En el año 1934, don Roberto Zúñiga Peinailillo instala su local de
diversión en Mapocho con Bandera, siendo un espacio de distracción sana que
consistía en el tiro al blanco, usando una escopeta de aire comprimido marca
DIANA. Con el transcurso de los años, en la década de los 50 se traslada a la
Alameda con San Francisco, a un costado de la iglesia Franciscana. Es ahí donde
instalará otros tipos de juegos de carácter más familiar e infantil, llamándolo
Entretenciones DIANA.
En aquella
época era una tradición llevar los fines de semana a los niños al parque de
diversiones, que contaba con una rueda de Chicago, carrusel, tazas giratorias y
la famosa cuncuna, que al cerrarse hacía que todos gritaran, siendo esta la
atracción máxima para niños y adultos. Cabe resaltar que los Juegos DIANA
perduraron en ese lugar hasta mediados de los años 80.
¿Cuál fue la
razón del cambio de lugar?
Existieron
varios factores que contribuyeron a esto: no estaban siendo rentables, ya que
el 26 de enero de 1978 se había inaugurado el primer parque de entretención, el
más grande de Sudamérica, FANTASILANDIA, que contaba en aquellos años solo con
ocho atracciones, siendo la más importante la montaña rusa. Además, se fueron
instalando los malls en el centro de Santiago, que incluían juegos infantiles
como HAPPYLAND.
Otro factor
que influyó fueron los toques de queda de aquellos años y una nueva política de
edificación en altura. Todo esto contribuyó a que el boom de los Juegos DIANA
se trasladara nuevamente de lugar, ubicándose más al sur, en la calle San Diego
al llegar a Santa Isabel.
Con el
transcurso de los años aparecieron los juegos mecánicos itinerantes, quizás más
modestos, pero igualmente entretenidos. Es así que anualmente comenzaron a
llegar a la población San Joaquín entre los años 80 y 90, marcando un período
muy significativo entre los niños y adolescentes de la población San Joaquín.
Los primeros
juegos mecánicos que llegaron a la población San Joaquín se llamaban “Parque de
Entretenciones Mecánicas Girasol”, cuyo dueño era el Sr. Guillermo Mujica
Plaza. Cuando se instalaron fue todo un acontecimiento en esta localidad,
ubicándose a un costado de la Escuela 30, con la previa autorización de la
Junta de Vecinos.
En esos
terrenos no pavimentados se instaló la típica rueda de Chicago y las famosas
sillas voladoras, que en más de una ocasión causaron accidentes, ya que los
jóvenes solían apilarse, provocando choques entre sí. El carrusel era otro
juego infaltable; a pesar de lo rústicos que eran, igualmente causaban
sensación entre niños y adultos. Tampoco podían estar ausentes las mesas de
tacataca, donde se hacían filas para poder obtener una ficha en la boletería.
Un sinnúmero
de juegos se concentraban en esta feria, como el tiro al gato, tiro al blanco
contra los patos, el avioncito que funcionaba en forma de ruleta donde según
su aterrizaje era el premio ganado, los anillos que se lanzaban sobre un premio, cuya recompensa
generalmente consistía en una botella de licor. En cambio, para los más grandes
el juego predilecto era la lotería, la recompensa a carton completo eran un tarro de duraznos,
una botella de pisco o simplemente un paquete de galletas.
Cabe resaltar
que, a contar de las 20:00 horas, la concurrencia era principalmente de jóvenes
y adultos, siendo el encuentro propicio para los enamorados, quienes solían
dedicar un tema musical a la persona amada, como por ejemplo “Herida de amor”
del popular grupo Indio (agrupación musical de la década de los 70 que cantaba
covers y baladas en inglés).
En cuanto a
la gastronomía, no podían estar ausentes las manzanas confitadas, los algodones
de azúcar, los churros y las cabritas, que solían venderse a precios módicos.
El tiempo de
permanencia generalmente era de dos semanas. Muchos vecinos no aceptaban este
tipo de entretenciones porque causaban disgustos entre padres e hijas, ya que
no les daban permiso para asistir al parque de diversiones; en cambio, otros
vecinos reclamaban por el alto volumen de la música durante la noche.
Solo queda
decir que, con la llegada de los juegos mecánicos a la población San Joaquín,
todo se convulsionaba, siendo el punto de encuentro social entre niños,
adolescentes y adultos, donde en más de una ocasión se originaron grandes
amores.
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