que se atrevieran a cruzar o llegar hasta este sector. Ya avanzada la noche, los militares llegaron decididos a liquidar la situación de forma rápida. Los compañeros no resistieron el ataque y buscaron protección en distintas casas de la población. Un piquete de militares logró cercar a un grupo que huyó hacia el interior de La Victoria; Jorge les hizo frente, logrando liberar a sus compañeros del peligro que corrían.

Los militares golpistas lograron herir a Jorge en el talón de su pie. Él, desde el suelo y malherido, les hizo frente en la línea de fuego hasta agotar sus municiones. Al ver esta situación, los militares se acercaron y le dieron muerte, acribillándolo.

Jorge Claudio Aravena Mardones, al momento de su muerte, tenía 23 años.

     
   

Juan Arias Quezada
                                                    Asesinado el 26 de noviembre 1973
Fue asesinado junto a sus cuatro compañeros por una patrulla militar en el Arrayan.Nació en 1956. Cursaba tercer año medio en el Liceo Miguel Luis Amunátegui y vivía en la calle Valenzuela Llanos. Desde muy temprana edad sentía inquietud por la cuestión social; las conversaciones hogareñas con su padre sobre por qué él siempre había votado y seguiría votando por Salvador Allende, así como los comentarios de sus amigos de la población sobre las simpatías que despertaba la Revolución Cubana, acrecentaban aún más esta inquietud.

Juan ingresó al Partido Socialista y, en corto tiempo, asumió una responsabilidad política: llegó a ser secretario político del núcleo José Martí, uno de los cuatro núcleos que la Juventud Socialista organizó en la población San Joaquín, y que reunía a más de un centenar de jóvenes del sector. Pese a sus escasos 16 años, a comienzos de 1973 Juan Domingo integraba la Secretaría de Organizaciones del Regional de San Miguel y presidía la Comisión Constituyente del Comité Seccional La Feria de la Juventud Socialista de Chile.

El 11 de septiembre de 1973, en compañía de sus amigos de infancia y compañeros, participó activamente contra los militares golpistas que llegaron a la población. La activa resistencia de los socialistas desató una persecución que obligó a organizar su asilo con la ayuda del ciudadano vietnamita Que Phung Trang Huynh. El grupo, integrado por Mario Zamorano, Juan Carlos Merino, Juan Díaz López y Juan Arias, intentó refugiarse en la embajada de Finlandia, pero fue descubierto por efectivos militares. Su cuerpo, junto al de sus cuatro compañeros, apareció acribillado en la calle El Cajón Nº 3620, parcela 38 del Arrayán, Lo Barnechea.

Juan Jonás Díaz López
Asesinado el 27 de noviembre 1973


  Nació en 1959 y vivió con sus padres en la ciudad de Osorno, donde realizó sus estudios y pasó la mayor parte de su vida. Militaba en las Juventudes Socialistas de esa ciudad. Durante el gobierno de la Unidad Popular, fue procesado bajo la Ley de Control de Armas, ley impulsada por la derecha política con el fin de desarmar y neutralizar cualquier organización que defendiera al gobierno de Salvador Allende.

A comienzos de octubre, Juan Jonás viajó a la ciudad de Santiago en busca de seguridad para su vida. Mario Zamorano, militante encargado de organizar el asilo político de los dirigentes intermedios de la Juventud Socialista, lo acogió en una casa de seguridad en la población San Joaquín. Posteriormente, se integró junto a Juan Arias y Carlos Merino al grupo de compañeros que ingresaría a la embajada de Finlandia.

 

Juan Carlos Merino Figueroa

Asesinado el 27 de noviembre de 1973


Nació en 1954 y vivía en la calle Simón González de la población San Joaquín. Cursó su enseñanza media en el Liceo Francés de Santiago y, al momento de su muerte, esperaba ingresar a la Universidad de Concepción para estudiar Historia.

A fines de los años 1960, Juan y sus amigos de infancia del sector, influenciados por la simpatía que generaba el proceso de la Revolución Cubana y la lucha antiimperialista del pueblo vietnamita, comenzaron a acercarse a posiciones políticas de izquierda. Juan Carlos ingresó a las Juventudes del Partido Socialista, llegando a ser secretario político del núcleo Kim Il Sung, uno de los cuatro núcleos que la Juventud tenía en la población, el cual reunía a un centenar de jóvenes. Estuvo a cargo de organizar a todos los núcleos socialistas de la población.

El 11 de septiembre de 1973, Juan Carlos, en compañía de sus compañeros, participó activamente en el combate contra los militares que llegaron a la población. Su participación en la resistencia al golpe obligó a planificar su salida del país.

Juan Carlos Merino Figueroa corrió la misma suerte que sus compañeros: fue torturado y acribillado por militares en noviembre de 1973.

Que Phung Tran Huynh 
Asesinado el 27 de noviembre de 1973

Nació en 1940 en la ciudad de Vivaldi, Vietnam. Hijo del general del ejército vietnamita Van Bien Tran.

En pleno desarrollo de la guerra de Vietnam, Que Phung viajó a Francia y Estados Unidos para realizar una campaña antibélica contra la invasión norteamericana que sufría su país.

En 1971, el presidente Salvador Allende lo invitó a Chile para trabajar y compartir sus conocimientos en bioquímica, ya que era bioquímico y experto en medicina nuclear. Jorge Aravena Mardones lo integra a Chile, buscándole domicilio y trabajo en el Hospital José Joaquín Aguirre. En este hospital santiaguino, se dedicó a investigar el efecto de los lípidos y proteínas en la sangre e inventó una máquina para realizar exámenes de sangre con diagnóstico instantáneo. Posteriormente trabajó en el Ministerio de Agricultura, en el Instituto de Desarrollo Agropecuario y en la planta de camarones de la ciudad de Coquimbo.

Después del golpe de Estado en 1973, el 14 de noviembre del mismo año, contrajo matrimonio con la chilena Olga del Carmen Aliaga Lavín. Durante los meses de septiembre, octubre y noviembre, Que Phung Tran Huynh asumió la responsabilidad de ayudar a los perseguidos a asilarse en la embajada de Finlandia; así organizó el asilo de Juan Arias, Juan Carlos Merino, Juan Díaz y Mario Zamora.

El 26 de noviembre de 1973, mientras Que Phung los conducía en dirección a la embajada, el grupo fue detenido por una patrulla militar. Fueron trasladados a un recinto militar y, en la noche del 26 y la madrugada del 27 de noviembre, fueron asesinados en la parcela 38 de la calle El Cajón, en El Arrayán.



Mario Zamorano Cortés 
Asesinado el 27 de noviembre de 1973
Nació en el año 1939. Cursó sus estudios de enseñanza media en el Liceo Tomás Jefferson y en el Liceo Federico Hanss. Mario militaba en el núclo José Martí de la población San Joaquín, como profundo admirador de la revolución cubana participa activamente en diversas organizaciones de solidaridad con Cuba y mantiene un estrecho contacto postal con los jóvenes cubanos, quienes les enviaban mensualmente las revistas Bohemía, Granma y Juventud Rebelde que Mario distrubuía al resto de los países del Cono Sur. Como miembro del Comité Central de las Juventudes del Partido Socialista, le correspondió la responsabilidad de actuar como secretario del departamento de finanzas de la juventud, labor que desempeño hasta el golpe militar.
Mario Zamorano, fue asignado para coordinar la salida al exterior de los compañeros que estaban siendo perseguido, él personalmente traslado a los cinco jóvenes que se disponían a ingresar a la embajada de Filandia, siendo interceptado por una patrulla militar el 26 de noviembre de 1973.
Los militantes Socialistas, fueron torturados y estando moribundo los trasladaron hasta la parcela  38 calle el Cajón Nº 3620 donde los asesinaron.

Extracto del libro y radio teatro Voces con Historia, 
realizado por Radio Primero de Mayo 
Fuente:

Fotos WEB
Editorial Zig-Zag
Extractos biografías Librillo Umbral de las
Ausencias y de las Presencias
Macarena Vinnett
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El paso de Salvador Allende en la población San Joaquín

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En la cuarta candidatura y en plena campaña presidencial de 1970, el Doctor Salvador Allende recorrió un sinnúmero de poblaciones a nivel nacional, propiciando que en Chile, a través de la vía democrática al Socialismo, era posible y se concretarían profundos cambios sociales, económicos y políticos en el país.
Si bien es cierto, ésta era la última campaña en la cual se postulaba como candidato a la presidencia, pero esta vez apoyado por diferentes coaliciones de izquierda, convirtiéndose así en el presidenciable de la Unidad Popular.

Dentro de esta nueva campaña electoral, la Sra. María, viuda de Salcedo, nos relata que en el mes de mayo de 1970 y próximo al Día del Trabajador, el Doctor Allende cruzó por la población San Joaquín en dirección a la Población La Victoria. El ingreso a la población del candidato fue junto a su comitiva por la calle Subercaseaux, en donde algunas mujeres lo reconocieron agitando sus pañuelos, en cambio otras fueron indiferentes ante la visita ilustre.

Sin embargo, a medida que avanzaba su recorrido, comenzaron a reunirse vecinos y vecinas que salían desde sus casas para observar de cerca al candidato, generándose un ambiente de expectación y esperanza entre quienes veían en su propuesta una posibilidad real de transformación social. Muchos recordaban sus anteriores campañas y valoraban su persistencia, su cercanía con el pueblo y su constante presencia en los territorios más postergados.

El paso de Allende por estos espacios populares no solo tenía un carácter electoral, sino también simbólico, ya que reafirmaba el vínculo entre el proyecto político de la Unidad Popular y las demandas históricas de las poblaciones obreras. Su discurso, centrado en la justicia social, la dignidad del trabajo y la participación del pueblo en las decisiones del país, encontraba eco en sectores que por años habían sido marginados del desarrollo nacional.

De esta manera, la campaña de 1970 fue adquiriendo un carácter profundamente participativo, donde las poblaciones se transformaron en escenarios de organización, diálogo y compromiso colectivo, fortaleciendo la convicción de que un cambio estructural podía alcanzarse por medios democráticos y con el protagonismo del propio pueblo.

 

 


Otro hecho significativo que cuenta el poblador Ignacio Silva Cisterna, fue el recorrido que hizo Fidel Castro al interior de la población San Joaquín. En su visita a Chile, Fidel pide conocer la población La Victoria a raíz de la lucha que los pobladores habían dado por la recuperación de sus tierras. El ingreso hacia la mencionada población lo hizo por la calle Simón González, él relata que pasó caminando junto a una comitiva de políticos y resguardado por un número no determinado de agentes y guardaespaldas que lo acompañaron durante todo el trayecto.

Cabe resaltar que el revolucionario cubano aterrizó en un avión soviético el 10 de noviembre de 1971, cuyo objetivo era visitar la nación en sólo 10 días, pero estuvo veinticinco días recorriendo todo Chile.
El primer ministro cubano visitó: Chuquicamata, Concepción (las minas de Lota), Iquique y Puerto Montt. Castro recorrió el país casi en su totalidad; en cada ciudad habló y se refirió al proceso chileno, a las divergencias ideológicas y a la unidad de las fuerzas populares, señalando que en cada barrio se conformaran comités de vigilancia como el modelo cubano, en el cual cada manzana tenía un jefe, permitiendo de esta manera cuidar el proceso ante la sedición de algunos contrarrevolucionarios.
Fidel Castro, antes de su partida, recibió un acto simbólico en el Estadio Nacional, donde la consigna fue: “Cuba, Cuba, Chile te saluda.”

Su prolongada estadía generó un profundo impacto en la vida política y social del país, despertando tanto entusiasmo en los sectores populares como críticas en la oposición, que observaba con preocupación la cercanía entre el gobierno chileno y la revolución cubana. En distintos encuentros con trabajadores, estudiantes y organizaciones sociales, Castro insistió en la importancia de la participación del pueblo en la defensa de sus conquistas, valorando especialmente las experiencias de organización territorial que se desarrollaban en poblaciones como La Victoria.

Para muchos pobladores, su presencia significó un reconocimiento simbólico a las luchas por la vivienda, la dignidad y la justicia social, quedando en la memoria colectiva como un momento excepcional en que la política internacional se hizo cercana y visible en las calles de los barrios populares. Estos recuerdos, transmitidos de generación en generación, forman parte del patrimonio histórico y emocional de la comunidad, reforzando la identidad de resistencia y organización que ha caracterizado a estos territorios a lo largo del tiempo.

Toda la información y fotografías queda a libre disposición, siempre que se mencione su fuente.”

 

Extracto del libro y radio teatro Voces con Historia, realizado por
Radio Primero de Mayo
Fuentes:
Maria viuda de Salcedo
Ignacio Silva Cisterna (nacho)
Fotos Revista Zig-Zag S.A.
Macarena Vinnett 
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